Cine: “Balada de un hombre común”

Imagen de la película.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En una entrevista para la BBC, Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y video) declaró abiertamente su frustración con los productores de Hollywood y reveló su intención de abandonar el cine para dedicarse a la televisión; un ejemplo, añadía, la imposición de modificar el guión porque supuestamente el público no iba a saber si el personaje de Jude Law (Efectos secundarios) era bueno o malo.

Si no fuera más que el mero hecho de mostrar héroes, antihéroes, moralmente ambiguos (Barton Fink), patosos (El gran Lebowski) o desdichados justo por aspirar a cumplir con el ideal de sueño americano (Un hombre serio), los hermanos Coen bien merecerían una estela en el cine americano contemporáneo. El capital creativo de los Coen, sin embargo, no se limita a una ejemplar colección de perdedores; lo que gana la admiración de sus seguidores es su visión inteligente y melancólica del cine clásico de Hollywood, junto con la capacidad de manejar metáforas bíblicas donde todo cabe, desde referencias a la cultura popular hasta Homero y Wittgenstein.

Como en otras cintas de los Coen, en Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis; EU, 2013) el humor proviene de temas y situaciones que normalmente no causarían risa; Llewyn Davis (Oscar Isaac), cantante y compositor de folk en el Greenwich Village de Nueva York a principios de los sesenta, intenta reubicarse, cantar y ganar dinero; su compañero de dueto se suicidó. Davis no quiere comprometerse con el éxito por razones comerciales; sin domicilio fijo, duerme en un sofá prestado, su vida es un desastre y embaraza a la mujer de su mejor amigo. La ola de Bob Dylan está por ocurrir, pero Llewyn no parece querer montarse en ella.

Las referencias a La Odisea saltan y se escurren como el gato Ulises que Llewyn se pasa buscando; un club de música folk en Chicago es el Gate of Horn (en alusión al portal de los sueños); sólo que Llewyn Davis es un Odiseo sin una Penélope que lo espere ni una Itaca a donde regresar. Quizá lo más doloroso para este músico es saberse talentoso pero carente de genio; no puede aspirar a mucho pero tampoco puede renunciar a tocar y cantar, caminar por esa cuerda floja embrolla los sueños auténticos con los falsos.

Visualmente domina la tendencia a componer cada cuadro como portadas de LP de la época; el título de la cinta corresponde al de un LP que grabó Llewyn, Inside Llewyn Davis, los comentarios mencionan la ironía de que el interior de Davis nunca se ve. Ocurre que la nieve, presente casi todo el tiempo, la geometría de escaleras, estaciones, exteriores e interiores, todo junto, sería el despliegue de eso que está dentro de Llewyn. ¿Hasta dónde la odisea de este músico es la búsqueda del compañero perdido? Para estos directores, nativos de Minnesota y sus largos inviernos, el color de la melancolía es blanco.

Los Coen pueden citar a Joyce, a Homero o al Libro de Job sin pasar por pretenciosos, siempre podrán decir que una pipa es una pipa; los justifica la manera simple y concreta de describir paisajes interiores, o interiores que expresan paisajes, como el cuarto de hotel de Barton Fink.