México ante el “capitalismo cultural”

Organizadora junto con diversas instituciones y académicos como Hilario Topete del III Congreso Internacional sobre Experiencias en la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI), realizado en Cuernavaca, Morelos, en septiembre pasado, la antropóloga Lourdes Arizpe advierte que durante ese encuentro se retomó un tema debatible que propone unir las políticas de protección del patrimonio edificado y el intangible.

La académica del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, refiere que la idea ha sido planteada en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) –que cuenta con convenciones para cada tipo de patrimonio–, por países como España y ha sido vista con buenos ojos por el actual director de Cultura del organismo, el español Alfredo Pérez de Armiñán.

En su opinión hay una experiencia que ha dado liderazgo internacional a México en el manejo de cada uno de esos patrimonios tanto en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como en la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Y no comprende por qué varios años después de esto se viene a discutir esa propuesta.

Ve el interés de España en este tema, vinculado a la idea expresada por el entonces presidente de la península ibérica, José María Aznar, de emprender  una “reconquista” de América Latina. Pero considera que la propuesta no tiene posibilidad de ser aceptada por países como Estados Unidos, China o Japón.

Menos aún por las naciones africanas que impulsaron la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, aprobada en 2003, con el propósito de compensar la hegemonía de Europa en la Lista del Patrimonio Mundial edificado.

Ya se ha explicado en varios documentos de la UNESCO, dice la investigadora, la necesidad de contar con diferentes métodos para conservar el patrimonio edificado y salvaguardar el inmaterial. Cada uno tiene su propia lista representativa, y no debe pensarse en subordinar el patrimonio inmaterial al construido, como se está proponiendo ahora.

Para la antropóloga el propósito de España al llevar este tema al debate, es tomar un liderazgo en el tema de la cultura. Recuerda que cuando estuvo Aznar en la presidencia, aquel país dio 90 millones de dólares al sector Cultura y al Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO; cuando entró en crisis siguió aportando dinero a las organizaciones iberoamericanas.

Ello puede conllevar algunos riesgos, y menciona como ejemplo que en el pasado encuentro de PCI de Cuernavaca, comunidades locales expresaron que hay grupos católicos y prohispanistas que “están haciendo lo posible para impedir que se lleven a cabo las celebraciones de origen indígena tanto culturales como cívicas”.

No más burocracia

La antropóloga recibe con agrado el proyecto de creación de la Secretaría de Cultura, presentado por Enrique Peña Nieto al Congreso, pero considera que si México realmente quiere tener una posición de primer nivel en el ámbito internacional en materia de cultura, debe ajustar sus políticas para tener un manejo propio, y no “subordinarse a otros designios, porque ahora la cultura se ha vuelto un tema de primer nivel geopolítico y de mercado internacional”.

Tan importante, agrega, que varios autores hablan del concepto de “capitalismo cultural”, en el cual “los contenidos culturales, las creaciones visuales, el patrimonio edificado y el patrimonio vivo son ventajas comparativas en la competencia entre países, entre empresas y entre partidos políticos.

“Las marcas, los logos, pero sobre todo la creatividad para el futuro depende de fuentes culturales que formen a personas que puedan ser creativas, eso es fundamental.”

Y previene:

“Si una nueva secretaría no defiende estas fuentes culturales mexicanas, tomando toda la fuerza que tuvo la política cultural en el siglo XX, si se le menosprecia y no se crean nuevas fuentes de creatividad, pues mejor que no hagan otra secretaría con más burocracia.”  l