Televisión: Programas para niños

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La programación propia destinada a los niños pequeños en la televisión mexicana ha elaborado ciertas excelentes series aun en la memoria colectiva, aunque no ha sido una producción continua. Durante algunos años florece, digamos en los noventa, en Canal Once, mientras en la privada de los sesenta se recuerda a Cachirulo. Actualmente Canal 22 pone al aire una barra denominada Clic, Clac!. Lamentablemente luego el entusiasmo decrece y las realizaciones se estancan.

De manera permanente se han comprado series, caricaturas, dibujos animados provenientes de Estados Unidos –en su mayoría– y de Japón.  Algunos educativos como Plaza Sésamo, otros de relleno, algunos más creativos y originales. Casi todos son para entretener.

La barra Clic, clac! comenzó hace un par de años y reúne obras extranjeras con las de factura interna; ésta se alimenta en parte de productos surgidos como resultado de las convocatorias con que Canal 22 apoya proyectos televisivos. En la barra se difunden diez títulos, tres son nacionales,  uno surgido de concurso; se llama El vampiro de la ortografía. Los dibujos animados retratan las acciones de un vampiro que logró volver a todo un poblado ignorante en ortografía, los errores abundaban y las reglas fueron olvidadas. Eso duró hasta que un niño se enfrentó al monstruo y lo derrotó.  La audiencia logra corregir sus pifias cuando le repiten las reglas. Es didáctico, es divertido.

En el breve espacio de dos minutos logramos descifrar el significado de un glifo maya; el dibujo animado, imaginativo y de vivos colores cuenta una mini-aventura de los dioses, los reyes o el pueblo maya antiguo. Qué dicen los mayas se titula la cápsula, cuya factura está tan bien lograda que retenemos la idea, la información y recordamos las imágenes. Es una buena idea poner en pantalla algo de nuestra cultura prehispánica en lugar de darle tanto vuelo a las visiones a lo Disney, Hollywood o BBC.

El tercero de los programas propios es La historia que sigue. Destaca el papel de la conductora, quien va narrando a cuadro o en off los sucesos. Su desenvoltura, las posturas que adopta, su voz, atrapan a los niños, la sienten cercana, casi parte de ellos. La jovencita cuenta el cuento y los editores le ayudan a hacerla más atractiva y realista al insertar las imágenes, esas sí foráneas, a lo largo de la fábula. Viéndola viene a la mente el conductor de Bizbirije que encantaba a los niños en Canal Once.

Las otras series programadas son El pequeño rey Macius, La tierra vista por Alban, Yummy Toonies, La vaca, el gato y el océano, El patito feo y yo, Arte letal. Dirigidos a distintos tipos de niños de entre tres y 10 años, aparecen como una muestra de lo bueno que puede hacerse para educar y divertir a los menores.

Si existe un público televisivo indefenso, ese es el infantil. Bombardeado por juegos violentos, ficciones de horror y cursilerías sin fin, poco puede hacer para defenderse. Mirar opciones de calidad puede preservar su innata curiosidad e imaginación.