Leñero en el ciclo “Leo… Luego existo”

Vicente Leñero en un retrato de 2001.
Foto: Joaquín Cato

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Con la lectura de tres fragmentos de sus libros Sentimientos de Culpa: relatos de la imaginación y de la realidad, Gente así: verdades y mentiras y Los albañiles, la pareja de actores Eugenia Leñero y Jesús Ochoa rememoraron al escritor y periodista Vicente Leñero (1933-2014), hoy al mediodía en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

El acto formó parte del ciclo de lectura en voz alta “Leo… Luego existo”, organizado mensualmente por la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Y fue una especie de remanso en el bullir de la explanada que congregó a cientos de personas, entre quienes instalaron un campamento para recordar a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, la larga fila para ver las exposiciones de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel en el Museo del Palacio y los asistentes al concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Actor de cine y de teatro, Ochoa –esposo de Eugenia y yerno de Vicente Leñero– abrió la lectura con el relato “Están atracando a un viejo”, incluido en el primer libro, en el cual el periodista fundador del semanario Proceso relata su mala experiencia en Madrid, en donde fue asaltado a plena luz del día y por la avenida principal Gran Vía.

Alternó Eugenia Leñero con “Belén”, dedicado a su hija Jesusa, nieta más pequeña de Leñero, que recrea los avatares vividos por Jesús y María en el alumbramiento de Jesucristo pero en una época contemporánea.

Ochoa, padre de la niña, relató posteriormente que él adaptó el cuento para un cortometraje y se presentó en televisión como parte de las transmisiones especiales durante los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, en las cuales él colaboraba con el cronista deportivo José Ramón Fernández.

Recordó que su temática provocó críticas “de la derecha”, pero “no nos asustó”, aunque “nos corrieron de TV Azteca”.

La tercera lectura fue un monólogo del personaje Jacinto de Los Albañiles, escrita en 1963, que obtuvo el Premio Biblioteca Breve.

Al final de la lectura, hubo un intercambio de ideas con el público, que casi llenó la Sala Ponce, y entre el cual se encontraba Isabel Leñero, también hija del escritor.

Un asistente preguntó cómo era Vicente Leñero como padre, lo imaginaba, dijo, siempre contento y al pendiente de sus hijas.

Ochoa bromeó y dijo que con sus hijas (Estela, Isabel, Eugenia y Mariana) sí era así, “a los yernos nos chingaba”.

De manera emotiva, Eugenia lo evocó como “una gran persona”. Ella, dijo, colaboró con su padre hasta sus últimos días como su asistente, llevándole el correo, transcribiendo sus colaboraciones para la Revista Universidad de la UNAM a la computadora pues nunca le gustó escribir en ella, lo hizo siempre en máquina mecánica y al final en manuscrito.

Otro de los asistentes preguntó si Leñero había sido el “alter ego” del también fundador de Proceso, Julio Scherer (1926-2015), una “parte de su inteligencia” o “su superasesor”.

Eugenia Leñero dijo al respecto que ambos se complementaban, eran muy diferentes, se respetaban mutuamente y les interesaba la forma de ser del otro, por eso “hicieron tan buena mancuerna”.

Ochoa señaló que incluso al fundar el semanario hicieron el pacto de que se retirarían a los veinte años:

Al cumplirse el plazo “Julio no quiso y Vicente lo obligó, se complementaban, eran el dúo dinámico”, terminó bromeando de nuevo.