¿Arte sin arte?

Parece que los nuevos modelos de negocio artístico tienden a diluir la relevancia de la obra de arte. En la tercera edición de la Gallery Weekend México, realizada en esta ciudad del pasado viernes 18 al domingo 20, las galerías OMR y Arroniz Arte Contemporáneo presentaron dos propuestas que, si bien sobresalieron por su audacia creativa, también develaron un cambio en el uso y valor simbólico del objeto artístico.

Con base en la transición generacional de su dirección curatorial y la mudanza a un nuevo espacio, la OMR organizó una muestra centrada en la exposición como protagonista. Diseñado curatorialmente como una acción para exhibir la acumulación de obras, documentos y material bibliográfico que ha generado la galería desde su apertura, el proyecto titulado Plaza Río de Janeiro 54, 1983-2015, centra la atención en el impacto de la museografía.

Escenografiada como una gran bodega que ocupa todas las habitaciones del inmueble –tanto públicas como privadas–, la exhibición esparce entre archiveros y muros obras de artistas nacionales y extranjeros. De gran relevancia en la construcción de la escena mexicana del arte contemporáneo durante los últimos años del siglo XX, la OMR tiene una historia que no merece reducirse a una atractiva, divertida y simple acumulación.

Bajo el título For sale Detroit (Detroit a la venta), la exposición de Arroniz, sin proponérselo, cuestiona el sentido y el uso del arte contemporáneo. Concebido por el fotógrafo estadunidense Mark Powell (1968), el proyecto se sustenta en un inteligente discurso que, aun cuando vincula la imagen fotografiada con la especulación del mercado inmobiliario y la economía del arte, en realidad se trata de una propuesta de financiamiento indirecto para proyectos artísticos. Constituida por cuatro fotografías de gran formato del mismo número de casas abandonadas en la ciudad de Detroit, la propuesta consiste en que, al comprar la imagen, también se adquiere la transferencia del título de propiedad del inmueble fotografiado. Sin embargo, la casa adquirida por el precio de una fotografía, deberá utilizarse únicamente como residencia de artistas cuyo financiamiento se sustentará con la venta de otras nueve fotografías más pequeñas y en edición de diez, que ilustran lugares y circunstancias encontradas en los inmuebles.

En su estética, las imágenes se relacionan con el género de la fotografía de ruinas –ruin porn– que se ha desarrollado en los últimos años en la ciudad de Detroit. Declarada en quiebra en julio de 2013, la ciudad se caracterizó por un dramático deterioro urbano y arquitectónico que se convirtió en tema de numerosas imágenes tecnológicas. Con una recuperación financiera que se inició en diciembre de 2014, la ciudad se ha convertido en un imán para industrias y emprendedores creativos, y en este contexto el consumo de la obra que presenta Arroniz provoca el cuestionamiento sobre el valor del arte. ¿Las personas que han comprado las fotografías se interesaron en ellas por su impacto artístico o por la seducción de la especulación inmobiliaria?

Estos dos proyectos confirman que, en la creación contemporánea, el arte no se encuentra en la obra: Se construye en la audacia de sus promotores.