Más allá de Hollywood

Desde 1997 el Tour de Cine Francés ofrece una opción segura de entretenimiento pensante para el público mexicano en diferentes salas de la capital y en varias ciudades del país; esta 15ª edición se extiende de septiembre a diciembre. Junto con la Muestra y Foro de la Cineteca, la selección de la producción cinematográfica más reciente en Francia es de las pocas alternativas para ver buen cine fuera de la tiranía comercial de Hollywood.
El Tour incluye nombres conocidos para el público mexicano como François Ozon, Cédrich Klapische o Bertrand Blier (Les Valseuses), realizadores cada vez menos solemnes sin dejar de lado sus preocupaciones sociales, o temas documentales como la relación del celebérrimo Ives Saint Laurent con su amante y socio Pierre Berger.
En Mujeres al poder (Potiche; Francia, 2010), François Ozon combina su sentido dramático con el humor heredado del teatro de boulevard, como lo hizo con 8 mujeres y media; de hecho, el guión del propio Ozon es una adaptación de la pieza de Barillet y Grédy, autores de vaudeville moderno. Potiche conserva los elementos típicos del género popular: la burguesía, su preocupación por el capital, el matrimonio, el riesgo de la infidelidad y hasta el tema del “parvenu” (arrivista). Pero el ingenio y la sensibilidad de Ozon estiran las medias y los olanes del género hasta llevarlos al territorio del feminismo; el “parvenu” adquiere aquí la dignidad de un alcalde comunista.
La respetable Suzanne Pujol (Catherine Deneuve), casada con el magnate de una fábrica de paraguas (irresistible guiño a Los paraguas de Cherburgo), se mantiene en buena forma, se ocupa del jardín y hasta escribe poesía; un día el reaccionario marido (Fabrice Luchini), incapaz de negociar con la huelga de sus trabajadores, queda secuestrado, la impecable Dama Channel demuestra ser más versátil que saber lucir sus Adidas o una creación de Ives Saint Laurent; apoyada en Maurice (Gérard Depardieu), la alcaldesa de la ciudad, Madame Pujol, revela sus dotes para dialogar y negociar con los empleados; Potiche, la mujer de adorno, es además una buena empresaria.
Claro, todo lo anterior es verosímil en 1977, año donde Ozon sitúa la anécdota; se trataba de desempolvar el esquema de lucha de clases, cuando aún resonaban la proclamas del 68 y las ganas de burlarse de los maridos misóginos y clasistas; todo, sin perder de vista el momento actual y los efectos de la crisis. La reconstrucción de época le permite al director una cierta distancia intelectual no exenta de nostalgia. En manos de François Ozon, el teatro de vaudeville descubre su potencial inagotable para jugar con las apariencias (faux-semblants) y poner en evidencia los prejuicios sociales. Todo sin perder el tono del divertimento.