Teatro: “El siniestro plan de Vintila Radulezcu”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- A la manera de novela policiaca, o más bien, de una historia de cómic de “detectives y asesinos”, convivimos con dos personajes de la primera mitad del siglo XX que en cuanto descubrimos sus primeras intenciones, transforman su personalidad en otra, con distintos objetivos.

En este juego de giros dramáticos a partir del encubrimiento constante de sus verdadera identidad, la puesta en escena El siniestro plan de Vintila Radulezcu, escrita y dirigida por Martín Zapata, mantiene el interés por los caminos que estos personajes, a través de la palabra, nos van mostrando. La certeza de la verdad se desvanece y la disyuntiva entre si es verdad o mentira lo que dicen genera un suspense extraordinario y un remolino de suposiciones.

Martín Zapata mezcla diferentes fuentes históricas, hipótesis acerca del tiempo y personajes verificables para que, con su imaginación, las moldee a su antojo. Todo se vuelve verosímil y disfrutamos esta propuesta para jóvenes y adultos que se presenta en el teatro El Galeón, donde los elementos escénicos son mínimos y su belleza estética grande.

Una turista, que toma fotos en la Acrópolis en 1938, se encuentra con un gran admirador que la viene siguiendo desde hace tiempo. Pero ella no es turista en realidad, sino una espía doble, y él no es un simple enamorado sino un asesino serial. Con estas personalidades arranca la historia; pero van cambiando a lo largo de la obra. Imposible contar la trama sin traicionar la esencia de la propuesta: la sorpresa.

Martín Zapata construye su obra a partir del libro El caos y la nada, donde el historiador Jonathan MacLean expone los resultados de su investigación acerca de una maestra que tuvieron Samuel Beckett y Eugène Ionesco cuando eran niños, en países diferentes –Irlanda y Rumania– y en años diferentes; pero que pudo haber sido la misma. Introduce un tercer personaje, Illy Bleeding, ícono del rock punk mexicano que murió joven en 2010, y que entrelaza el tiempo en que sucede la historia y el siglo XXI. Hace guiños al espectador conocedor de estos personajes para provocar la risa y crear referencias intertextuales.

Aunque el presente sucede con estricto rigor, la narración de los personajes salta del presente al pasado y al futuro para confundirnos, y abrirnos al mismo tiempo la posibilidad de modificar el pasado y construir el futuro al antojo de una mente maléfica. Por eso nos remite al comic donde entran al juego planes para destruir el mundo y héroes que lo tratan de evitar. Lo inverosímil se vuelve viable gracias al estilo que el autor y director propone.

Adriana Duch y Manuel Domínguez protagonizan a estos dos personajes con naturalidad y fuerza. Sus interpretaciones son empáticas con el espectador y el realismo se impone. A pesar de que la mujer es el eje de la trama, el hombre resulta tener un mayor peso dramático. Los juegos escénicos a los que el autor y director los induce hacen que cambien de manera divertida su forma de actuar.

Tal es el caso de cuando ella le ofrece ajenjo, cocaína u opio, convirtiéndose en un gag eficaz. Cada vez que sucede, los personajes sin exageraciones cambian su manera de reaccionar y relacionarse con el otro. El movimiento escénico es sutil y ágil en este espacio vacío, cuyos objetos determinan el dónde y la acción. La bolsita de ella a la que le cabe todo y dos maletas donde guardan un tocadiscos o un banco y una cámara fotográfica.

El siniestro plan de Vintila Radulezcu, que se estrenó a finales de 2011 en Jalapa y fue bien recibida en la Muestra Nacional de Teatro de San Luis Potosí el año pasado, ahora puede ser vista hasta el 26 de mayo en un teatro del Centro Cultural del Bosque, para que cada espectador se sorprenda constantemente y viaje por los vericuetos de las múltiples personalidades y planes que cada uno de estos personajes trae entre manos.