Ciudad de las mujeres

Una historia impactante.
Foto: Christa Cowrie

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Admirable la labor de la Liga de Mujeres Desplazadas que huyeron del conflicto armado en Colombia y construyeron 98 viviendas rodeadas de un ambiente de violencia, como el que se vive en nuestro país, que nos conmueve e indigna.

Pequeños territorios en reconstrucción es el título que la Compañía Teatro Línea de Sombra ha dado a su nueva propuesta escénica dirigida por Jorge Vargas, que aborda la realidad de esta “ciudad” localizada en Turbaco, cerca de Cartagena, en la nación sudamericana, y de la que, en una corta estancia, recogieron sus testimonios.
El carácter de la propuesta es principalmente periodística en su contenido y performática en su forma. En el escenario, tabicones apilados en un extremo son la materia prima para la acción de las dos actrices que participan. A lo largo de la descripción de los sucesos ellas los colocan en el foro sin una aparente organización. Con ellos van construyendo un mapa urbano y coloreándolo con fotos que muestran a sus habitantes, contándonos algo de ellos y dejándolas por ahí.
Algunas mujeres de la historia de Turbaco también aparecen como siluetas en blanco y negro de tamaño natural, que se vuelven presencias que en momentos poco iluminados parecen mirarnos, nos acechan y nos dicen “aquí estamos”, como sombras en nuestras vidas. Simultáneamente, en la pantalla del fondo, aparecen imágenes de correos electrónicos enviados y recibidos, videos de algún baile o de lo que la Compañía quiso contrastar con la situación de estas mujeres: el antiguo zoológico de la Hacienda Nápoles construido por Pablo Escobar, de donde se escapó un hipopótamo, animal emblemático del hombre poderoso que fue este narco.
Las actrices, cuyos nombres no s indican en el programa de mano, cuentan fríamente lo acontecido. Como reporteras del caso. A veces se escapa alguna emoción que se agradece, pero la interpretación es por lo general débil y poco vívida. No interaccionan entre ellas energéticamente, no se escuchan, sólo enuncian y a veces encabalgan sus parlamentos. Le hablan al público; nos muestran lo que ellas vieron o les dijeron, a veces historias significativas y otras tan nimias como las galletas caducas o a punto de caducar.
Lo que nos cuentan en Pequeños territorios en reconstrucción tiene fuerza y la propuesta visual es poderosa y atrayente. Al igual que la historia, se va construyendo. Los textos escritos por Noé Morales se entrelazan con la acción de las actrices y a la historia se le incorporan reflexiones éticas y un acontecimiento que nos sobrecoge: un hombre de un día para otro se lleva a todos los niños y a la Ciudad de México sólo llegan dos. Ellos están ahí durante la obra, a un lado del escenario, construyendo sobre dos mesas las casas que quisieron tener. Y se incluye también la bella voz a capela de la joven Natalia Martínez, quien dota a la propuesta de un tono nostálgico y triste reforzado por el diseño de iluminación y espacio de Jesús Hernández.
Pequeños territorios en reconstrucción, que se presenta hasta el 27 de julio en el Teatro el Milagro, es una obra rica en recursos escénicos. La historia narrada, llamada por ellos una “fábula documental”, cuestiona nuestra sociedad, invita a la reflexión y hacen del teatro un espacio libre de censura y abierto a la creación. Ojalá que los personajes hubieran sido de nuestro México dolorido porque su impacto subversivo sería aún mayor.