Cine: “Palabras mágicas…”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- De sobra habrá quienes, de lejos o de cerca, tengan mucho que decir y contar sobre el triunfo y caída del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); pero no todos cuentan con el arma de un lenguaje cinematográfico como el de Mercedes Moncada, española y nicaragüense, que además de haber crecido en Nicaragua durante el ejercicio en el poder de la Revolución Sandinista, vive en México y estudió sociología.

Palabras mágicas (para romper un encantamiento) (Guatemala-México-Nicaragua; 2012) es un documental testimonial con un vigoroso mensaje político donde se combinan historia y poesía.

Mercedes Moncada puede hablar desde dentro y desde afuera de la Revolución; advierte que su visión se apoya en la experiencia emocional con el FSLN, desde la muerte del dictador Anastasio Somoza, la efervescencia de la lucha armada, la apertura de un horizonte donde, en palabras de la realizadora, “cada uno era la mejor versión de sí mismo”, hasta el tiempo del desencanto y la traición de los principios políticos.

No se trata de una autobiografía, sino de una evocación de la memoria, que para serlo inventa su propio lenguaje; la gramática de esta elegía se compone de documentos históricos e imágenes compuestas en forma de collage, metáforas que abarcan nociones políticas con alcance casi religioso. La voz de la autora pregona el material de archivo documental; la Nicaragua de Somoza, con su ambiente de miedo, opresión y muerte, contrasta con la vitalidad del bloque Sandinista, el entusiasmo y la exuberancia del pueblo nicaragüense que estrenaba su promesa de libertad.

El lago de Xolotlán se convierte en la metáfora privilegiada, lugar sacrificial donde flotan las cenizas de Sandino, receptáculo de vida, es también depositario de basura y contaminación; escatología política y social de la nación nicaragüense. El valor de este trabajo se ancla en la necesidad personal de la realizadora por explicarse a sí misma la historia, por asumir su propia catarsis; liberación y recuperación de un pasado donde coexiste la experiencia privilegiada de haber vivido el aplastamiento de un mundo de dolor para dar paso al nacimiento de un nueva sociedad; mito fundador el de toda revolución que inventa y crea su propio tiempo.

El título exhibe su propia vocación purificadora; palabras mágicas las que curan cuando se formulan; ruptura de un encantamiento, quizás el de la niña Mercedes embelesada por la fuerza de la palabras del discurso del Frente Sandinista; necesidad de la mujer, ahora, de aceptar la realidad, la Nicaragua del Daniel Ortega del presente; también, ruptura del hechizo de la palabra del mismo Ortega. Quizá de manera inconsciente, el título también rompe un encantamiento, el de las palabras mismas; Palabras mágicas (para romper un encantamiento) sugiere una advertencia para el espectador: no hay que creer sólo en las palabras.

Pero el discurso revolucionario siempre llega más lejos y más rápido que los hechos y sus promesas, se ha estudiado relativamente poco como género en sí; su fuerza para declarar obsoleta una manera de hablar, su capacidad de armar sentidos y conceptos que, como cada revolución, desde la toma de la Bastilla y al estilo del revolucionario Saint-Just, descubre e innova.