El ‘Guerrero Chimalli’, de Sebastián, una imposición

La escultura ‘Guerrero Chimalli’, de Sebastián, erigida en Chimalhuacán, Estado de México.
Foto: Google Maps

MÉXICO, D.F. (apro).- Durante el V Festival Internacional de la Imagen (FINI 2015), realizado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en la ciudad de Pachuca, el artista plástico Miguel Ángel Ledezma Campos (Ciudad de México, 1973) revivió la polémica sobre la gigantesca escultura ‘Guerrero Chimalli’, de Sebastián, erigida en Chimalhuacán, Estado de México.

El pasado miércoles 20, el egresado de la maestría en Artes Visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y profesor de tiempo completo en la licenciatura en Artes Visuales de la UAEH, dictó la conferencia denominada “Monumentos y Antimonumentos”, en la que afirmó que las estatuas se han convertido en “aparatos ideológicos del Estado”.

Muchos de los monumentos colocados en plazas públicas, sea de motivos históricos o artísticos, dijo, ni siquiera tienen valores estéticos o reflexivos, pero son adquiridos por los funcionarios públicos y políticos para justificar gastos, y acaban siendo una imposición a la comunidad receptora.

Por esa razón, apuntó, en lugar de significar algo para la población que los ve todos los días, esos monumentos acaban convertidos en una distracción y hasta en una ofensa o un estorbo. Es el caso de “las esculturas públicas de expresidentes que la población ha ido a derrumbar, escupir, grafitear o simplemente ignorar y convertirlas en basureros, como respuesta”.

El artista planteó la necesidad de repensar las relaciones entre escultura y arte público, e hizo su crítica al ya impugnado y tristemente célebre ‘Guerrero Chimalli’, del chihuahuense Sebastián, también autor de ‘El Caballito’, ubicado en Bucareli y Reforma, en la Ciudad de México. Preguntó si la escultura realmente tiene valores artísticos y expresó su opinión en el sentido de que se trata de una pieza impuesta:

“Los 34 millones de pesos que costó el ‘Guerrero Chimalli’, asentado en medio de un entorno urbano caracterizado justamente por su dificultad al acceso a la mayoría de los beneficios sociales, podrían haberse usado en algo más relacionado con lo que la gente quisiera ahí. En éste, como en la mayoría de los monumentos, hay una especie de choque, porque obligan a una relación con ellos, pero ¿qué significan?, ¿qué expresan? Lo que expresan es la manipulación o usurpación de la identidad de los monumentos por parte del Estado, para hacer más tolerable la realidad de los habitantes, para que se entretengan en medio de su pobreza; que sea como una distracción de la realidad. Es lo que pretende la política cultural. De modo que esto quiere decir que cada monumento que es impuesto por el gobierno en turno en un espacio urbano es una acción violenta, aunque sutil, de imposición ideológica.”

Y remarcó: “El monumento al ‘Guerrero Chimalli’ es el ejemplo del monumento a la pobreza de los habitantes de Chimalhuacán; significa que el Estado está consciente de las condiciones de inequidad en que viven, significa que deben sentirse orgullosos de su pobreza y que deben conformarse con el salario que ganan y las jornadas extenuantes que trabajan; aguantar condiciones de vida inaguantables. ¿Cómo se podrían haber gastado más de 30 millones de pesos en arte público? Pero lo que ofrece la obra pública en arte, o son murales o son este tipo de esculturas. Ya en un caso más flexible, graffittis, cuando mucho, pero con el guión ya impuesto, ya sea de glorificar al gobierno o hacer estampitas de la historia oficial, o arte abstracto que no dice nada, es sólo una acumulación de material ahí.” Según el profesor, el arte público debe invitar a reflexionar, aunque lo que quieren los gobernantes que lo compran es que sean sólo para mirar y ayuden a olvidar la realidad. Son “esculturas avecinadas forzadamente, inútiles, artísticamente pobres… están cumpliendo la función de justificar el gasto que el Estado dice realizar en arte”, subrayó.

Ya la crítica de arte del semanario Proceso, Blanca González Rosas, había escrito en su columna del 17 de enero de 2015 que mientras en el extranjero hay propuestas inteligentes, lúdicas y sobrecogedoras de escultura pública, en México “se derrochan recursos públicos para promover propuestas caducas, costosas y fachistas.”

Titulada “Monumental en su mediocridad”, su columna de esa fecha calificó de “patéticamente ridículo… el enorme ‘Guerrero Chimalli’”, inaugurado en diciembre de 2014 en el “deprimido” municipio de Chimalhuacán, Estado de México, financiado con recursos del gobierno de Eruviel Ávila.