El verdadero precio del arte

Conquistado por la obra plástica de Antonio Sandoval, el director del Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva lo contrató para realizar un mural en la sede de ese organismo. El presupuesto inicial fue de casi 600 mil pesos por abarcar un muro, pero después se le indicó al artista que utilizara todo un cubo de escaleras y el costo creció. Con la obra ya avanzada, el instituto demandó a Sandoval por incumplimiento de contrato y ahora ni el edificio luce su mural ni el pintor cobra sus honorarios.

El mural de Antonio Sandoval Valle en el Instituto Jalisciense de Cirugía Reconstructiva, A.C. (IJCR), está suspendido desde hace cuatro años por un litigio que este organismo entabló contra el pintor por un supuesto incumplimiento de contrato.
La obra, de 41.55 metros cuadrados, se ubica en el cubo de escaleras y pasillo que llevan a la oficina del cirujano plástico José Guerrerosantos, fundador y director del IJCR.
El 29 de octubre de 2010 su apoderado legal, Óscar Pánuco Gándara, acudió al Juzgado Segundo Civil a emplazar al artista mediante el expediente 1037/2010 para que pague 500 mil pesos por presuntos daños y perjuicios como consecuencia de un presunto incumplimiento. Según asentó el abogado en la demanda, Sandoval Valle se comprometió a terminar en tres meses el mural, por el cual cobraría 590 mil 530 pesos.
En el mismo expediente Gándara consigna que a Sandoval se le entregaron en 2005 y 2006 cheques por diversas cantidades, que utilizó en la compra de pintura y pago de asistentes. A decir del abogado, era común que el artista desapareciera por largos periodos cada vez que recibía un cheque; después, afirma, regresaba al instituto con un nuevo presupuesto que exigía para continuar con el trabajo.
Como no se percibían avances –en la versión del abogado del IJCR–, el patronato de la asociación civil decidió prescindir de sus servicios y demandarlo ante la imposibilidad de que devolviera las cantidades que le fueron entregadas, cuya suma asciende a 952 mil 344.23 pesos.
El pintor, a su vez, al contestar a la demanda expuso que el pago de 590 mil pesos se calculó para una obra que abarcara una pared larga que está al lado del auditorio de la planta alta, pero el doctor Guerrerosantos ordenó que se trasladara al cubo de las escaleras y ahí el presupuesto se estableció en 2 millones de pesos por concepto de gastos y honorarios.
Además, afirma, no se comprometió a terminar la obra en tres meses: “Sería ridículo que una obra artística mundialmente reconocida, que por su naturaleza implica preparar, investigar, buscar imágenes, hacer constantes bocetos y demás trabajo, surja en tres meses, sino que es necesario el trabajo de años para el término de la obra”.
Acuerdo fallido

Es frecuente que los artistas plásticos comiencen a trabajar sin un contrato de por medio. A Sandoval Valle le ocurrió. En la contestación a la demanda señala que el 1 de marzo de 2005 conoció al médico José Guerrerosantos en su consultorio particular, donde le ofreció reproducciones de sus dibujos. Al cirujano le gustaron tanto que lo invitó a ejecutar un mural en el edificio del IJCR.
El tema sería el síndrome de Parry-Romberg, desorden que se caracteriza por el desgaste lento y progresivo de los tejidos blandos de media cara y se manifiestan en labio y paladar hendido, entre otros síntomas. “Lo que usted hace con el lápiz, yo lo hago con el bisturí”, le dijo el médico a Sandoval cuando llegaron al acuerdo.
El pintor relata, en entrevista, que cuando presentó el nuevo presupuesto algunos integrantes del patronato pegaron el grito en el cielo y le dijeron que estaba loco.
“Seguramente pensaron que yo me estaba divirtiendo, que me estaban haciendo un favor al darme el mural o que les iba a cobrar como lo hace la mayoría de los artistas, que nada más cubren sus necesidades personales. Pero a mí no me gusta andar con pordioserismos. Creo que 30 años de trayectoria artística avalan mi posición como ser humano dentro de la sociedad que me hace cobrar dignamente”, dice.
Explica que sólo por hacer el boceto, preparar los muros, tomar fotografías y realizar investigación documental estableció un pago de 267 mil 750 pesos; pero también 15 mil pesos por la renta de andamios; 47 mil 325 para la compra de pintura vinil-acrílica y la contratación de tres asistentes, más 57 mil 675 por pasar las imágenes a los muros.
Oriundo de San Rafael Guasave, Sinaloa, Sandoval Valle estudió la carrera de Artes y Oficios en la Universidad Autónoma de Sinaloa pero se define como autodidacta. Su obra que incluye murales, acrílicos y dibujos monocromáticos que se inspiran en fenómenos sociales como el narcotráfico y la prostitución, y oscilan entre la tristeza, el horror y la desesperación. Novelistas y poetas que han escrito sobre sus trabajos los han definido como dibujos psíquicos o polimorfia.
En cuanto a su trayectoria, ha participado en 35 exposiciones colectivas y 28 individuales en Sonora, Guanajuato, Jalisco, el Distrito Federal y Baja California. Asimismo ha sido becario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de su entidad natal.
“Soy de un pueblo masacrado por el narcomenudeo y la violencia. Lo que ustedes viven en Guadalajara nosotros lo hemos vivido desde la infancia”, comenta.
Consultado sobre el problema, un funcionario de la Secretaría de Cultura de Jalisco, quien pidió no ser nombrado porque la veda electoral impide hablar de logros y proyectos, señala que con técnicas modernas sí es posible terminar un mural en corto tiempo, pero implica una gran inversión económica y el despliegue de recursos humanos.
Como ejemplo menciona el mural que pintó Antonio Ramírez Chávez en 2007, en la entrada del Congreso del estado, obra que concluyó en alrededor de seis meses y por la que cobró cerca de 4 millones de pesos. Así que, en su opinión, el precio de una obra está sujeto a la técnica, pero también a la habilidad y experiencia del artista.
Heridas que no sanan

El mural de Sandoval Valle abarca cuatro muros y el techo. En uno de ellos se observa un boceto de José Guerrerosantos aplicando un bisturí en el rostro de un paciente. En otro están los retratos de los integrantes del patronato, entre ellos el exalcalde de Guadalajara Enrique Dau Flores, a quien se le atribuyó responsabilidad por las explosiones del 22 de abril de 1992 en el sector Reforma.
El artista afirma que lleva un avance de al menos 70% en la obra. En el portal de videos YouTube puede verse uno, que dura 80 segundos y se titula Un instante en el mural, donde se aprecian los elaborados trazos de Sandoval.
Comenta que en 2007 comenzó con la preparación de techos, pilastras y pasillos, pero lo hizo sin ayudantes porque el presupuesto no le permitió contratarlos. En 2008 se avocó a las anatomías, detalles, texturas y correcciones del mural, que llevaría por título El espejo interno, basado en los conceptos de fealdad y de belleza, relacionados con la cirugía reconstructiva.
Aun sin terminar el proyecto, la obra causó polémica cuando Sandoval Valle colocó espejos en cada una de las paredes para provocar ilusiones ópticas.
Para esas fechas, dice el artista, el consejo del patronato ya estaba exasperado por la terminación del mural pero al mismo tiempo le seguía poniendo trabas, hasta que el propio Guerrerosantos detuvo la entrega de cheques y en enero de 2009 decidió suspender la obra.
“Yo creo que el término exacto para designarlos –agrega el muralista– es que forman un patronato retrógrado; personas como ésas hacen que no progrese un proyecto. Yo no les estoy exigiendo una cifra multimillonaria, les estoy cobrando dignamente.”
Sobre las prolongadas ausencias que menciona el apoderado legal del IJCR en la demanda, Sandoval admite que faltó en cuatro ocasiones, pero dice que las dos primeras se debieron al fallecimiento de familiares en Sonora, y las otras dos al deceso de su madre.
Precisa también que a finales del primer año de trabajo, 2005, cayó de unos andamios improvisados porque el instituto le negó la renta o compra de unas estructuras bien diseñadas. Sufrió heridas múltiples en la región lumbar y se rompió un fémur, una clavícula y la mandíbula.
Para que no lo interrumpiera la actividad normal del instituto, comenta, acostumbraba trabajar de noche: de las 21 a las 7 horas.
Como una muestra de la actitud de los clientes, relata: “Cuando les di el presupuesto, una tal Martha Elisa Carbajal me dice: ‘Usted está loco, le ha de haber hecho daño el golpe que se dio cuando se cayó; está usted loco por cobrar esa cantidad’. Fíjate nada más, qué mujer tan cómica”.
Proceso Jalisco solicitó al IJCR una entrevista con alguno de los directivos involucrados, pero no hubo respuesta. En sus alegatos de defensa, el pintor señala que el doctor Guerrerosantos le decía que el dinero para el mural provenía de la Secretaría de Salud del estado, aunque los cheques que le entregaron los expedían el Patronato y la Fundación Educativa de la asociación civil.
A fin de evitar que el mural sea borrado o modificado, Sandoval Valle protegió su trabajo ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, que el 3 de diciembre de 2010 lo registró con el número 03-2010-111611011600-01. Mientras tanto, concluye el artista, “me hicieron un gran tarjetahabiente del Monte de Piedad”.