Teatro: “Diálogos” de Salvador Novo

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En el Foro de la Gruta se presenta una selección de las obras cortas de Salvador Novo que Rodrigo González adapta y dirige bajo el título de Voces.  En estas obras, con gran humor e ironía, Novo hace dialogar a personajes de la historia mexicana que no coincidieron en su época: sor Juana Inés de la Cruz con Pita Amor o La Güera Rodríguez con María Félix; y a personajes míticos como Adán y Eva o a Mefistófeles con un Fausto que se acerca mucho a él mismo.

González encuentra en el manicomio un eficaz espacio escénico para integrar los Diálogos que Novo plantea aislados y arriesga las interpretaciones de los personajes femeninos por personajes masculinos. Así, José Ramón Berganza y Juan Acosta (en alternancia con Roldán Ramírez), interpretan desde Sor Juana hasta María Félix y dan a la propuesta un atractivo que responde en mucho a las inquietudes que Novo tenía en su tiempo. Un tiempo donde él declaró abiertamente su homosexualidad a pesar de la cerrazón social que respiraba. Su actitud sarcástica y autocrítica en sus escritos, aunada a su calidad en la escritura, hicieron de él uno de los personajes literarios más significativos de su época. Su amistad y conocimientos sobre personajes como María Félix y Pita Amor le sirvieron para jugar con ellos y contrastarlos con personajes históricos. Sin el menor pudor, pero sí con una gran elegancia, se burla de ellos resaltando sus defectos y poniendo en duda sus cualidades.

Rodrigo González escoge las cinco primeras obras de Diálogos que aparecen por primera vez en 1956 en la publicación que Novo realiza dentro de la colección “Los textos de la Capilla”.

El director consigue la unidad en Voces, gracias al espacio que plantea y a la presencia de un tercer personaje que salta de uno a otro diálogo: ella es una psicóloga interpretada con sensualidad por Michelle Rogel, que recita fragmentos de poemas de Novo y termina convirtiéndose en Mefistófeles en la última obra, la cual es una de las de mayor fuerza. Ahí Fausto le pide que lo convierta en mujer para ser amado por el hombre del que vive enamorado, siendo el final trágico y risible por la paradoja que plantea.

En la primera obra, Salvador Novo desarrolla la conversación entre un Joven y otro oculto en la cama el cual se revela al final ser él mismo de viejo, gordo y desganado. En Voces, esta intención se pierde al plantear la situación entre dos jóvenes donde no entendemos la problemática claramente. Los diálogos entre Adán y Eva son solucionados muy ingeniosamente y con gran poder de comicidad, ya que el actor José Ramón Berganza juega con una Barbie y un Ken interpretando a los dos personajes. Tanto en esta obra como en sus interpretaciones de Sor Juana y La Güera Rodríguez su actuación sobria en el travestismo le permite gran verosimilitud, lo cual no logra con tanta suficiencia Juan Acosta, con la asesoría del director, al sobreactuar en el monólogo del Joven y dándole una tesitura muy similar a María Félix y Pita Amor. Aun así a la interpretación de estos personajes les proporciona gran encanto. Los bailarines, a pesar de sus hermosos cuerpos, poco aportan a la obra, aunque sí apoyan a la psiquiatra en su provocación sexual.

La estética de la puesta en escena de Voces es limpia y visualmente atractiva y se acompaña con un sax en vivo interpretado con swing por Gerardo Delgadillo. Novo seguramente habría estado contento con esta propuesta que, medio siglo después, habla abiertamente de este intercambio de géneros sin ningún temor y nos hace pensar que todos podemos querer ser otro en algún momento de nuestra vida, aunque se nos tache de locos.