Colosio y Ruiz Massieu a 20 años

El aniversario luctoso de Colosio.
Foto: Octavio Gómez

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Los magnicidios no son nuevos en México a lo largo de su historia reciente. Las muertes de Luis Donaldo Colosio, (23 de marzo de 1994) candidato presidencial del PRI y José Francisco Ruiz Massieu, (28 De septiembre de 1994) secretario general del partido gobernante -a diferencia del deceso de dos de los secretarios de gobernación del gobierno de Felipe Calderón que abre espacios para la conjetura sobre si fueron muertos por accidentes aéreos o por un ataque directo para privarles de la vida-, hay la plena certeza de que fueron asesinados, cuestión que es del dominio público. A 20 años, sin embargo, Humberto Hernández Haddad, político y diplomático mexicano ha hecho una obra que tiene características que la convierten en un referente
(https://www.juridicas.unam.mx/inst/evacad/Eventos/2014/1029/cartel.pdf. Veamos.

Primero. En estos 20 años se han publicado varios libros sobre Colosio y Ruiz Massieu, que van desde hipótesis de sus autores sobre quién o quiénes y por qué atentaron sobre la vida de estos dos personajes públicos, hasta crónicas noveladas que aventuran las más distintas hipótesis sobre su muerte. Incluso hay otras entregas editoriales que ponen el acento en los ideales políticos de Colosio y Ruiz Massieu. Todas estas aportaciones tienen, por supuesto, el mérito de aportar a la opinión pública algunas respuestas producto de reflexiones, algunas de largo aliento y otras no tanto. El punto central es que el tema no es nuevo. Sí lo es, sin embargo, la obra de Hernández Haddad porque minimiza sus puntos de vista o reflexiones personales para dar voz a informes obtenidos a partir del ejercicio del derecho de acceso a la información pública que pone en blanco y negro muchas cuestiones que por años fueron negadas o declaradas inexistentes. Hernández Haddad, quien fue Cónsul General de México en San Antonio, Texas y reportó a su superior, el Secretario de Relaciones Exteriores, José Ángel Gurría, que había sido informado por autoridades estadunidenses que el entonces diputado federal Manuel Muñoz Rocha- considerado uno de los autores intelectuales de la muerte de Ruiz Massieu- se encontraba en Texas. Sus reportes, por razones que no han sido aclaradas, fueron desestimados por las autoridades mexicanas, que se supone debían ser las más interesadas en conocer el testimonio de ese gran cabo suelto.

Segundo. A partir de la aprobación y entrada en vigencia de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Gubernamental conocí a Hernández Haddad, quien veía en esta nueva disposición normativa aprobada a principios del siglo actual una herramienta para saber qué había pasado con todos sus reportes y su destino final. Lo que había sido negado en un primer momento poco a poco fue revelándose. No fue una tarea fácil; antes bien sinuosa y complicada porque aunque había ganado varios casos ante el naciente IFAI, las dependencias del gobierno federal se mostraban reacias a obedecer los mandatos del órgano garante del acceso a la información. Con mucha paciencia y perseverancia, Hernández Haddad no se dio por vencido en su cruzada por descubrir la verdad, o parte de la misma, sobre estos casos que aquí se refieren. En un buen número de casos tuvo que interponer demandas de amparo indirecto, de suerte que los jueces federales hicieran suyas las resoluciones del IFAI para que pudieran ser respondidas sus solicitudes de información, so pena de la autoridad judicial hiciera efectiva medidas de apremio contra los titulares de las dependencias que se negaban a contestar. 10 años tardó en reunir una gran cantidad de información oficial sobre los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu. De manera simultánea, Hernández Haddad hizo uso de la ley de acceso americana (FOIA por sus siglas en inglés) para buscar documentos sobre el seguimiento que se llevó en Estados Unidos. En esta tarea también hubo de esperar los fragmentos parciales o documentos completos que logró que se desclasificaran como reservados y/o confidenciales en cortes federales y dependencias del Ejecutivo Federal del vecino país del norte.

Tercero. Por las razones anteriores, la obra de Hernández Haddad “La muerte de Colosio y Ruiz Massieu a 20 años de su muerte” deja de lado la opinión del autor y su contenido está compuesto de documentos oficiales que no se había hecho en el país hasta este momento de ahí su importancia. Es acaso la primera entrega editorial que haciendo uso de las leyes de acceso en México y Estados Unidos pudo reconstruir una postura alterna a la ofrecida por el fiscal especial del caso Colosio, Luis Raúl González Pérez, quien cerró el caso afirmando que la muerte de Colosio fue por un “asesino solitario” y que no hubo autor intelectual alguno o, por lo menos, que no encontró elementos que permitieran ejercer acción penal contra alguien en especial además del asesino material. De ahí por tanto la importancia de cómo a pesar de las resistencias a observar las leyes de acceso, Hernández Haddad con su obra da cuenta que la perseverancia sí da resultados.

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