Bibliotecas de primera y de segunda…

En contraste con su imagen de gran promotora editorial y de la lectura con la afamada Feria Internacional del Libro, la Universidad de Guadalajara mantiene su red de bibliotecas en una inexplicable desigualdad. Mientras que algunos centros operan con tecnología digital y ofrecen un servicio eficiente, otros provocan la frustración cotidiana de cientos de estudiantes, por su obsolescencia y la falta de acervo.

 

 

En el sistema de bibliotecas de la Universidad de Guadalajara (UdeG) coexisten la opulencia y la miseria, tanto en las instalaciones como en los servicios que brindan a sus usuarios, principalmente maestros y alumnos.

Mientras se anuncia con bombo y platillos la próxima inauguración del nuevo edificio de la Biblioteca Pública del Estado Juan José Arreola, que costó 563 millones de pesos y donde se invertirán otros 50 millones en mobiliario, otras bibliotecas siguen funcionando con el viejo esquema de “lápiz y tarjetita” para la clasificación, archivo y consulta de material.

El Sistema de Educación Media Superior (SEMS) cuenta con 118 pequeñas bibliotecas que en su mayoría operan “bien”, pero 80% de ellas requieren de inversión en infraestructura y en plataformas digitales, admite la maestra Leticia Ramírez Ramírez, responsable del área.

Las bibliotecas en la UdeG forman una cadena que lo mismo incluye eslabones gigantes y con sistemas digitalizados, que otros pequeños y obsoletos. En conjunto, las bibliotecas universitarias brindan atención a 215 mil alumnos y cerca de 18 mil empleados académicos y administrativos.

La UdeG es considerada la segunda universidad más grande de México y una gran promotora editorial y de la lectura a través de la Feria Internacional del Libro (FIL), a la cual acuden, en cifras oficiales, más de 600 mil visitantes. Según su presidente, Raúl Padilla López, en la FIL se invierten 60 millones de pesos y se recuperan 64.

Sin embargo, varias de las bibliotecas de la institución destacan por su pobreza. En el recorrido realizado por Proceso Jalisco se observó que en la escuela de Artes Plásticas el servicio es deficiente.El plantel depende del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) y sus estudiantes tienen problemas para consultar libros: no existe servicio de fotocopias, no hay equipo de cómputo para atender a los estudiantes y sólo hay tres computadoras, para el uso del personal administrativo.

Alumnos de esa escuela, ubicada en la calle de Belén 120, en pleno centro de Guadalajara, dicen que para consultar cualquier material ellos y los maestros acuden a una empleada que les informa sobre la bibliografía relativa a los temas, el estante en que está el volumen o documento, y con suerte hasta las páginas y el capítulo de utilidad.

La estudiante Laura Montaña Fajardo señala que para los extranjeros el problema es mayor, porque se les limita el préstamo externo. Ante esa situación, se ven obligados a buscar en otros lugares el material que requieren para sus tareas.

“Yo llegué a Guadalajara, procedente de Colombia, desde hace cuatro meses. Soy estudiante de teatro y mejor no me pregunte qué pienso del funcionamiento de la biblioteca. Ese es asunto muy triste para los alumnos y yo creo que también para los maestros, porque casi no hay libros y los pocos que hay son materiales que no siempre cubren las expectativas de los alumnos.

“Además, si yo trato de sacar un libro por uno o varios días, el asunto se convierte en todo un calvario. Los estudiantes que llegamos por intercambio a la UdeG tenemos que cubrir cerca de una decena de trámites para acceder al préstamo externo y luego te das cuenta de que el material a disposición de alumno no siempre es lo que necesitas.”

A su vez Jorge Ponce, estudiante de fotografía, reconoce que pasan meses enteros sin acudir a la biblioteca de su escuela porque sabe que no va a encontrar la bibliografía que le piden los maestros ni se ofrecen servicios para los alumnos de su carrera:

“Hay unas cuantas computadoras y están destinadas a las personas de administración; tú te encuentras a cada rato a los compañeros en el ciber (el cibercafé), allá van a realizar sus tareas y sus trabajos porque no pueden editar fotos, no se puede consultar internet y los libros que te prestan por lo común corresponden a materiales de fotocopias ligados a la teoría del arte, a pesar de que nuestra profesión es eminentemente práctica.”

Claudio Hernández, otro alumno de Artes Plásticas, comparte su experiencia: “Cada semestre ocurre lo mismo: llega el maestro el primer día y te da la referencia del tipo de libros que tienes que consultar y te dice que se encuentran en la biblioteca, pero la verdad es que hay algunos profesores que prefieren organizarse directamente con los alumnos para sacar las fotocopias. Antes aquí mismo había fotocopiadora, pero ahora ya ni eso existe”.

Disonancias

 

A menos de 200 metros de la de Artes Plásticas, se ubica la biblioteca de la escuela de Música, también dependiente del CUAAD. El inmueble, de origen colonial, está en la calle de Morelos 191. También se quedó con un sistema de hace más de 30 años.

Ese centro tuvo que cerrar sus puertas varios días a finales de mayo, ante las quejas de alumnos y de algunos maestros por el pésimo servicio. El 28 de ese mes, en la última parte del semestre y a punto de iniciar los exámenes finales, los encargados de la biblioteca empezaron a digitalizar los archivos.

En la biblioteca de Música la consulta se realiza mediante tarjetas en las que se anota con lápiz los datos básicos del libro y el estante donde se resguarda. No se puede consultar por internet, se quejan a menudo los estudiantes en las redes sociales.

La estudiante Ana Lía Larios, que está preparando su tesis, publicó en su cuenta de Facebook que acudió a esa biblioteca para desarrollar un capítulo sobre la música y la literatura, pero “me dio tristeza… que no se puede consultar su catálogo por internet, no hay una base de datos digital… No hay préstamo externo y las consultas deben hacerse como hace más de 10 años se hacía: con ficheros escritos (y en este caso escritos a mano y con lápiz). Para acabarla de amolar, si necesitas fotocopiar algún libro no hay copiadora. Esto es muy lamentable, porque durante las dos horas que estuve ahí constaté que sí es utilizada por los estudiantes y que su acervo es muy valioso. Lo que no entiendo es ¿qué pasa con el presupuesto para esa biblioteca, por qué está tan abandonada?”.

En la biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, considerada una de las mejores de la red de la UdeG y dirigida por el escritor Fernando del Paso, las decenas de ventiladores que trabajan permanentemente producen un ruido que molesta a los lectores, y sin embargo resultan insuficientes para mitigar el calor que acumula el edificio.

Usuarios se han quejado a través de internet de que los responsables de esa biblioteca desalojan a los lectores cuando consideran que los niveles de contaminación del aire representan un riesgo para la población. El 16 de noviembre del año pasado, a las 19:20 horas, se desalojó todo el edificio con el argumento de que se reportaban más de 150 unidades Imeca (Índice Metropolitano de la Calidad del Aire), lo que implicaba riesgo para la salud de todos los presentes.

Los propios denunciantes añaden que al menos hasta hace meses existía una marcada discriminación contra las personas que pretendían consultar libros pero cuya vestimenta o aspecto personal no eran aprobados por quien los atendía. Sin embargo, en el recorrido realizado por este reportero no se detectó ninguno de los problemas mencionados.

Un gran acervo con lagunas

 

La hemeroteca de la Biblioteca Pública del Estado funcionaba en el antiguo edificio de la desaparecida tienda Chalita, después de que su sede anterior, cerca del parque Agua Azul, sufriera algunos daños. En ese lugar se concentraban diarios y revistas desde 1982, pero con la mudanza a la zona de Belenes esas oficinas permanecen cerradas.

Llama la atención que en ese archivo no haya diarios o revistas en que se dé fe de lo descrito por los periódicos o semanarios en fechas históricas como el 2 de octubre de 1968, día de la matanza de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México.

La red de bibliotecas de la UdeG está conformada por 123 de estos centros de documentación e información; 14 se ubican en planteles universitarios; uno más lo constituye la Biblioteca Pública del Estado, desde hace años operada por la UdeG; otros 118 están en preparatorias y en módulos del SEMS.

La red de bibliotecas cuenta con un acervo conjunto de más de 62 mil libros, 13 mil títulos de revistas, 17 mil 500 tesis y miles de documentos considerados históricos. Por sí sola, la Biblioteca Pública tiene disponibles 300 mil volúmenes; de los cuales 200 mil pertenecen al acervo contemporáneo. Entre los materiales especiales se incluye la donación de colecciones completas, como las de Jorge Álvarez del Castillo, Paul Rivet, Enrique Estrada y José María Muriá, según informa su director, Juan Manuel Durán Juárez.

Los fondos especiales de esa biblioteca incluyen una colección completa de El Despertador Americano, periódico insurgente editado en Guadalajara por los seguidores de Miguel Hidalgo en plena guerra por la independencia de México, a finales de 1810.

Por su parte, el Centro de Documentación e Información del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI) tiene 26 mil títulos a disposición de académicos y alumnos. A ese centro acuden diariamente más de 5 mil estudiantes, dice Martha Chávez, una de las encargadas de atender a los alumnos y quien considera que ese centro es el más concurrido de la red universitaria.

No obstante, el reportero comprobó que la máquina asignada para el autopréstamo de libros no funciona desde hace meses y que cuando se pretende consultar por internet alguna tesis de la biblioteca a veces “se cae el sistema”.

En cuanto a la Escuela Preparatoria Vocacional, tiene a disposición de los alumnos y maestros 5 mil 300 títulos; su sistema opera en 90% con la plataforma digital y a través de una línea de fibra óptica, lo que garantiza una efectividad de casi 100 % en la consulta. Además, la escuela cuenta con 40 computadoras sólo para el servicio de los alumnos, dice su responsable, Esther Morán.

La maestra norma Leticia Ramírez Ramírez, responsable de bibliotecas del SEMS, asegura que se necesita mayor infraestructura y de desarrollo del sistema de cómputo en 80% de las 118 bibliotecas de su institución. Aclara que no se trata de una crisis general y que, por el contrario, “la mayoría (de los centros de documentación e información) ofrece un muy buen servicio, como ocurre con las preparatorias de Jocotepec, Tonalá, Chapala y muchas otras”.