Televisión: Series de letras

MÉXICO, D.F. (Proceso).- TVUNAM y Canal 22 estrenan programas de literatura en formato de conversaciones entre participantes. Se habla de libros, de escritura, de autores. Cambian los escenarios. En el caso de Canal 22 se utiliza el amplio espacio de la librería Rosario Castellanos, ubicada en lo que fuera el cine Lido. Por su parte, el canal cultural de los universitarios sitúa la charla en un café de cuyas paredes cuelgan retratos y caricaturas de famosos creadores de historias.

Ni entre sí ni con respecto a emisiones precedentes estos programas acusan notables diferencias. El asunto parece obligado en canales dedicados a lo cultural, por varias décadas se han producido para renovar o repetir. Esta idea no pasa de ser un lugar común puesto que la cultura no son sólo las bellas artes. Sin embargo, al impulso de tal concepto, los escritores han tenido un lugar preferente en la pantalla chica frente a los creadores de otras disciplinas artísticas, quizá por ser capaces de evocar sensaciones e imágenes, de concitar la fantasía del público por su agilidad verbal.

El programa a cargo de TVUNAM posee el poco agraciado nombre de Café de nadie, en recuerdo de Arqueles Vela, escritor que se reunía con sus amigos a charlar en un café de Tacubaya y que publicó un libro bajo el mismo título. Dos conductores, Hernán Bravo y Jorge F. Hernández, y un invitado hacen tertulia en dicho café, discuten sobre las cualidades de algún autor, de su personalidad y de la relación de ésta con la obra. Ambos terminan cantando Fly me to the Moon, de perfil frente a un micrófono de las años treinta. Como suele suceder en las emisiones de este tipo, lo placentero proviene de la habilidad de los participantes para comunicarse con la audiencia, para entusiasmarla y ganarla para la lectura. Si bien el humor ayuda, lo que va a enganchar al espectador son los temas y los participantes. Por ello no todas las emisiones están igualmente logradas. Se agrega posproducción para quitarle lo plano a la imagen y darle un cariz moderno.

Al lado de Café de nadie, la serie Triángulo de Letras de Canal 22 es mucho más convencional. Se charla bajo la batuta del conductor, Eduardo Limón. No hay una escenografía audaz ni chistes ni un diálogo atropellado. Todos tienen tiempo de intervención, hay orden, y el conductor hace las preguntas. El encanto sobreviene cuando alguno de los invitados, o los tres, se apasionan explicando su método de trabajo, de qué manera han conseguido la obra, sus aciertos y frustraciones. Cuando el conductor no logra hacerlos vibrar con sus interrogantes, el programa se cae, transcurre en apacible aburrimiento.

Mientras los programas de literatura producidos por nuestros canales públicos abundan, escasean los dedicados, por ejemplo, a la difusión de la ciencia. Excepcional en su factura es La Oveja Eléctrica, que afortunadamente estrena nueva temporada. Y pocos más. La gran mayoría son importados pues es más barato comprar que producir.