Rondinone en el Anahuacalli

A diferencia de las sugerentes y, muchas veces, contemplativas particiones museísticas que ha tenido el suizo Ugo Rondinone (1964) en recintos de Europa y Estados Unidos, la muestra Naturaleza Humana que se presenta en el Museo Diego Rivera-Anahuacalli de la Ciudad de México sobresale por su simpleza de tipo mercantil.

Está estructurada con evidentes referencias a un modelo de comercialización, el que utiliza la atracción provocada por el arte público de escala monumental para ofertar obras reproductoras de vocabularios en dimensiones más pequeñas; de ahí que la exposición curada por Patricia Martín y apoyada por las galerías Gladstone de Nueva York y Eva Presenhuber de Zürich, no responde a la dignidad cultural que merece el Museo Anahuacalli.

Constituida por dos esculturas monumentales provenientes de la instalación de nueve piezas que en 2013 se presentó en la plaza del Rockefeller Center de Nueva York bajo el título de Naturaleza humana, y por 14 de mediano formato que repiten la configuración de las numerosas expuestas el mismo año en las galerías Gladstone y Presenhuber bajo el título Soul (Alma),  la exhibición del Anahuacalli carece de una narrativa curatorial que rebase la simple presentación de algunas obras.

Ugo Rondinone es un creador interesante. Posee un discurso que integra diversas disciplinas sin diferencias entre tradicionales, tecnológicas o postconceptuales, y ha construido una poética que vincula el presente con la atemporalidad. Discretamente espiritual y abiertamente neoromántico, Rondinone ha fusionado en su obra el espacio, el tiempo, el ser, la humanidad  y la naturaleza a través de paisajes dibujados, entornos intervenidos –con luz, con palabras–, esculturas de cuerpos reales o de cabezas-cuerpos, figuras de pájaros con las huellas de los dedos que las formaron, enormes vaciados de árboles secos de olivos que remiten a la antigüedad o perennidad de la vida.

Con una poética también diversa y ambigua que basada en el hieratismo conjuga la profundidad emotiva con la contundencia de los volúmenes, Rondinone ha creado formas que rebasan lo representado evocando una existencia tan sólida como intangible.

Realizadas con enormes y muy pocos bloques de piedra que representan una figura antropomorfa de gran cabeza, largas piernas y torso sintético, las esculturas de Naturaleza humana manifiestan una ambivalencia que conjuga la permanencia del material con la ligereza de las formas. Habitantes de un entorno o paisaje ficticio en la instalación neoyorquina, los gigantes se convirtieron en figuras inermes en el Anahuacalli. Numerosas y por lo mismo evocadoras de infinitas almas en las galerías mencionadas, las piezas más pequeñas, en el recinto mexicano, se perciben como almas perdidas en un paisaje amorfo de un museo que organizó la muestra como evento paralelo para la feria comercial Zona Maco Arte Contemporáneo.