Teatro: “La amenaza roja”

La amenaza roja, en el Carro de Comedias.
Foto: UNAM

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Alejandro Licona (1953) –gran escritor de comedia– nos ofrece en su obra La amenaza roja momentos para reír con ganas e identificarnos con la crítica social hacia nuestro corrupto e injusto sistema mexicano. Nuestra realidad se ve reflejada con agudeza y sin dejo de solemnidad. La risa y el absurdo son los utensilios para cocinar un texto donde las leyendas urbanas y los clásicos literarios y cinematográficos se mezclan ingeniosamente.

La amenaza roja se presenta en el Carro de Comedias, en la fuente del Centro Cultural Universitario, bajo la dirección de Ignacio Escárcega y un grupo de jóvenes actores que bailan, cantan y no tienen un minuto de descanso. Los personajes protagónicos están definidos pero también caracterizan a muchos otros personajes o músicos que juegan en la escena.

Escárcega dirige espléndidamente al grupo, optimizando el talento y la creatividad de los actores recién egresados de diferentes escuelas de actuación. Prolifera la imaginación a través de gestos, gags que fluyen a borbotones, así como las actitudes chuscas y un tono fársico bien logrado. Refuerzan la anécdota y potencializan el humor.

La historia parte del mito de Frankenstein; el deseo del hombre de construir otro hombre a su imagen y semejanza. El autor lo fusiona con la leyenda de Chucho el roto o Robin Hood: el que hace justicia por su propia mano. Así, una doctora utiliza el cuerpo de un joven vividor para ponerle el cerebro de su maestro, un médico eminente del que está enamorada, y perpetuar su vida. Pero algo sale mal y este Chucho el roto con fuerza sobrehumana se escapa y se oculta para no mostrar su deformidad. Con máscara y capa de luchador, las circunstancias lo llevan a emprender un peregrinar heroico.

La obra de Licona, estrenada en el Canal Once en 1985, incursiona en el thriller y desarrolla varias subtramas: historias de amor, robos, luchadores, corrupción policial y otras más. Por un lado hacen un texto rico pero que, al mismo tiempo, por la necesidad de darle un cierre a cada una de ellas, la obra se alarga. El público se cansa, pero el entusiasmo del espectador permanece.

Tanto la obra como la puesta en escena se inspiran en la cinematografía y la estética de los cincuenta –como las películas de Pedro Infante y las de luchadores enmascarados– y el director incorpora la comedia musical con música de la época, de salsa o rock urbano.

Los actores Paolo Becerra, Graciela Miguel Hacha, Cecilia Zolev, Adrián Ghar, Carlos Komukai y Azuai López, interpretan a múltiples personajes, y el director resuelve hábilmente los cambios de escena. El Carro de Comedias puede ser un cuarto de hospital o de cirugía y también un cuadrilátero de lucha libre, el Ministerio Público, los vestidores de hombres o la casa de la enamorada. Con sencillez asombrosa, el director diseña las transiciones de escena, los saltos de espacio y tiempo y los cambios de personajes. Los actores tocan distintos instrumentos o hacen música con cualquier otro elemento. Para el estilo de actuación, el director se decidió por la caracterización fársica que, aunque no funciona en todos los actores, ya que algunos gritan más de la cuenta, da brillo a la obra.

Las obras de Alejandro Licona se han llevado a escena con diferentes grupos de teatro, y varias de ellas con temporadas largas. Tal es el caso de Abuelita de Batman o Raptóla, violóla y matóla, en las que el humor negro o festivo dan su sello personal. La amenaza roja no es la excepción y esta puesta en escena corrobora su actualidad y cómo la parodia social puede tener calidad artística, donde a través de la risa, podemos cobrar conciencia de lo que acontece en nuestro país.