Bolivia: Evo Morales va por otro mandato

El presidente de Bolivia, Evo Morales, durante su última participación en la ONU.
Foto: AP

LA PAZ (apro).- Si Evo Morales resulta electo como presidente de Bolivia en las elecciones del domingo 12, tal como predicen las encuestas, tendrá allanado el camino para convertirse, al finalizar su nuevo periodo de gobierno, en el mandatario que gobernó el país durante más tiempo: 14 años ininterrumpidos (2006-2020).

En los 181 años de existencia de Bolivia, sólo un presidente superó la década de gobierno: Víctor Paz Estensoro, quien tuvo el mando durante 12 años y seis meses, aunque de forma discontinua, en cuatro periodos de gobierno, de los cuales sólo tres fueron fruto de elecciones democráticas, ya que en el primero se impuso mediante una revolución.

El mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana ostenta hasta hoy el periodo continuo más largo de la historia boliviana con diez años de gestión (1829-1839), aunque el origen de su gobierno no fue electoral, ya que fue designado por mandato de la Asamblea General.

Morales podría ser entonces el presidente constitucional con la gestión continua y democrática más larga: todo un récord en Bolivia si se considera que en sus 189 años de existencia, el país tuvo un total de 84 gobiernos, lo que marca un promedio de gestión de apenas dos años y fracción.

Para el analista político Carlos Cordero, el largo gobierno de Morales puede atribuirse “en buena medida a que en la ciudadanía existe un proceso de aprendizaje que valora los métodos democráticos para llegar al poder y a que en el siglo XXI el concepto democrático se ha impuesto a las formas violentas de lucha política”.

“Pero, además, debe reconocerse que Evo Morales ha sabido sintonizarse con las demandas de igualdad de derechos y oportunidades de un gran número de bolivianos, principalmente personas de origen indígena, que han consolidado una base electoral con apoyo permanente en los últimos ocho años”, explicó a Apro.

Favorito en las encuestas

Morales juró por primera vez como presidente de Bolivia el 22 de enero de 2006, después de ganar las elecciones del año anterior con 54% de los votos. Cuatro años después, en la misma fecha, inauguró su segundo mandato, tras una victoria electoral con 64% de los sufragios.

En las próximas elecciones del 12 de octubre será candidato por tercera vez consecutiva, pese a las observaciones de la oposición, que objetó un posible tercer mandato amparada en el artículo 168 de la Constitución Política del Estado, que establece que el presidente y vicepresidente pueden ser reelectos “por una sola vez de manera continua”.

Sin embargo, respaldado por una sentencia del Tribunal Constitucional, el oficialismo considera que el actual mandato cuenta como el primero, tras la promulgación en el 2009 de la nueva Constitución que transformó la República de Bolivia en Estado Plurinacional de Bolivia.

Independientemente de las interpretaciones constitucionales, el actual panorama electoral se vislumbra como prometedor para Morales, candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), ya que todas las encuestas realizadas hasta ahora le otorgan una cómoda ventaja sobre las otras cuatro candidaturas registradas en el Tribunal Supremo Electoral, el organismo que lleva a cabo los procesos electorales.

Una encuesta de intención de voto realizada por la empresa Equipos Mori para el periódico El Deber en el mes de septiembre, por ejemplo, asigna a Morales una preferencia de 54%, frente a 14% de Samuel Doria Medina, candidato de Unidad Demócrata (UD); 7% a Jorge Quiroga Ramírez, del Partido Demócrata Cristiano (PDC); 3% a Juan del Granado, del Movimiento Sin Miedo (MSM), y 1% a Fernando Vargas, postulante del Partido Verde de Bolivia (PVB).

El resto de las encuestas de otros medios de información presentan resultados similares, con variaciones de apenas uno o dos puntos entre una y otra candidatura y, hasta la fecha de realización de la consulta, entre 10% y 15% de indecisos.

¿Es posible que este panorama cambie en los pocos días que quedan antes de que 5 millones 973 mil 901 ciudadanos acudan a las urnas en el país, además de 272 mil 58 bolivianos residentes en 33 países de América, Europa, Asia y África?

Para el exvicepresidente de Bolivia, Víctor Hugo Cárdenas, la respuesta es negativa y las únicas dudas que quedan por delante son sólo dos: el porcentaje por el que ganará Morales y la cantidad de asambleístas que tendrán el oficialismo y la oposición.

“Los candidatos opositores no despegan. Yo creo que han llegado a su techo y no van a dar más, incluso unidos. Suponiendo que tres opositores renuncien en beneficio de un cuarto, la votación no se va unificar en favor del opositor”, argumenta Cárdenas.

Según el artículo 166 de la Constitución, se proclama presidente al candidato “que haya reunido 50% más uno de los votos válidos; o que haya obtenido un mínimo de 40% de los votos válidos, con una diferencia de al menos 10% en relación con la segunda candidatura”.

Si ninguna de las candidaturas cumple esas condiciones, debe realizarse una segunda vuelta entre las dos candidaturas más votadas, en un plazo de 60 días computables a partir de la votación anterior, donde basta obtener la mayoría simple de votos para obtener la Presidencia del Estado.

Además de presidente y vicepresidente, en las elecciones se elegirán a 36 senadores y 130 diputados.

“Apatía electoral”

Según el analista Carlos Hugo Molina, el favoritismo hacia la candidatura del MAS ha hecho “aburrida” la campaña electoral. Otro analista, Marcelo Silva, considera que existe “apatía electoral” debido a la ausencia de propuestas innovadoras en la oposición y a un clima de estabilidad económica.

“En momentos de estabilidad no hay mucho que discutir, no hay mucho para movilizarse, especialmente cuando se tiene un candidato y un partido muy grande en relación con varios partidos de oposición que están con expectativas reducidas”, sostiene Silva.

Por su parte, Molina afirma que el MAS “nunca” dejó de hacer campaña, ya que difunde permanentemente sus logros de gestión gubernamental “y ahora simplemente incorpora el componente electoral a un proceso de utilización mediática y simbólica permanente”.

El partido oficialista ha estructurado su discurso electoral alrededor de las políticas de reducción de la pobreza, los proyectos emprendidos por el gobierno y el incremento en los ingresos generados por la venta de gas natural, tras la nacionalización del sector de hidrocarburos en el año 2006.

Mientras en 2005 Bolivia recibió 600 millones de dólares por la venta de hidrocarburos, principalmente gas natural, en 2014 los ingresos llegarán a 6 mil millones de dólares, según informes oficiales. Las exportaciones totales de Bolivia en 2013 alcanzaron a 13 mil millones de dólares.

Según el Banco Central de Bolivia (BCB), en el periodo 2006-2013 la Inversión Extranjera Directa (IED) se multiplicó por seis, al pasar de 278 millones a mil 750 millones de dólares.

El pasado 6 de agosto, en su informe anual a la Asamblea Legislativa, Morales aseguró que entre 2005 y 2013 la pobreza extrema en Bolivia se redujo de 38.5 a 18.8% gracias a la redistribución de los ingresos y a la aplicación del denominado oficialmente “nuevo modelo económico social, comunitario y productivo”.

El gobierno considera que esta “bonanza económica” se respalda además en una tasa de crecimiento acumulada promedio anual de 5% del Producto Interno Bruto (PIB), encima de la media latinoamericana, que alcanza a 3.7%, y una tasa inflacionaria acumulada anual de 6.4%.

Sin embargo, otros indicadores matizan los éxitos económicos de la gestión de gobierno. De acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano 2014 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Bolivia disminuyó su índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0.675 en 2013 a 0.667 en la presente gestión.

Según el mismo documento, en 2013 Bolivia ocupaba en el IDH el puesto 108 entre 187 países, mientras que en 2014 se ubica en el lugar 113. El PNUD reconoce que Bolivia es el país de Latinoamérica con la mayor reducción de pobreza (32.2 puntos). Sin embargo, es también el que registra el mayor aumento de población vulnerable (16.9 puntos).

Aun con estos últimos indicadores, analistas económicos críticos con la gestión del MAS coinciden en que Bolivia atraviesa actualmente un “buen comportamiento económico”, aunque hacen notar que está asentado sobre débiles cimientos.

Armando Méndez, expresidente del Banco Central de Bolivia, destaca, por ejemplo, que en el gobierno de Evo Morales “no se dio ningún cambio estructural que pudiese haber modificado el carácter de economía primaria exportadora; por el contrario, se acentuó”.

Al destacar datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Méndez argumenta que en 2005 el 89% del total de las exportaciones correspondían a productos primarios, mientras que en el año 2012 llegaron a 95%. Es decir, concluye Méndez, “Bolivia casi no exporta nada de productos industriales”, ya que sus principales ingresos se deben a la exportación de gas natural a Brasil y Argentina.

El 50% de las exportaciones de Bolivia corresponden a gas natural y el 30% a minerales.

“En el año 2005 el precio promedio del gas al que se vendía era de 2.5 dólares por millar de pies cúbicos. Ahora está por encima de los 9 dólares. Tanto por aumento de volumen de exportación de gas como por mayor precio Bolivia obtuvo ingresos por exportación nunca antes conocidos”, explica.

Estos millonarios ingresos, según Méndez, han permitido al gobierno distribuir bonos en sectores con menores ingresos, controlar la inflación, promover el crecimiento económico y crear una “sensación general de bienestar”.

“Mesero”

Debido a esa “sensación general”, las candidaturas opositoras a Evo Morales han encontrado pocos resquicios para intentar conquistar al electorado y, a decir del analista Cordero, “no existen en Bolivia, hoy, candidatos que puedan arrebatar el poder al presidente Morales”.

“Hay un estado de fatiga, principalmente en las clases medias, pero aún es insuficiente para pensar en un cambio de gobierno. Quizás en los próximos años se presenten mayores exigencias para eliminar la corrupción, generar más transparencia y exigir rendiciones de cuentas de los recursos públicos. Por hoy esa fatiga no alcanza para un cambio político”, dice.

De acuerdo con las encuestas, el opositor con mejor intención de voto es Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional. Tiene como eje de su campaña el proyecto para crear 100 Centros de Innovación Tecnológica (CITE), organizaciones destinadas a capacitar a pequeños y medianos productores con orientaciones sobre gestión empresarial e identificación de mercados.

Doria Medina, un próspero empresario productor de cemento, considerado por el gobierno como una de las personas más ricas del país (su fortuna se estima en 85 millones de dólares) calcula capacitar a 50 mil personas cada año mediante los CITE.

El candidato demócrata cristiano Jorge Ramírez, por su parte, propone entregar a cada boliviano mayor a 18 años de edad una libreta accionaria con el equivalente a aproximadamente mil 500 dólares, fondo que se incrementaría anualmente en 150 dólares con las utilidades de las empresas estatales.

Según su plan, la libreta accionaria podría ser utilizada como garantía para obtener créditos del sistema financiero.

Juan del Granado, del Movimiento Sin Miedo, plantea duplicar el presupuesto actual destinado a educación y salud, para llegar en cada una de esas áreas a 3 mil millones anuales.

Para Del Granado, exalcalde de La Paz, sede de gobierno, los porcentajes del Presupuesto General de la nación dedicados a salud (4%) y educación (7%) “son mínimos e insuficientes”.

El último candidato en la preferencia electoral, Fernando Vargas, del Partido Verde, considera que lo mejor que se puede ofrecer a los votantes es “recuperar los principios éticos de la política”, desterrando la demagogia.

A excepción de Quiroga Ramírez, ninguno de los postulantes sugiere revisar el modelo estatista vigente en el país ni tampoco promover mejores condiciones jurídicas y económicas para atraer inversiones extranjeras.

Los cuatro candidatos mencionados asistieron por única vez a un debate conjunto el domingo 28 de septiembre, bajo la organización de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), donde ratificaron los puntos principales de sus programas electorales y evitaron polemizar entre sí.

Evo Morales no asistió al encuentro y sus voceros ratificaron que se abstendrá de intervenir en algún debate electoral.

La ministra de Comunicación, Amanda Dávila, explicó que “(Morales) no debatirá con privatizadores y exautoridades de este país que han rematado las empresas del Estado”, y aseguró que el presidente debate diariamente “con el pueblo” y “sin pelos en la lengua”.

“Ese es el debate que vale para nosotros”, argumenta la ministra.

Fiel a esa conducta, Morales ha basado su campaña electoral en afianzar la “idea fuerza” de los beneficios de la nacionalización de los hidrocarburos y en promesas de una prosperidad mayor mediante una creciente presencia del Estado en la economía.

El vicepresidente y candidato al mismo cargo, Álvaro García Linera, ha reforzado esa concepción de futuro y considera que con un nuevo periodo de gobierno de Evo Morales, Bolivia avanzará hacia un modelo “socialista y comunitario”, dejando atrás el “régimen capitalista”.

“La construcción del socialismo por pequeños núcleos se llama economía de transición, quiero usar este concepto leninista hacia un régimen socialista y comunitario para explicar Bolivia”, dijo García Linera en un encuentro académico organizado por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), de la ciudad de Cochabamba.

Confiado en esa perspectiva, Evo Morales incluso bosquejó su futuro, cuando en el 2020 concluya su tercer mandato presidencial consecutivo, si vence en las elecciones. El que, de ser así, sería el presidente con el mandato más largo de la historia boliviana confesó al periódico El Deber que al acabar su próxima gestión piensa “montar un restaurante (…) y ser mesero…”.