Cine: Tras las huellas del Che

Guevara en su travesía por América Latina.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Jorge Denti, argentino radicado en México desde hace 30 años, saca al Che del póster y lo deja caminar por países y nombres del continente latinoamericano que resuenan a leyenda con sus pasos.

Este documental sobre los viajes del célebre revolucionario a principios de los cincuenta, La huella del doctor Ernesto Guevara (México-Argentina, 2013), se libera del panfleto y descubre la humanidad del joven médico, estupefacto ante la belleza, la miseria, la injusticia y el dolor; desde Argentina hasta México.

“El aire de libertad es el aire del clandestinaje”, escribe el joven médico que contempla Machu Picchu y se ocupa de alergias e infecciones, trabaja por los leprosos, observa revueltas de mineros, el desafío de Jacobo Arbenz en Guatemala y su caída orquestada por la CIA; viene luego México, el giro hacia la revolución cubana. Diarios de viaje, escritos y correspondencia, entrevistas con amigos y familiares (el hermano menor), fragmentos de material documental de la época, revelan facetas poco conocidas y menos entendidas del guerrillero como antropólogo, filósofo y arqueólogo.

El ícono, a punto de convertirse en imagen de marca de la Mercedes Benz, se humaniza; el doctor Ernesto Guevara, alergólogo, escribió dos capítulos de un manual del médico latinoamericano sobre historia de la herbolaria; pero su preocupación era la salud de la gente, no el recuento anecdótico. Mejor aún que Los diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004), el documental de Jorge Denti desarticula la efigie del Che, coagulada en dos fotografías, la de Alberto Korda y la del cadáver del guerrillero en Bolivia.

Lejos de cualquier afán reductivo, este realizador acerca a su espectador, de preferencia esos jóvenes que sólo conocen el póster, hacia un hombre de carne y hueso, caminante y viajero que nunca perdió la capacidad de sorpresa. La paradoja es que esto hace crecer aún más la leyenda.

Una ojeada a la trayectoria del director, activista político, exiliado, viajero, investigador y estudioso, sugiere la afinidad con el tema de este documental; comprender el espíritu mercurial de Ernesto Guevara matiza por completo el estereotipo del guerrillero latinoamericano, dogmático y atrabiliario. La proximidad del joven médico comprometido con la salud, su vocación humanística, su capacidad de ver el caleidoscopio latinoamericano mezcla de injusticia y riqueza, lo llevan naturalmente a involucrarse en la revolución.

La verdadera fuerza de este largometraje de dos horas está en la experiencia directa, tanto a nivel afectivo como intelectual, de un personaje tan rico que, aunque nunca hubiese llegado a Cuba, su vida ya sería digna de un documental.