Medios: Ciberespacio, energía y control

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Un gigantesco crecimiento del tránsito de datos, sonido, imágenes en el espacio está produciendo consecuencias ambientales, sociales, políticas y económicas de gran envergadura. La comunicación, el sistema financiero, el transporte y la defensa dependen casi por completo de procedimientos informáticos, de redes, de telecomunicaciones.

Depósito y almacenamiento son virtuales, pero su concreción requiere de aparatos sofisticados que consumen energía y son producidos con elementos difícilmente degradables.

El uso generalizado de la microelectrónica y sus dispositivos se produce en sociedades cuyo objetivo fundamental es obtener ganancias. Al logro de esta meta están orientados los gobiernos de las grandes potencias, para lo cual ejercen control sobre los ciudadanos mediante el espionaje del que habla Snowden. Se crean así organismos estatales dedicados a grabar conversaciones, acopiar datos personales de toda su fuerza laboral y de los grupos sociales opositores.

Sin embargo, quienes verdaderamente poseen la información son las compañías que ofrecen servicios de interconexión, de correo electrónico, de páginas web, y que gestionan todo el tránsito por las redes. En tanto gobiernos y empresas coinciden en objetivos, colaborar es lo indicado. Así el gobierno controla y las firmas cobran.

Mediante un sistema de vigilancia electrónica, una élite se adueña de los pensamientos de millones, con lo cual acrecienta su poder, éste se divorcia cada día más del grueso de los ciudadanos que se encuentran a merced del acecho de empresas y de gobernantes que se han olvidado del bien común. La brecha es tal que parece infranqueable.

Todo el aparato digital está sostenido en el uso de energía. Ésta proviene en su mayor parte de la quema de hidrocarburos. Conforme aumenta el uso de computadoras, celulares, tabletas, se incrementa el gasto energético. El 50% del consumo de electricidad doméstica va a los aparatos electrónicos. El 90% de éste se usa en teléfonos móviles cuya carga tarda mucho tiempo en completarse. Y en los siguientes dos años ese uso aumentará en 460%. Google niega estas realidades al señalar que la “nube” ahorra energía. Lo cierto es que ésta generará en 2015 hasta 30 megatones de CO2, el equivalente a 4.9 millones de nuevos autos circulando (R. Maxwell AIERI 2013). El conocimiento de estas cifras debiera llevar a los estudiosos a observar el conjunto de las operaciones del llamado ciberespacio.

Desde la perspectiva económica, las redes son el sostén del sistema financiero, hoy monopólico. Divorciado de la producción real, se constituye en dinero que produce dinero que a su vez se invierte para producir más dinero. La rapidez con que circula por el mundo hace posible que las ganancias se multipliquen sin que una parte de éstas se convierta a su vez en productos, en capital o en salarios. El 65% de la población del mundo se ha vuelto “ejército laboral de reserva”, mientras se gasta mucho en cosas improductivas, como el marketing, que asciende en un año a 1 trillón de dólares (J. Foster, AIERI 2013).