Bestiario, el zoológico de Marco Antonio Cruz

Bestiario, nuevo libro de Marco A. Cruz.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El nuevo libro de Marco A. Cruz es un zoológico que cabe en el bolsillo. En él habitan gatos que se lamen los bigotes; perros que retozan al sol; patos que sonríen en las aceras; y aves que se quedaron en pleno vuelo.

Como en Bestiario de Cortázar, Cruz impone un orden artificial sobre el mundo, algo ilusorio que reemplaza la vida cotidiana, uno de los principales motivos de su obra. Con un fino sentido de la ironía, el fotógrafo se ocupa de la anodina existencia de bestias que a falta de bosque se han domesticado en las grandes urbes. En el aletear de las páginas se esconde el andar de Cruz por la Ciudad de México, Puebla, Chiapas, Canadá y China. Esa cualidad furtiva determina su estilo fotográfico.

En la primera imagen un caballo herido posa como el corcel en la pintura Minotauromaquía de Picasso en 1935, una de las obras que anteceden al Guernica. Esa fotografía fue tomada en 1988 en San Cristóbal, Chiapas, en uno de los tantos safaris fotográficos de Cruz. “Son bestias pacíficas que aguardan la muerte”, escribe Guillermo Fadanelli en el prólogo.

“Marco Antonio Cruz no cesa de acentuar la melancolía y el merodeo de la muerte con una capa de inocencia primitiva. Se habita la oscuridad porque, aun en las desgracias más exasperantes, la vida humana se alienta a continuar”, apunta Fadanelli.

La búsqueda de esos momentos como única forma de arraigo en la fotografía documental laten a lo largo de las 66 páginas que forman el fotolibro. Están algunas que tienen un tinte surrealista, como la de las tortillas que secan al sol (brillan como soles, anota Fadanelli) en donde un niño marcha con un pato en la mano izquierda. O la de un ave que parece que sale de un muro ajado por el tiempo, tomada en el año 2000 en un edificio del Centro Histórico de Puebla.

Otras obedecen al ritmo trepidante de la modernidad: un caballo galopa al ritmo de las chimeneas en China. Esa imagen fue tomada durante la cobertura de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. También están las imágenes de un grupo de gatos que reconocen al invasor; un perro que está apunto de ser atropellado; la cabeza de un búfalo que posa sonriente en una pared.

Además de fotolibro, Bestiario se puede leer como un poemario. Es un libro repleto de pliegues que se expanden y se desdoblan en trabajos más complejos como Cafetaleros o Habitar la oscuridad.

En este libro, fotografiar sirve para olvidarse de la verdadera realidad, viviendo una vida ceñida a la estética callejera. También sirve para entender el mundo anárquico y secreto del mundo de los animales.

En un mundo donde el fotolibro nace asfixiado, Bestiario es un testimonio de la informalidad y la alegría con la que se hace la fotografía documental; y al mismo tiempo es un alegato contra las ideas congeladas en la mente del artista –esa habitación abstracta y pretenciosa–, el mundo de las probetas y los statements a los que se ha consagrado la fotografía contemporánea.

Con este libro, Cruz –recién integrado al Sistema Nacional de Creadores– le devuelve a la fotografía la gracia, la insolencia y la libertad. También nos recuerda que, en palabras de Fadanelli, “el pasado es una suma de sensaciones que se hacen llamar memoria”.

Bestiario se vende en las librerías Educal y tiene un precio de 140 pesos.