Chavela Vargas: “es tan hermoso morir como vivir”

2010. Chavela Vargas en su casa de Yautepec, Morelos.
Foto: Margarito Pérez

MÉXICO, D.F. (apro).- El 6 de mayo de 1996, con ocasión de su éxito en España, la revista Proceso entrevistó a Chavela Vargas, quien hizo un repaso de las y los cantantes de ranchero. En el primer caso privilegió a Amalia Mendoza, La Tariácuri, y a Lola Beltrán; en el segundo, a Javier Solís y Pedro Infante. La cantante de origen costarricense, recién fallecida, se refirió también a la muerte:

“Pues… es que la muerte en sí no es triste. Yo tengo un concepto de la muerte que quizá van a decir ‘está loca’, pero es hermosísimo: para mí es tan hermoso morir como vivir. Vivir bonito, morir bonito; es otra vida, un decir: ‘Hasta luego, allá nos vemos’. No es la tragedia espantosa, no la considero así. Yo concibo la muerte muy generosa, muy bella.”
La entrevista completa, realizada por Roberto Ponce, coordinador de la sección de Espectáculos del semanario, se reproduce a continuación:

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A sus 77 años de edad, Chavela Vargas no se considera la cantante ranchera viva más importante de México. “Redescubierta” por el cineasta español Pedro Almodóvar, tampoco siente que la comparación con Lola Beltrán y ella sea válida: “Los estilos ni siquiera eran parecidos”. Pero no duda en recordar a Lola como “La Grande”:
“Quizá –dice Chavela sobre sí misma– no sea yo la más importante; pero con todo mi amor he llevado esta música por el mundo. México es muy querido por su música, los grandes diplomáticos que tiene México son sus cantantes.”
–¿Cómo se llevaban usted y Lola?
–Pues casi nunca nos veíamos. La vida de Lola era muy aparte de la mía, aunque éramos del mismo grupo de cantantes. Lo que pasa es que yo siempre he vivido fuera, en el campo, ¿ve? Yo casi nunca estoy en la Ciudad de México. No vengo más que a grabar o a alguna cosa. Yo vivo en Tepoztlán, casi nunca veo a nadie. Me pregunta usté ‘cómo es Mijares de cerca’, no le sé decir, no lo conozco.
“No éramos amigas, en realidad –prosigue–. Yo sentía una gran admiración por la señora, y como le digo, nos vimos pocas veces, pero gran amistad no la hubo. Nuestras vidas iban por senderos muy diferentes. Yo a la pachanga diaria y al cabaret diario, y Lola no era gente de cabaret diario. Yo sí, porque cantaba en un cabaret.”
Sin embargo, reconoce la magnitud artística de Lola Beltrán:
“Ella era muy importante, cómo no, ¡pos Lola La Grande, imagínese! Todo un mito, una leyenda Lola, una gente muy, muy valiosa, de mucho empuje y todo, que hasta en su muerte demostró su grandeza.”

Morir como vivir
La autora de “Macorina”, “María la Tepozteca” y “Adiós Paloma” se hallaba en Costa Rica cuando recibió la noticia de la muerte de Lola Beltrán.
–¿Qué sintió cuando ella falleció?
–Pues… es que la muerte en sí no es triste. Yo tengo un concepto de la muerte que quizá van a decir “está loca”, pero es hermosísimo: para mí es tan hermoso morir como vivir. Vivir bonito, morir bonito; es otra vida, un decir: “Hasta luego, allá nos vemos”. No es la tragedia espantosa, no la considero así. Yo concibo la muerte muy generosa, muy bella.
“Nos vimos en Cuernavaca unas dos, tres veces en pachanguitas muy bonitas en casa de uno de los parientes de Lola. Llegaba Toño Bribiesca, otro gran señor de la música que también en paz descanse, acompañaba a todas con su guitarra, a María Dolores Pradera, cantaba Lola, la pasábamos muy bien. Siempre platicamos y me decía Lola: ‘Ya deja de beber un poco, manita’, porque yo era borracha en aquel tiempo, perdida. Y entonces me decía: ‘Deja de beber, ya estuvo suave, ya te bebiste todo el tequila’. Ella también tomaba sus copas pero no como yo. Por supuesto que a mí –comienza a carcajearse–, a mí no hay quien me gane. No había quien me ganara en aquel tiempo, pero ya ve, todo se acaba.”
–¿Y usted qué le contestaba?
–Ningún borracho hace caso, ¿cuándo ha visto usté un borracho que acepte un consejo? Se pone uno muy enojado cuando le dicen que no beba, pero en fin, a’i estamos luchando todavía. Nunca compartimos foros ella y yo.
Cuando estuve para compartir foros era muy apropiado el Teatro Blanquita, pero a mí qué me importa que me pongan en quinto lugar si el canto se demuestra a la hora de la verdad.
Chavela nombra las que a su parecer han sido las grandes cantantes del México ranchero: Lucha Reyes, Lucha Villa, Amalia Mendoza La Tariácuri y Lola La Grande.
“¿Lola la más importante en el canto? Ya le digo, para mí La Tariácuri…”
Se interrumpe:
“Y Lola… no hay que decir la más importante, se trata de tener un nombre y ser una figura. Pero más o menos no… no veo yo por dónde ande la cosa, porque hay unos más, otros menos, unos que valen más que otros y sin embargo tienen más nombre otros. Es como un albur esto de la artisteada, muy duro. Es una carrera que parece que el artista la pasa muy bien. Y no. Se sufre bastante, no crea. Se tiene sus malos ratos. De repente le hacen unas trastadas a uno, no le pagan, así nos pasa a todos. En la grabadora no pagan, se va uno a otra y sale igual, en eso estamos.”
Para ella, José Alfredo Jiménez es “el padre de todos los compositores y así se le reconoce en España”; pero también nombra a Agustín Lara y Gonzalo Curiel. Sus cantantes preferidos son Javier Solís y Pedro Infante.
–¿Por qué no hay tantas mujeres compositoras?
–Es curioso, ¿no? María Teresa Lara fue una, Lolita de la Colina se largó de aquí. María Greever se fue para los Estados Unidos. Hay una cantidad de compositoras que no cuajaron. Yo no me considero compositora, no lo soy; pero le hago al tango de repente. Me hubiera gustado que Lola interpretara alguna canción mía, ¡cómo no! Que todos los cantantes de México lo hubieran hecho.
–¿Qué disco le gustaba de Lola Beltrán?
–Pues me gustaba mucho cómo cantaba la “Paloma negra”. A las dos nos la regaló Tomás Méndez, él decía: “A ver –adopta acento castizo–, aquí les regalo mi ‘Paloma Negra’.” ¡Y resulta que al rato se la regalaba a Lola y a otra! Era simpatiquísimo. Pero la señora se echaba sus canciones increíbles, bellísimas. Yo siempre he oído a las grandes cantantes, saben mucho y algo se aprende de ellas.
Un poco enferma, recién llegada, y casi a punto de partir a España, donde “voy a grabar y a cantar, que es lo que sé hacer”, responde sobre la ocasión en que Lola Beltrán cantó en Bellas Artes:
–Bellas Artes –dice alzando la voz, pues tose por un ligero resfrío– no es de nadie, el dueño es el pueblo y tiene derecho a llegar a Bellas Artes, es de él. Y no hay por qué admirarse de que Lola llegara, podía cantar mil veces en Bellas Artes porque lo merecía, y como le digo, Bellas Artes no lo ha comprado todavía nadie.

Herzog y Almodóvar
–¿Cómo le gustaría ser recordada, Chavela?
–Pues yo no tengo por qué… –se detiene–: Mire, la gente que piense lo que quiera. Me vean como angelito, como demonio, como lo que sea. Eso es cuestión de gustos. De mí nadie ha interpretado nada, ninguna cantante. ¿Por qué? Porque la vida es así en todos los aspectos. Si una gente triunfa, un hombre de negocios o un banquero se hace multimillonario, lo odian. Y dicen: “Viejo ladrón” y quién sabe qué. “¿Cómo es que tiene tanto dinero? ¡Yo no tengo nada!” Y todo es así en la vida, pero se acostumbra uno. Ya son tantos años de vida, ¡tanto he visto y he oído y conocido! Ya no me molesta nada. Pueden decir todavía que ando borracha y no me importa. Con José Alfredo parrandeaba mucho en El Tenampa porque así nací: parrandera. Y eso que llevo ya diez años sin tomar una copa.
–¿Qué le falta?
–Todo lo he hecho ya –responde sin chistar–. Me falta esperar si llego al fin de siglo, debe ser impresionantísimo. ¿Usté se imagina la noche del año nuevo de cambio de siglo? ¡Ha de ser espantoso, como para enchinársele el cuerpo a uno de ver cómo suenan las doce campanadas y llega otra nueva hora! Pero ¿qué sabemos? Nada. Estamos como al principio de siglo y ya va a venir algo nuevo.
–¿Cómo conoció al cineasta Werner Herzog?
–Yo era muy joven y él tenía mis discos. Un día dijo: “Quiero hacer una película con esta señora, consíganmela”. Y una amiga del productor, Lucha, sabía dónde vivía yo en Cuernavaca. Lo conocí cuando llegué a hacer la película. Sabía de Herzog por su fama, maravilloso hombre, genial, otro Almodóvar. Grito de piedra se llamó la película y nunca la vi.
–¿Alguna vida que le gustaría protagonizar en cine?
–A mí el cine no me atrae –responde tajante–. Es de lo más aburrido filmar. Ya luego, ver la película debe ser maravilloso; pero filmar en aquella Patagonia no sé a cuántos grados bajo cero fue espantoso. No, yo no me llevo con el cine. Ni con Almodóvar que lo adoro, no me llama la atención. Y muchas veces me ha dicho: “Vamos a filmar” y le digo que no, que en España hay muchas actrices geniales. ¿Qué tengo que hacer allí? Yo canto y se acabó.
–¿Qué canción le gusta cantar más ahora?
–“La última copa”, de José Alfredo, es de las grandes. En España pega con tubo, y a veces la he tenido que repetir varias veces en el mismo show. Creo que esto me va a volver a pasar ora que voy pa’llá.