Teatro: “Made in Mexico”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Made in México se presenta ahora en el Teatro Jorge Negrete después de su éxito en la Sala Chopin y su temporada en el Teatro Insurgentes. El elenco, conformado por Rafael Inclán, Juan Ferrara, Sofía Bonilla y Rocío Banquells alternando con Laura Flores, seguramente es lo que más ha llamado la atención, además de la forma romántica como aborda el tema de la migración y los efectos dentro de una familia.

Por el título, podríamos pensar que es una obra de autor mexicano, pero la obra original corresponde a la argentina Nelly Fernández Tiscorina, especializada en guiones de televisión y cine, aunque en los sesenta produjo una serie de obras teatrales inéditas. En Made in Lanús, como ella la llamó, la autora habla de la crisis económica argentina que fácilmente podemos trasladar a la debacle de nuestro país en el 94 y por supuesto, a la de ahora.

En Made in México, subtitulada con la frase Otra historia de amor, conocemos la vida de dos parejas: una que tuvo que emigrar de México a causa del desempleo del marido y las pocas oportunidades que veían para seguir adelante, y la otra que decidió quedarse a pesar de la vida precaria que han tenido que enfrentar. Los estereotipos son claros: los ricos, que después de sufrir el exilio, lograron una estabilidad, y los pobres, cuya mayor riqueza es su simpatía y su esfuerzo por salir adelante. Ambos matrimonios se encuentran después de muchos años de separación cuando la pareja –interpretada por Banquells o Flores y Ferrara– vuelve de visita a México y traen con ellos una proposición que trastornará la vida del matrimonio que interpretan Bonilla e Inclán.

Made in Mexico, clásica comedia con lágrimas y risas, es enriquecida por la adaptación hecha, seguramente sobre la marcha con base en la improvisación, de los actores; en particular por Rafael Inclán. Su experiencia en el teatro de revista y su ingenio para provocar las carcajadas de la concurrencia, lo convierten en una pieza clave para mantener la atención del público en esta obra en donde pasa muy poco. Sus chistes, que tocan ligeramente el lado político, que hurgan en los dobles sentidos o en el juego de palabras hacen de la primera parte de la obra un divertimento. Se muestran las características de cada pareja, contrastantes entre sí, donde la visita no deja de alabar al pueblo gabacho en el que vive a diferencia de su esposo, que añora su país pero que habla poco. Los anfitriones, por su parte, se ven inmersos en diversas dificultades para poder darles a sus invitados las debidas atenciones. Las apariencias imperan y hasta que se plantea la situación límite, donde hay que tomar una decisión, salen a la luz los verdaderos sentimientos. Hay conflicto, pero sobre todo exposición de las posturas de cada quien, los discursos por los que se ama a un país o los resentimientos por los que se le dejó o se sigue en él. Ahí es cuando la emotividad sale a flote.

Made in Mexico es una producción con unos cuantos elementos, pero tan básicos y sin pretensiones de verosimilitud, que parecería set de televisión como la vecindad de El Chavo: paredes apaisadas pintadas con pedazos donde asoman los ladrillos y al centro una mesa con sillas donde se reúnen las parejas. Se sugiere un espacio exterior –el patio–, aunque ahí también se encuentre una máquina de coser antigua donde trabaja la mujer que tiene sus convicciones claras y determinantes su postura. A través de ella, interpretada con solidez y emotividad por Socorro Bonilla, se vislumbra el anhelo de los personajes por lo que es para ellos su país y mueve el corazón de los espectadores asistentes.