Acerca de “Impugna la glorificación de los cristeros”

Del Pbro. Juan González Morfín

Señor director:

En relación con la carta que la historiadora –así se presenta– Laura Campos escribió sobre algunas palabras elogiosas del cardenal Sandoval respecto a la defensa armada que muchos católicos hicieran de la libertad religiosa entre 1926 y 1929 (Proceso Jalisco 355), sin ánimo de polemizar, sino de contextualizar un poco más las afirmaciones de la señora Campos, quisiera dar algunos puntos de vista:
1. Efectivamente, la Guerra Cristera no fue una “revolución” en sentido estricto; pero en aquella época le llamaban “revolución” a los levantamientos armados, y se encuentran testimonios que la designan así: “revolución cristera” e, incluso, muchos ancianos que sobreviven a esa etapa la llaman de ese modo. Aunque su principal objetivo fue siempre el respeto de la libertad religiosa, en sus postulados también tuvo tintes verdaderamente “revolucionarios”, como otorgarle el derecho de votar a las mujeres mayores de edad (por desgracia no se reconoció este derecho humano a la mujer sino hasta 30 años después).
2. La Pastoral Colectiva a la que hace alusión la señora Campos –por cierto, del 25 y no del 31 de julio de 1926– explica cómo el decreto del presidente Calles del 2 de julio no sólo violaba los derechos de la Iglesia católica, sino sobre todo los derechos humanos y la misma Constitución. Es decir, no sólo no pretendía desconocer ésta, sino que hacía ver cuán contrario a la recta inteligencia era un decreto que contradecía el mismo marco constitucional: “He aquí que la ley promulgada el 2 de julio por el jefe del Ejecutivo del gobierno federal viola esos derechos de la Iglesia y, al mismo tiempo, los derechos naturales del hombre, fundamento y sustancia de la civilización y de la libertad religiosa; la cual, en opinión de eminentes expertos, constituye una violación flagrante de las leyes constitucionales de México”.
3. El Episcopado Mexicano, en relación con la defensa armada que planteaban algunos ciudadanos después de haber agotado todos los recursos pacíficos, no se pronunció a favor de ese recurso, sino que únicamente enunció la doctrina de algunos teólogos; cito de un comunicado del Comité Episcopal de unos días antes de la encíclica que menciona la señora Campos: “Casos hay en que los teólogos católicos autorizan, no la rebelión, sino la defensa armada contra la injusta agresión de un poder tiránico, después de agotados inútilmente los medios pacíficos. El Episcopado no ha dado ningún documento en que se declare que haya en México ese caso (…). Si algún católico, seglar o eclesiástico, siguiendo la doctrina citada, cree haber llegado el caso de la licitud de esa defensa, el Episcopado no se hace solidario de esa resolución práctica”.
4. Sobre las acusaciones en contra de los cristeros que la señora Campos vierte en el número 4. de su carta, apelo a lo que todos los que nacimos en el occidente del país conocemos sobre los cristeros, y que está bien documentado por la historiografía nacional e internacional. Cito sólo un ejemplo del historiador Andrés Azkue: “Es significativo un carácter singular de la Guerra Cristera (…) la diferencia de otros levantamientos mexicanos un hecho del que dio testimonio el agregado militar norteamericano en México: ‘Se esperaba que, terminada la guerra religiosa, un gran número de cristeros se volverían bandidos. Esto no ocurrió’. Los cristeros eran, además de buenos soldados, mejores cristianos”.
5. Se agradece la cita que la señora Campos hace del historiador Enrique Krauze (o Luis González, pues no lo deja muy claro), en la que se califica a la Guerra Cristera como “el mayor sacrificio humano colectivo en toda la historia de México”. Pienso que concuerda totalmente con lo que enfatizaba el cardenal Sandoval cuando a este sacrificio colectivo por defender la libertad religiosa le ha llamado página gloriosa, según asienta la misma señora Campos. Y es que los cristeros luchaban por los derechos humanos en una guerra desigual (en esto también coincidimos con la señora Campos). Por eso el historiador Jean Meyer señala: “Jamás un movimiento insurreccional ha tenido contra él, en México, un ejército tan fuerte como el que puso en pie el general Amaro, ni un gobierno tan firmemente apoyado por Estados Unidos; jamás un movimiento insurreccional ha tenido, con tan pocos medios, tantos partidarios animados por tanta perseverancia”.
6. Con estos breves antecedentes, son más fáciles de entender las palabras elogiosas no sólo del cardenal, sino de cualquiera que haya estudiado el tema sin prejuicios y abierto a la verdad. Y ya que la señora Campos apela también al consenso histórico, la mejor defensa de los cristeros es el mismo recuerdo que la gente guarda de ellos.
Le deseo todo bien.

Atentamente
Pbro. Juan González Morfín