Mancera, dispuesto a pactar una candidatura común con AMLO

Mancera, el rumbo extraviado, nuevo libro de Raúl Monge.

En el nuevo escenario político que vive la capital del país tras los comicios del domingo 7, el futuro del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Mancera, se antoja complicado, sobre todo para su proyecto presidencialista. En su libro de reciente aparición, titulado Mancera. El rumbo extraviado, el periodista Raúl Monge, editor en jefe de la agencia informativa Apro, analiza las posibilidades de este político que quiere quedar bien con todos pero al mismo tiempo desdeña la militancia partidista. Mancera le confía a Monge que él podría incluso sentarse a “negociar” una candidatura común con Andrés Manuel López Obrador… Aquí se adelanta una parte sustancial del volumen, que publica la editorial Planeta.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- […] Miguel Ángel Mancera tiene clara la ruta que seguirá de aquí al 2018:

En primer lugar, mantener la gobernabilidad en la Ciudad de México; en segundo, no confrontarse con sus adversarios políticos y, menos aún, con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y, en tercero, transformar al PRD a través de nuevos liderazgos, menos corrupción y más transparencia.

A pesar de que sus bonos con el electorado han bajado drásticamente, Mancera sabe, incluso, que si sus planes se logran está abierta la posibilidad de que pueda tener como adversario, en 2018, al fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con quien, anticipa desde ahora, podría sentarse a negociar una candidatura común.

“Los momentos hay que esperarlos, pero te adelanto que si llegara a presentarse esa situación, ni él ni yo seríamos distantes en poder platicar. Con el licenciado Andrés Manuel López Obrador he tenido una relación de respeto, de mucho respeto. Lo considero un político íntegro, de una sola pieza. Desde que lo conozco, en 2002, siempre ha sido igual. Si ambos llegamos al 2018 veremos si se da una competencia, él con su línea y yo con la mía.”

–¿Podrían juntarse ambas líneas en un momento dado, como sucedió en 2012 con López Obrador y Ebrard?

–Pues, podrían juntarse en un momento dado, ¿por qué no? –responde.

Atado de manos por la falta de recursos y sin una línea clara de gobierno, Mancera descarta que su futuro político y el de la izquierda dependan de los resultados de los comicios intermedios de junio.

–No, mi futuro no. Las elecciones de junio pueden ser un referente muy importante del humor social, nada más. Nos va a permitir conocer con quiénes vamos a interactuar.

[…]

Con el estandarte de gobernante sin partido, Mancera comparte y departe sin ataduras con todo mundo por igual, trátese de quien se trate, incluso priistas que en el pasado desataron una embestida contra el partido que ahora lo arropa sin ser militante, el PRD.

Por ejemplo, el 13 de julio de 2013 fue invitado a la fiesta de cumpleaños de la secretaria de Turismo del gobierno federal, la guerrerense Claudia Ruiz Massieu. La fiesta se efectuó en la residencia de la mamá de la festejada, en Las Lomas de Chapultepec.

Seguido de su secretario particular, Luis Ernesto Serna, Mancera se fue directo hasta donde se encontraba Claudia para felicitarla. Ahí estaba la madre de la funcionaria federal y el mandatario capitalino aprovechó la ocasión para saludarla y cruzar unas cuantas palabras con ella.

Antes de moverse hacia otro lugar, se topó con otra cara conocida, la de Raúl Salinas de Gortari, el llamado hermano incómodo, recientemente exonerado del último delito que pesaba en su contra: enriquecimiento ilícito, por lo que la PGR tuvo que devolverle sus cuentas bancarias aseguradas durante el proceso.

Fiel a sus principios de llevar la fiesta en paz, Mancera no pudo eludir la mano extendida del tío de Claudia, por lo que se vio obligado a corresponder y darle un fuerte apretón.

Luego de departir un rato, Mancera decidió retirarse y cuando ya se encaminaba hacia la salida del jardín una mano lo pescó por el brazo derecho. Por puro reflejo, el jefe de Gobierno de la capital giró la cabeza y quedó muy sorprendido al percatarse de que se trataba, nada menos, que del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

–¿Cómo está usted, jefe de Gobierno? Qué bueno que vino, nos da mucho gusto tenerlo aquí –expresó Salinas, sin soltar del brazo a su interlocutor.

Mancera respondió al saludo con un simple “Bien, muchas gracias”. Lo mismo hizo con los hijos y la nuera que acompañaban al exmandatario.

Con su peculiar estilo de hablar, Salinas lo jaló hacia él y le susurró casi al oído:

“Le deseo que le vaya bien, porque si le va bien a usted nos va bien a nosotros.”

–¿Qué otra cosa conversó con Salinas?

–Sólo eso, todo fue muy rápido. Había que hacer un recorrido muy largo para llegar al jardín. Entrabas, había como un salón y luego te pasaban a un elevador y después a un segundo elevador y bajaban hasta un jardín. En el jardín había mucha gente y yo busqué a Claudia porque me tenía que retirar.

En algunas columnas políticas se ha especulado incluso que Mancera tiene un acuerdo político con Salinas de Gortari.

Mancera niega esas versiones.

“Te lo voy a poner así. A cuanto evento voy –social y no– saludo a todos, al Jefe Diego me lo encontré en el cumpleaños de Isaac­ Chertorivski, estuve platicando largo rato con él, tiene historias muy interesantes. Ahí también saludé al expresidente Felipe Calderón, a quien luego me volví a encontrar en Washington y en el aeropuerto. Con todos platico, y platico bien, incluso los reconozco. Me parece que son personajes de la vida política del país para los que uno debe tener siempre un saludo.

–¿A pesar de su fama pública y de sus antecedentes?

–Yo no estoy estableciendo ningún tipo de alianza o de trabajo común, pero me parece que todo mundo merece un saludo y un respeto.

En la conversación resulta ineludible tocar el tema de su cercanía con Peña Nieto, con quien se ha reunido en privado no menos de 10 veces durante los dos años de su gestión.

–La verdad es que el presidente es una persona cordial. Desde que lo conocí cuando era gobernador, y yo procurador, me llamó la atención por su personalidad (…). Peña era un gobernador atento, que te saludaba.

“Ya como jefe de Gobierno no ha sido diferente. El tema más delicado que he tratado con él ha sido el de los maestros, cuando se plantaron en el Zócalo casi 20 días. Siempre estuvimos hablando, yo le hice saber que mi postura era contraria al uso de la fuerza pública. Le dije que estaba consciente del costo político que representaba para mí esto, pero que también estaba convencido de que no había que usar la fuerza. Peña lo entendió y compartió mi posición. Fue cuando se tomó la decisión de buscar por todos los canales una solución negociada.”

–Peña entendió su posición.

–Sí. La Ciudad de México siempre ha tenido una posición que se escucha, en todos los temas.

–Pero las señales que manda su gobierno no son de coordinación, más bien parecen de subordinación.

–Mira, la única diferencia que yo veo es que todo se hace a la luz del día, no en lo oscurito como antes. Esa es la diferencia.

–El punto es que hacia afuera su gobierno no se diferencia del de Peña, parecen lo mismo.

–El gobierno del DF se concentra en lo social. Destinamos a ese rubro 60% del gasto, por lo que tenemos que ver cómo operamos lo demás.

–Está claro que eso es lo que da votos, pero el electorado busca alternativas de gobierno, no más de lo mismo –se le hace notar.

–La parte social te permite cumplir con una función que es muy clara; el bienestar de las personas. ¿Para qué quieres ser gobernante?, esa es la primera pregunta. Yo creo que es para que la ciudad esté bien, para que la gente viva bien. Si no tuviéramos aquí los programas sociales y no los cuidáramos, tendríamos una situación de crisis social como en otros estados del país.

“Si en este momento ya estuviera terminando mi gobierno y me dijeran, ¿cuál es la primera recomendación que haría a su sucesor?, sin lugar a dudas le diría que no descuidara los programas sociales y que tratara de fortalecerlos.”

Con todo y eso, se le hace ver que una de las principales críticas a su gobierno es que no es de contraste.

Mancera se justifica: “Las distancias están marcadas, nada más que hay gente que no las quiere ver. Sólo hay que ver la seguridad, los servicios públicos, el transporte que tenemos aquí con otros lugares. Estoy de acuerdo en que el gobierno capitalino tiene que marcar diferencia, pero no lo va a hacer con enfrentamientos verbales. Yo así lo creo. El discurso para mí no va a cambiar. Lo que me importa ahorita es que la ciudad esté bien, que gane en infraestructura, que los programas sociales se consoliden y que la Ciudad de México sea referente en todo eso. Es eso lo que me interesa, no el ruido, no el conflicto.

–Cárdenas, López Obrador y Ebrard se preocuparon en su momento por tratar de marcar diferencia. En usted no se ve esa línea.

–La Ciudad de México era de otro color, ahora no; por un lado, y por el otro, el enfrentamiento verbal. Llevamos dos años, todavía no podemos decir si nos llevamos bien o no. Si hay que levantar la voz, lo haremos.

–¿Por qué no se le escuchó levantar la voz cuando el PRD suscribió el Pacto por México?

–Yo dije que no estaba de acuerdo con el Pacto por México. El Pacto por México para la Ciudad de México era la reforma política.

–Pero ni siquiera cumplieron su palabra.

–Espérame, esto todavía no se acaba. Llevamos no sé cuántos años esperando a que se consolide la reforma.

Lo que sí admite es que sí le preocuparía que no saliera este año.

–En el escándalo de la Casa Blanca no se escuchó la voz tampoco de Miguel Ángel Mancera.

–Yo quiero combatir primero la corrupción en la Ciudad de México. En su momento dije que ese asunto tenía que aclararse, que era algo que tenía que explicarse al pueblo de México. Me parece que todo lo demás podría ser estridente. Yo no quiero disputar una forma de ser y una característica que es propia de quienes ya son así. La posición radical no la puedes simular.

–Lo que quiere decir es que no quiere pretender cometer el mismo error que López Obrador, caer en la estridencia, en la confrontación.­

–Él tiene, y siempre ha tenido y tendrá, muchas posibilidades de llegar a la Presidencia. Tiene una forma de ser que nunca ha cambiado. El problema es cuando quieres mimetizarte. La política, explica, no es de estereotipos.

Mancera destaca luego que la luna de miel con el gobierno federal le ha redituado frutos al Distrito Federal, a través de las participaciones federales. Dice que ello le ha permitido operar muchos proyectos y planes programados, por lo que desecha cualquier posibilidad de entrar en una línea de confrontación con la federación.

–Está claro que usted quiere quedar bien con todos.

–No, yo tengo mis objetivos y tengo que cumplirlos. Me interesa ampliar la infraestructura de la ciudad y la consolidación de los derechos sociales, sobre todo el cuidado de los niños.

Sin ser militante, Mancera habla luego del PRD y de la necesidad de renovar los liderazgos.

–Yo quisiera pensar, para bien, en el esquema de que puede ir hacia una transición. Veo que todavía hay gente que quiere votar por el PRD y también tengo claro que otra parte del PRD se fue a Morena. Aquí la ecuación es muy sencilla: o estás en el PRD o estás en Morena. Los otros partidos no jalaron gente del PRD, Morena sí. La pregunta es qué tiene que hacer el PRD para no extinguirse. Primero, demostrar que no vas a estar en la línea de la corrupción. Por eso la insistencia de que los candidatos a puestos de elección se sometan a exámenes antidoping, de que transparenten su patrimonio y de que se sometan a la lupa de la honestidad.­

Mancera reconoce que la tarea no es fácil, que el PRD está dominado por un grupo –Los Chuchos, de Nueva Izquierda, sus aliados– que se resiste al cambio.

–¿En ese grupo se está apoyando para llegar al 2018?

–Yo más bien quiero plantear cuáles van a ser las reglas. Esta es nuestra última oportunidad, el último llamado; si no lo atienden, quién sabe cuál vaya a ser la reacción de la gente. En el PRD ya no tienen cabida liderazgos que se resistan a trabajar por la gente, a acatar las reglas.

En lo que va de su gestión, Mancera ha vivido momentos ásperos por decisiones y acciones de su gobierno que se han reflejado en las encuestas. “Sí, sin duda, mi popularidad ha de estar bajita en este momento. Pero es parte del costo por gobernar una ciudad como ésta”.