La hora de los pactos

A pesar de que en las elecciones de este domingo 20 en España las encuestas dan por ganador al Partido Popular, éste perdería la mayoría absoluta y los votos se repartirán entre los partidos Socialista Obrero Español, Podemos y Ciudadanos. En los hechos ello implica el fin del bipartidismo que dominó a este país 40 años. Este escenario iné­dito obligaría a las agrupaciones políticas tradicionales y a las emergentes a negociar con el propósito de lograr un gobierno estable, aunque no se descarta que la ausencia de pactos derive en un gobierno débil y una legislatura corta.

Madrid.- Las elecciones generales de este domingo 20 representan el fin del bipartidismo en España. Las fuerzas tradicionales, el Partido Popular (PP) y el Socialista Obrero Español (PSOE), que gobernaron casi 40 años, ahora sufren una importante sangría de votos por la irrupción de los partidos emergentes Podemos y Ciudadanos, que en muy poco tiempo lograron cautivar a millones de españoles molestos por la precariedad económica, el desempleo y la corrupción que aqueja a esas viejas organizaciones políticas.

En la encuesta que dio a conocer el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el jueves 3, y en otra media docena publicadas posteriormente por los medios, el PP y el PSOE no llegan ni a 50% de intención de voto. Ambos perderán entre 79 y 99 escaños, según la encuestadora.

Pese a la fragmentación del voto, prácticamente todas esas encuestas publicadas hasta el lunes 14 –fecha límite para su difusión–, dan por sentado que el PP de Mariano Rajoy será la fuerza más votada, con una intención de voto de aproximadamente 28%; es decir unos 7 millones de votos y 120 diputados, muy lejos de los 176 que le permitirían mantener la mayoría absoluta.

Sobre el segundo, tercer y cuarto lugares hay todo tipo de escenarios que se dispu­tan PSOE, Podemos y Ciudadanos, con porcentajes muy empatados.

El CIS arroja que el PSOE ocupa la segunda posición, con 20.8%, sólo 1.8% por arriba de Ciudadanos (19%).

Como en elecciones anteriores, El Periodic d’Andorra, que se publica en el principado, dio a conocer el miércoles 16 la llamada “encuesta prohibida” sobre las elecciones españolas; se llama así pues se publica en ese país vecino y, por ende, no está sometido a la legislación española que impediría su difusión.

Según ese estudio demográfico, el PP tendrá 25.4% (106-110 escaños); el PSOE bajaría unas décimas para colocarse en 20.6% (81-85 diputados); Podemos arrebataría a Ciudadanos la tercera posición y se queda a un punto de los socialistas con 19.6% (66-70) y Ciudadanos se hunde nueve décimas para quedar en 16.3% (54-58 escaños) como cuarta fuerza.

El PP perdería al menos 3 millones y medio de votos respecto de la elección de 2011.

En aquella votación, Rajoy consiguió mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, con 186 escaños, que le permitieron imponer esas medidas de su política económica que acentuaron la desigualdad, con duros recortes que ensancharon el empobrecimiento de las clases medias, un éxodo de jóvenes altamente calificados que migraron a otros países o una reforma laboral que contuvo el aumento del paro, pero a cambio de crear 1 millón de nuevos empleos tan precarios que hoy existen contratos temporales en los cuales los trabajadores son empleados por días o por horas.

Este escenario político inédito en España obligará a los partidos de antaño y a los “amateurs” a sostener negociaciones y debates para lograr un gobierno estable. Pero es tan incierto que no se descarta la ausencia de pactos y que a partir del próximo 14 de enero España tenga una legislatura más corta, por la presencia de un gobierno débil y carente de apoyos suficientes para gobernar e impulsar reformas.

Adiós al bipartidismo

Por ser una monarquía parlamentaria, el modelo español permite que se puedan formar pactos de investidura, de gobierno o sobre temas de política específicos, ya sea entre la fuerza más votada en conjunción con otras o bien entre el segundo partido más votado con la suma de otras fuerzas.

Es decir, Rajoy no podrá formar un gobierno en minoría, ni con el apoyo de fuerzas como el Partido Nacionalista Vasco o con la eventual abstención de Ciudadanos –en una segunda vuelta de votación parlamentaria–. Requiere el apoyo explícito de las fuerzas más votadas para formar gobierno.

Los estrategas del PP reconocen que el escenario no es el óptimo, porque necesitan conseguir el respaldo explícito de Ciudadanos, más cercano a su esfera ideológica, por ser un partido que se presenta como de centro-derecha.

En su edición del jueves 17, el semanario británico The Economist no se anduvo por las ramas: En un artículo titulado “¡Feliz Navidad España!” advierte que “si The Economist pudiera votar, lo haría por Ciudadanos”. Y sugiere al partido de Albert Rivera que pacte con el PP tras las elecciones de este domingo, porque “harían más que el PP para profundizar en las reformas económicas”.

Señala que pese a haber estado “noqueada” por la crisis, España es un “país del todo brillante” y habla de las bondades de la política de Rajoy, como la caída del desempleo, la “robusta” confianza del consumidor, la reducción “a la mitad del déficit” que lo hacen más “competitivo”, como consecuencia de las reformas.

El semanario plantea que “Ciudadanos es la respuesta más constructiva frente a la crisis del euro” y que sus asesores proponen “muchas políticas que España necesita”. Según The Economist, Ciudadanos puede ayudar a profundizar las reformas que exige Europa como la reducción de duplicidades administrativas o implantar un contrato único.

Resalta que Albert Rivera, el líder y candidato de Ciudadanos, puede tener el “voto de calidad”, porque aboga por la independencia del Poder Judicial, es contrario a la salida de Cataluña de España y quiere “construir en lugar de amenazar” los logros de la democracia.

El influyente semanario pide a Rivera que resista la “tentación” de formar gobierno en una posible coalición de centroizquierda, que estaría liderada por un “débil” socialista Pedro Sánchez y con la presencia de Podemos.

Recuerda que los socialistas prometieron en campaña dar marcha atrás a la reforma laboral de Rajoy, tan alabada desde Europa.

En cambio, sugiere, una alianza con Rajoy comprometería al nuevo gobierno a adoptar “la agenda anticorrupción” que Rivera propone y con ello frenar el “aumento del populismo”.

En una charla informal el martes 15 con los periodistas que siguen su campaña, Rajoy habló de esta posibilidad, al reconocer que no tendría votos suficientes para formar gobierno, pero aspira a formar un pacto estable para la nueva legislatura y no solo pactos puntuales.

Aunque evitó hacer referencia directa a Ciudadanos, advirtió que España necesita estabilidad política y que el mejor modo de conseguirlo es un acuerdo de legislatura que garantice la aprobación de los presupuestos y de las leyes más importantes.

“Para España es importante que haya estabilidad política, si no es muy difícil manejarse. Que se pueda llevar a cabo un programa de gobierno”, dijo Rajoy en esa charla, publicó el diario El Mundo.

“Si no hay acuerdo de gobierno por lo menos tiene que haber algún tipo de acuerdo. Vamos a ver cómo quedan las cosas, pero España necesita estabilidad. Hay muchas reformas que hacer”, añadió.

Sin embargo, Rivera se niega a esa posibilidad. Reconoce que sería su tumba política ceder a un pacto, sobre todo por las duras críticas que en campaña le lanzó al gobierno de Rajoy.

El miércoles 16, antes de iniciar un acto en Santander, Rivera dijo que un pacto como el que demanda Rajoy sería imposible. “Sería defraudar a mucha gente seguir defendiendo un modelo de España PP-PSOE o PSOE-PP. El ‘y tú más’, el insulto, la falta de reformas, el agravio… no hemos llegado hasta aquí para que todo siga igual”, afirmó.

Un día después, en una entrevista con El País, Rivera fue más explícito: “La única manera de que haya estabilidad en España es que gobierne Ciudadanos. Un pacto de PSOE con Podemos y separatistas, como propone Pablo Iglesias para hacer un referéndum independentista, no lo dará. Y la verdad es que Rajoy se ha ido cerrando todas las puertas, incluso entre parte de su electorado, al no reformar nada.

“España le está dando la espalda al bipartidismo y nosotros no vamos a hacer que esos millones de votos del cambio vayan a garantizar precisamente que no haya ningún cambio. Lo reitero: no vamos a apoyar a (el socialista Pedro) Sánchez ni a Rajoy. Hay que forzar un cambio con los votos de Ciudadanos. Es el mejor instrumento. No contemplo apoyar una investidura, ni de Sánchez ni de Rajoy.”

La posibilidad de un pacto PSOE-Ciudadanos también se sopesa como posible. La analista política Soledad Gallegos escribió en la revista digital CTXT (Contexto), que “las encuestas mantienen también de manera estable” esa posible alianza, que “arrojará, en cualquiera de los casos, un número mayor de escaños que los que obtenga el PP” y que puede “lograr una mayoría absoluta”. Sin embargo, la condición es que “los socialistas consigan colocarse por delante de Podemos”.

Sin embargo, el PSOE muestra evidentes signos de debilidad y su candidato no logró destacar, salvo en el último debate cara a cara con Rajoy, el miércoles 16, donde opacó al presidente documentando los nocivos efectos de la política económica en la ciudadanía y lo acusó por ser complaciente con los casos de corrupción y, por ello, no ser un político decente.

Rajoy también inició una campaña del miedo advirtiendo que se fraguaba un “pacto de perdedores”, es decir, un supuesto “tripartito” entre el PSOE, Ciudadanos y Podemos para “desbancar al PP como la fuerza más votada”. Este escenario tampoco está descartado, aunque en campaña ninguno de los líderes quiso abrir sus cartas, hasta llegados los comicios.

“Operación Menina”

Los contrincantes de Rajoy –Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera– repitieron durante toda la campaña que el mandatario, quien busca la reelección, no parece capaz de liderar a España ante el complejo escenario que el país enfrenta.

Señalan que Rajoy carga con el lastre de la economía y la corrupción en su partido.

En el debate que protagonizó con Sánchez, Rajoy salió mal parado. El socialista le recordó que se le conoce como el presidente “del plasma”, en referencia a que en su primer gobierno en La Moncloa ofreció conferencias de prensa emitidas para los periodistas desde un televisor de plasma en la sala de prensa y sin preguntas.

Aun así, el presidente hizo una campaña que se centró sólo en los datos económicos que considera favorables, como un crecimiento de la economía en 3.1%, el freno al desempleo y la creación de un millón de puestos de trabajo y las supuestas mejoras a las pensiones, pese a que está documentado que gastó 50% del ahorro de las pensiones.

Con el lema “España en serio” y vendiendo la “estabilidad” y la “experiencia” que puede darle a los españoles la reelección de Rajoy, el PP diseñó una campaña en la que planteó la idea de que el país “se la juega”, porque si hubiera un cambio representaría “dar marcha atrás hacia las recetas fracasadas del PSOE en el pasado”. También prometió la creación de 2 millones de empleos de aquí a 2020, explicó Jorge Moragas, responsable de la campaña.

Sin embargo, la figura de Rajoy se vio vieja frente a sus opositores, sobre todo ante Iglesias y Rivera, quienes tienen una potente presencia en entrevistas y debates en auditorios y en televisión.

Rajoy se enfocó a pasear por las calles y plazas de ciudades intermedias y pequeñas poblaciones tomándose fotos con la gente o jugando dominó para presentarse como un candidato cercano y con el fin de hacer olvidar los tiempos en que se dirigía a los ciudadanos a través del plasma.

Por esa razón se tuvo que apoyar en la figura de su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, una abogada del Estado de 44 años quien además funge como ministra de la Presidencia, es portavoz del gobierno y tiene buena presencia en los medios, con cuyos directivos mantiene un fluido contacto.

El diario alemán Süddeutsche Zeitung la describió como “la Merkel española”, al considerar que es “dura, amable y no tan seca como el jefe de Gobierno Rajoy”.

Iglesias fue quien alertó que estaba en marcha la “Operación Menina” para hacer presidenta a Sáenz de Santamaría en lugar de a Rajoy, como condición de Ciudadanos para formar un nuevo gobierno.

Podrá ser una coincidencia, pero Rajoy declinó acudir a los debates organizados por El País y por Atresmedia (grupo propietario de las cadenas de televisión La Sexta y Antena3). En el primer caso, el diario del grupo Prisa se negó a que Soraya sustituyera a Rajoy en el debate y dejaron su atril vacío, como apareció en su transmisión por internet.

Sin embargo, la joven política conservadora sí se presentó como la cara amable y arma electoral del PP en el debate de las televisoras mencionadas, donde se enfrentó a Sánchez, Iglesias y Rivera.

La sombra de la corrupción

Los estudios del CIS arrojan que la corrupción es la segunda preocupación de los españoles, después del desempleo y la precariedad económica. Sin embargo, Rajoy y el PP poco hicieron para combatirla. De las reformas de regeneración que prometió al principio de su legislatura, prácticamente ninguna cristalizó.

Por el contrario, casos notables de corrupción aparecieron durante su legislatura e implicaron a altos funcionarios de su partido. La lista de casos es conocida: Gürtel, Bárcenas, Púnica, las tarjetas de Caja Madrid y Rato.

Sánchez lo enfrentó con este tema en un ríspido debate el lunes 14. “Si usted gana (las elecciones) el costo para la democracia es enorme, porque el presidente debe ser una persona decente y usted no lo es”, lo acusó el socialista en uno de los más duros señalamientos que ha recibido Rajoy por los casos de corrupción.

Visiblemente enojado, Rajoy se defendió: “No le permito que me acuse. Yo soy un político honrado. Jamás me ha citado nadie en un juzgado” en 30 años de actividad política. “Mis declaraciones patrimoniales son públicas y no estoy en la política por dinero”.

Añadió: “Usted no se recuperará de su frase ruin, no se la acepto, ha sido mezquino, deleznable y miserable y no se recuperará nunca de ella”.

El socialista le recordó los mensajes de texto que Rajoy le envió a su extesorero, Luis Bárcenas, sometido entonces a juicio por corrupción y delitos fiscales, pidiéndole “sé fuerte, Luis”, para “calmarlo y que no dijera las cosas que ahora ha sacado a la luz”.

“Usted dijo que todo lo del caso Bárcenas era falso, y ahora vemos que todo era cierto”, y le criticó que el PP destruyera “a martillazos” los discos duros de las computadoras de Bárcenas, que eran requeridos por los jueces.

En este complejo escenario los españoles saldrán a votar este domingo 20, y les esperan unas duras negociaciones políticas en las fiestas decembrinas y el arranque de 2016. l