“Contra Estados Unidos”, una crónica de la Caravana por la Paz en EU

Contra Estados Unidos, nuevo libro de Osorno.

México, D.F. (apro).- Entre agosto y septiembre de 2011, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) se propuso caminar por Estados Unidos, el epicentro del capital que entre sus mercados cultiva el negocio legal armamentista y avanza –con una tímida lucha contra sus propios carteles– a la legalización de las drogas, dos actividades que en México producen decenas de miles de víctimas.

Familias de desaparecidos, asesinados, torturados, secuestrados, extorsionados; en general, víctimas de lo que Felipe Calderón, siendo presidente de México, dio en llamar “guerra” contra el narco, se acumularon en unos cuantos años y, con movilizaciones, caravanas y marchas, hicieron visible la tragedia nacional. Entonces marcharon al norte y recorrieron de extremo a extremo la Unión Americana.

Acompañante de esa caravana, el periodista Diego Enrique Osorno reunió sus crónicas con testimonios y estampas del desafío que plantearon los integrantes del MPJD, personas humildes y sencillas la mayoría, para integrar un volumen intitulado “Contra Estados Unidos. Crónicas desamparadas” que la editorial Almadía acaba de poner en circulación.

Con un prólogo del escritor estadunidense, John Gibler, y las notas introductorias del propio Osorno, el libro es una reunión de crónicas para la memoria de uno de los episodios más oscuros y letales de la historia de México, “la guerra” de Felipe Calderón, palabra esta, guerra, que justo cuando empezaba a emplearse por costumbre trágica, dice Osorno, surgió un movimiento que reivindicaba la palabra contraria: paz.

“Para que la vida real pareciera una fábula, el líder de esa protesta contra la atmósfera creada por un gobierno militarista, era un poeta”, dice el autor del libro en la introducción, a propósito de la figura de Javier Sicilia, el poeta deudo de la guerra.

El poeta, en Proceso

A través del libro, Diego Enrique Osorno intercala seis conversaciones con Javier Sicilia. Los titula, “Diálogos con un poeta en silencio”, una referencia al silenciamiento que Sicilia se impuso, a partir de la muerte de su hijo Juan Francisco.

¿Escribes un diario? –preguntó el autor del libro.
–“No he estado escribiendo. Sólo mis artículos. Bueno, tengo algo de crítica literaria y análisis literario… estoy muy agradecido con la revista Proceso, que es en donde escribo.

Me han apoyado muchísimo”–, respondió Sicilia sin dejar de hacer mención al respaldo que recibió también de religiosos, como el obispo Raúl Vera y el sacerdote Alejandro Solalinde.

–Don Julio Scherer cuenta en uno de sus recientes libros de memorias fragmentadas que se reunía contigo de manera regular para hablar de la muerte…

–Sí, antes de la muerte de mi hijo nos reuníamos una vez cada quince días. Yo quería hacerle una entrevista a don Julio y él me dijo: “no, no le he dado nunca una entrevista a nadie en mi vida, yo soy el que hago las entrevistas, aunque lo quiero mucho no se la voy a dar a usted porque cuando uno dice sí una vez, entonces es para siempre”–contó el poeta.

Sicilia continuó narrando cómo Vicente Leñero propuso reunirse a hablar sobre la muerte y así lo hicieron los tres y Enrique Maza, cada quince días, en las instalaciones de Proceso, hasta que la muerte de su hijo interrumpió las reuniones.

–¿Por qué querías entrevistarlo (a Scherer)? –preguntó Osorno.
–Yo lo quería entrevistar porque lo estimo y lo admiro mucho –,respondió Sicilia, que luego recuerda la forma intempestiva en que conoció en su juventud a Vicente Leñero, la relación de amistad que mantuvieron a través de los años y su posterior amistad con Julio Scherer.

Todo el primer “diálogo”, está dedicado a la amistad de Scherer, Leñero, Maza y Sicilia que en buena parte tienen como eje la convergencia de los primeros tres y la más reciente de Sicilia, en el semanario Proceso. Los demás diálogos, plantean los símbolos de la fe, la paz y el amor, que el poeta aborda prolijo en conceptos, ideas acabadas, relaciones de su sentido filosófico y literario con el horror de la “guerra”.

“Contra Estados Unidos”

En el nuevo libro de Diego Enrique Osorno, el primer capítulo se titula “El caravanero ausente”. Aunque trata del inicio del viaje-protesta, el ausente es Nepomuceno Moreno, un sonorense que buscaba a su hijo desaparecido, se sumó al MPJD y, un día de 2011 fue asesinado en Hermosillo.

Y es que las crónicas del libro no sólo describen el largo recorrido de la caravana por Estados Unidos, al que el autor le atribuye una dimensión épica, sino que recogen las historias de las víctimas que se encontraron en el MPJD.

Originario de Nuevo León, donde la “guerra” cobró numerosas víctimas como en casi todo el norte de México, Diego Enrique Osorno ha publicado los libros “El cartel de Sinaloa” (Grijalbo. 2010) y “La guerra de los Zetas” (Grijalbo. 2012).

Además, ha documentado como periodista diferentes procesos sociales que se han convertido en libros, como “Oaxaca Sitiada” (Grijalbo. 2007) sobre el movimiento popular de esa entidad desarrollado en 2006 y “Nosotros somos culpables” (Grijalbo. 2010), sobre la tragedia de los niños que murieron en la Guardería ABC de Hermosillo.

Especializado en crónica periodística, Osorno ha recibido diferentes premios, entre otros, el Premio Internacional de Periodismo de la Revista Proceso en 2011.

En el caso del MPJD, el autor recuerda que fue hasta la muerte de Juanelo, el hijo de Javier Sicilia, cuando las víctimas de la “guerra” se aglutinaron en caravanas que abrieron la conciencia del terror. Luego, decidieron emprender una acción radical, esto es, la caravana que durante un mes recorrió la Unión Americana buscando la solidaridad de la población de ese país.

A través del recorrido, el autor registró diálogos, situaciones, momentos emotivos o emblemáticos del viaje-protesta, mientras recogía las historias de las víctimas.

En San Antonio, Texas, escucha la historia de Margarita López, la madre de una joven esposa de un oficial de las fuerzas especiales, desaparecida en Oaxaca en 2011.

En Chicago, registra la historia de María Herrera Magdaleno, la mujer que ha buscado a sus dos hijos desaparecidos en la Costa Grande de Guerrero, en 2008.

En Nueva York, cuenta la historia de tres madres sufrientes, Lucía Baca, Teresa Carmona y María Guadalupe Aguilar, que buscan a sus hijos desaparecidos en distintas zonas del país.

La voluntad de los sufrientes, la explica en un diálogo con Osorno, Emilio Álvarez Icaza:

“Si venir a Washington es una buena forma de encontrar a su desaparecido en México, lo van a hacer y si tienen que ir a China van a ir, porque esa es la fuerza y el tamaño de su amor”.

En el viaje-protesta que duró un mes y visitó 26 ciudades estadunidenses, los temas abordados por los caravaneros, abarcaban desde el armamentismo estadunidense, hasta la ausencia de discusión sobre la corrupción policiaca que posibilita que la droga pase desde México hasta las norteñas ciudades de la costa este.

En tanto, ponían en duda la política antidrogas que imponen a los países del sur, como México, y que ha provocado procesos violentos como “la guerra” de Felipe Calderón.

Sobre la travesía cronicada, Osorno emite una sentencia:

“México le debe mucho a estos hombres y mujeres que con dignidad y afán de justicia hicieron frente a la matazón que sufría su país. Algún día, su odisea será reconocida”.