Bolivia: Los retos de Evo

La reelección de Evo Morales como presidente de Bolivia.
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LA PAZ (apro).- Cuando el próximo 20 de enero Evo Morales jure por tercera vez consecutiva como presidente de Bolivia inaugurará un periodo de gobierno de cinco años con tres principales retos: mantener el ritmo de crecimiento de la economía, prolongar la empatía con sus bases sociales y enfrentar la tentación de la reelección indefinida.

De acuerdo con analistas consultados por Apro, los indicadores económicos del país no son un dolor de cabeza inmediato, mientras el reciente apoyo del 61.04% de los votantes en las elecciones del pasado 12 de octubre confirma que Morales cuenta con sólidos y duraderos cimientos de respaldo.

Únicamente el dilema de elegir entre dejar el gobierno el año 2020 o forzar una reforma constitucional para aprobar la reelección indefinida, sostienen los analistas, plantea a Morales el más crítico reto, ya que de esa decisión dependerá la configuración de un nuevo mapa político en Bolivia.

“Desde luego que hoy podría parecer temprano pensar en la posibilidad de la reelección indefinida. Sin embargo, fue el primer tema de debate que surgió tras confirmarse la victoria electoral de Morales. Y no deja de tener lógica: cuando el caudillo cuenta con una mayoría incontrastable, él y sus seguidores siempre piensan en la perpetuación en el poder”, explica el analista Pablo Deheza.

La Constitución Política del Estado establece en su artículo 168 que el periodo de mandato del presidente “es de cinco años”, con la posibilidad de ser reelecto “por una sola vez de manera continua”.

Morales asumió por primera vez a la Presidencia el 20 de enero de 2005, tras ganar las elecciones con el 53.74% de votos. Triunfó por segunda ocasión en 2009 con el 64.22% y en las últimas elecciones del pasado 12 de octubre se impuso con el 60.04% de respaldo.

Morales iniciará en enero de 2015 su tercer mandato continuo de gobierno, amparado en la interpretación jurídica del Tribunal Constitucional respecto a que su actual gestión es la primera a partir de la aprobación de la nueva Constitución en el año 2009. Por lo tanto, estaría inhabilitado constitucionalmente para postular a un cuarto mandato en el año 2020.

 

“Por ahora no…”

Apenas se conocieron los resultados de las últimas elecciones, en las que el partido de Evo Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), triunfó en 8 de los 9 departamentos del país y alcanzó una mayoría de dos tercios en la Asamblea Legislativa, surgieron las primeras voces de dirigentes oficialistas y representantes sindicales afines al gobierno que proponían la reelección indefinida.

Entrevistado por medios internacionales tras su victoria electoral, Morales fue consultado respecto a si, por pedido de la gente, estaría dispuesto a presentarse a una reelección. “Por ahora no he pensado para nada en ello. Sólo pienso en cómo devolver el apoyo al pueblo”, declaró.

Si Morales decidiera postularse para un nuevo mandato, a través de la reelección indefinida, sería necesario realizar una reforma parcial a la Constitución, mediante el procedimiento definido en sus artículos 230 y 231.

En principio, la Asamblea Legislativa debería aprobar por dos tercios de votos un proyecto de reforma parcial; luego, la propuesta sería sometida a un referéndum nacional, donde, si es aprobada, procede su incorporación automática a la Carta Magna.

Con los dos tercios de votos asegurados en la Asamblea Legislativa, para el MAS no se plantearían grandes inconvenientes en proponer, en algún momento, una reforma parcial de ese tipo.

“…El oficialismo es ducho en triquiñuelas, como lo demostró con la autorización del tercer mandato (de Evo Morales). Bolivia pasará por la tensionante situación en la que el gobierno buscará aprobar la reelección indefinida de Morales. Tendremos Evo para rato”, opina Raúl Peñaranda, columnista y exdirector del periódico Página 7, de La Paz.

Sin embargo, el gobierno afirma oficialmente que no ha considerado una probable reelección indefinida. El Vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, sostiene que ni él ni Evo Morales tienen aspiraciones de volver a gobernar el país a partir del 2020, cuando debe iniciarse un nuevo mandato de gobierno.

En América Latina únicamente Venezuela y Nicaragua establecen en sus respectivas constituciones la reelección indefinida del presidente. En Ecuador aún se encuentra en consideración esta figura, que deberá ser resuelta antes del fin del actual periodo de gobierno de Rafael Correa, en el año 2017.

 

“Economía plural”

Un reto más inmediato para el nuevo gobierno de Evo Morales será sostener el crecimiento de la economía y la acelerada alza de las exportaciones, que permiten mantener en pie políticas redistributivas de la riqueza mediante la creación de bonos dirigidos a ancianos, estudiantes y mujeres embarazadas.

Tras haber nacionalizado en su primer gobierno el sector de hidrocarburos, el gobierno de Evo Morales cuenta con un notable ingreso de divisas por la exportación de gas natural, que pasó de generar 600 millones de dólares en el 2005 a 6 mil millones de dólares en 2014. Se estima que este año las exportaciones cerrarán en 14 mil millones de dólares, mientras el 2005 apenas bordeaban los 4 mil millones.

Al concluir el 2014 Bolivia será el país de América Latina con mayor crecimiento económico (5.2%), mientras para el 2015 se estima un índice del 5%, apenas superado por Perú, que llegaría al 5,1%, según el Fondo Monetario Internacional.

De acuerdo con el ministro de Economía y Finanzas de Bolivia, Luis Arce, esta situación económica se debe al modelo económico de “economía plural” gestado por el gobierno de Morales, que considera al Estado como principal actor económico, al que le siguen el sector privado, las cooperativas y los pequeños productores.

El modelo, según ese criterio, ha permitido que la pobreza extrema en el sector urbano se reduzca en 10 puntos (del 24% al 14%), mientras en el área rural la reducción alcanza 20 puntos (del 63% al 43%).

Sin embargo, para varios analistas, la actual bonanza de la economía boliviana se debe principalmente al alza en el precio internacional de los principales productos de exportación de Bolivia: el gas natural y los minerales; así como por el aumento en los volúmenes exportados, antes que a un nuevo esquema económico.

“El hecho de que Bolivia haya sido reconocida este año como la economía con mayor crecimiento del continente, y que, eventualmente, ocurra lo mismo el año próximo, no nos inmuniza ante el descenso de cotizaciones de materias primas y los sacudones que experimentarán casi todos nuestros vecinos”, explica el analista Roger Cortéz.

Los dos principales mercados de exportación del gas natural boliviano son Brasil y Argentina, que pagan al país precios preferenciales, resultado de una buena gestión en los contratos de compra-venta.

El analista energético y exministro de Hidrocarburos, Carlos Miranda Pacheco, alerta que el contrato con Brasil concluye el 2019, tras 19 años de vigencia, y para ese entonces el gigante vecino de Bolivia tendría menos necesidad del gas boliviano que hace dos décadas, lo que cambiará las condiciones de una probable nueva negociación.

“Lograr en 2019 el total de las condiciones favorables del actual contrato, constituye un problema serio para nosotros. Por la falta de exploración no hemos podido aumentar nuestras menguantes reservas. Por tanto, es posible que no tengamos suficiente gas para garantizar un contrato que nos brinde un flujo de ingresos como los que necesitamos”, explica Miranda.

Para el exministro, el enfoque estatista de la economía y la falta de suficientes garantías jurídicas para las inversiones han provocado que el sector privado extranjero esté desinteresado en buscar nuevas reservas gasíferas en Bolivia, mientras las iniciativas estatales en este campo tampoco han prosperado.

“El resultado ha sido totalmente negativo. Los posibles futuros inversores tienen observaciones muy serias a la Ley de Hidrocarburos y a otros instrumentos legales que reglamentan el sector, como el trato a los Pueblos Originarios y regulaciones al medio ambiente. Además, por incidentes en otros sectores, el inversionista extranjero teme a la inseguridad jurídica boliviana. El resultado neto es que desde 2006 no se ha tenido una inversión privada directa en el sector hidrocarburos”, complementa.

Por su parte, el economista y doctor en planificación, Roberto Laserna, sostiene que “se taparon los problemas con dinero, aprovechando una bonanza sin precedentes en la historia contemporánea del país, pero no se evitó que nuestra economía volviera a ser primario-exportadora, vulnerable y dependiente de los mercados internacionales”.

“Allí nacen las sombras de la notable victoria electoral (del MAS). Los precios están cayendo y los pronósticos sugieren que ha comenzado el fin de la bonanza. Tenemos un colchón que moderará los primeros impactos, pero no hemos logrado fortalecer la capacidad productiva del país como para enfrentar confiados lo que viene. El mercado interno se expandió, pero se abastece en gran medida de bienes importados. Hay liquidez en la economía, pero la inversión es baja si descontamos los sectores de transporte, comercio y construcciones”, describe Laserna.

 

Política y futuro

El análisis de los expertos tiene actualmente escaso eco en la cotidianidad de la mayor parte de los bolivianos, que ratificaron su mayoritario respaldo al MAS y al presidente Morales en la elecciones del pasado 12 de octubre.

Según Marcelo Silva, analista político, “mientras el precio de la gasolina se encuentre congelado y los precios de alimentos, bienes y servicios estén relativamente estables, como hasta ahora, los sectores fieles al oficialismo y las mismas clases medias tendrán una sensación de bienestar y no verán la necesidad de un cambio”.

“Además, los propios empresarios privados, otrora radicales enemigos del modelo estatista del MAS, se han dado cuenta que es mejor llevarse bien con el gobierno y hacer negocios, antes que figurar como opositores. Si a eso sumamos que la oposición política ha sido incapaz de ofrecer un alternativa atractiva al país, Evo y el MAS tienen una coyuntura nuevamente favorable”, explica.

El politólogo Carlos Toranzo ve con similares matices el tiempo postelectoral en Bolivia y señala: “A pesar del boom económico, de la excesiva campaña electoral del MAS y de estar atosigados con la propaganda del régimen, el resultado electoral dice que 40% de la población considera necesario tener más pesos y contrapesos y entiende que no es buen camino el exceso de concentración de poder. Expresa que discrepa del autoritarismo y de la judicialización de la política, señala que desea libertad de expresión y de opinión, indica que quiere que todos puedan construir el país, sin discriminar a nadie”.

Esas son las visiones sobre la Bolivia de hoy y la que comenzará a bosquejarse a partir del 20 de enero de 2015, cuando Evo Morales asuma por tercera vez consecutiva la Presidencia de Bolivia, con la decisión de concluir ese mandato y convertirse así en el líder con el periodo de gobierno más largo de la historia de Bolivia, 14 años.

Sin embargo, tiempo antes de cumplir ese récord, la forma en que lleve a cabo su gestión económica, la habilidad con la que administre el masivo apoyo popular con el que cuenta, y su respuesta al dilema de forzar una nueva reelección decidirán el perfil con el que concluya –o comience- un nuevo tiempo político en la historia de Bolivia.