Lo que 2015 nos dejó

Para la patria chica y también para la grande, el año recién despedido dejó cuentas divididas, con un saldo claramente negativo, y esto no sólo por la considerable depreciación del peso frente al dólar y otras divisas extranjeras, o la escalada a la baja en los precios internacionales del petróleo, sin omitir la menguante producción de dicho hidrocarburo, sino sobre todo por el flaco desempeño del gobierno federal, que va más allá de la fuga del Chapo Guzmán, y ya no se diga del estatal, este último con unas señas de identidad en que predominan las pifias a las ñoñerías, comenzando por el hueco lema sexenal: “Bienestar, mereces estar bien”, algo que tal vez resulte cierto dentro del círculo del gobernador Aristóteles Sandoval, pues para la inmensa mayoría de los habitantes de esta parte del mundo es pura demagogia o, si se prefiere, demagogia químicamente pura.

Y por lo que hace a las administraciones municipales de Jalisco, en particular a las de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG), como apenas están cumpliendo su primer trimestre de vida, todavía no terminan de dar color, con excepciones muy contadas como el inconcluso proyecto que ha emprendido el alcalde Enrique Alfaro para tratar de resolver el añejo y expansivo problema de los vendedores ambulantes en el centro tapatío, un problema que sospechosamente se agravó durante las administraciones que de manera sucesiva encabezaron tres priistas: Aristóteles Sandoval, el interino Francisco Ayón López y Ramiro Hernández.

En el ámbito electoral de la comarca, lo más destacable de 2015 fue la estrepitosa derrota que en los comicios del 7 de junio sufrieron los otrora “partidos fuertes”, pues tanto el PRI como el PAN se granjearon el desafecto de la ciudadanía hasta el punto de que a ambos les fue como al diablo con San Miguel en las pastorelas: “¡Vencites, Miguel, vencites!”. En esa ocasión las huestes de Movimiento Ciudadano (MC), un partido de nuevo cuño, no sólo se alzaron con la victoria en los municipios más cotizados de la entidad, comenzando por los de la ZMG, sino que también ganaron la mayoría de diputaciones, tanto las locales como las federales.

A causa de ello el gobernador priista Aristóteles Sandoval, quien desde el pasado primero de octubre está sitiado por los cuatro puntos cardinales de munícipes emecistas, se vio en la imperiosa necesidad de hacer cambios en su equipo de gobierno, dejando fuera del mismo –o por lo menos colocándolos a una prudente distancia del Periférico de Guadalajara– a algunos de los que venían siendo sus colaboradores políticamente más beligerantes como es el caso del tal Alberto Lamas, quien llegó a ser una suerte de poder tras el trono (un gobernador bis) pero que a raíz de la derrota priista de hace medio año tuvo que irse con la dizque representación del gobierno de Jalisco a la capital del país.

No muy distinto es el caso de la persona que orgullosamente se autodenominaba “el soldado del señor gobernador”, Sergio Ramírez. Él se llevó la misma encomienda, pero a Puerto Vallarta, para lo que tuvo que renunciar a la dirección del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRT), cargo que ahora ocupa Alberto Mora Martín del Campo, quien desde su flamante puesto muy pronto comenzó a regar alegre y cínicamente el tepache.

A principios de diciembre, Ramírez firmó un contrato con un grupo empresarial de medios capitalino (Radio Fórmula), a fin de que noticieros y programas deportivos de dicho consorcio sean retransmitidos por varias de las radiodifusoras que conforman el SJRT, específicamente los de la banda FM. ¡Lo que faltaba por ver y oír, ahora ya se puede atestiguar cotidianamente en el cuadrante jalisciense: los medios públicos –que operan con el dinero de los contribuyentes y cuya razón de ser es la producción y transmisión de contenidos valiosos desdeñados por la radio y la televisión comerciales– acaban de renunciar a su naturaleza para convertirse en simples repetidores de un grupo comercial (radiofónico y televisivo), al que en la práctica el gobierno de Aristóteles Sandoval le ha relegado, por un tiempo equis, las antaño muy apreciables “emisoras culturales de Jalisco”!

Vale subrayar que el convenio entre el Grupo Fórmula y el SJRT no lo pudo haber hecho el señor Mora Martín del Campo por sus pistolas, es decir, sin el consentimiento de su jefe de jefes (el gobernador de Jalisco) pues quien en teoría funge como “su superior inmediato” –la secretaria de Cultura, Myriam Vachez– sencillamente no pinta en la toma de decisiones sobre la radio y la televisión del estado.

Más allá de los eventuales motivos políticos que el gobernador Aristóteles Sandoval haya tenido para permitir la entrega parcial de la programación del SJRT al Grupo Fórmula, el caso es que, por acción u omisión, se echó por la borda el historial de la radio y la televisión que los jaliscienses han pagado, y que en lo sucesivo van a seguir pagando aun cuando Mora Martín del Campo, Vachez y Sandoval les den gato por liebre.

2015, al igual que 2014, 2013 y 2012, vio cómo la llamada Ciudad Creativa Digital (CCD) ha seguido siendo puro jarabe de pico. Dos gobernadores, varios alcaldes y un presidente de la República (Felipe Calderón, en su último año de gobierno) han hablado de un proyecto con el que Guadalajara será la meca mundial de las “industrias creativas”, lo que sea que signifique tal cosa.

Por lo pronto, desde que el entonces presidente Calderón vino a dar la “buena nueva” de que Guadalajara se había impuesto a otras ciudades latinoamericanas que competían por ser la sede de la CCD, han desfilado tres partidos políticos (PAN, PRI y MC) y es hora que la grenetina de ese “megaproyecto” no cuaja, de tal suerte que el deteriorado entorno del parque Morelos, donde dicho portento habría de ubicarse, sigue tanto o más ruinoso que como lo dejó Alfonso Petersen Farah, el último alcalde panista de Guadalajara que el año pasado devino regidor del mismo municipio.

Otro proyecto quimérico, cada vez más olvidado, que pasó todo 2015 durmiendo el sueño de los justos, lo mismo que los dos años anteriores, es el del llamado Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, proyecto que se sacaron de los forros varios negociantes de la comarca, en su faceta de mecenas fementidos, dizque para reemplazar al fallido Guggenheim de Guadalajara y para poner a la capital tapatía en el mapa internacional de las musas. Lo peor del caso es que ese museo nonato, del que sólo existen unos sórdidos muros, ha significado la pérdida de una gran extensión de un parque público que era muy agraciado (el Mirador Independencia), pues en su turno como alcaldes de Guadalajara tanto el panista Petersen Farah como el priista Aristóteles Sandoval autorizaron la mutilación de dicho parque.

Tampoco pudo ser habilitado en 2015 el nuevo Mercado Corona, por más que el exalcade Ramiro Hernández lo haya inaugurado, con placa conmemorativa y todo, hacia fines de septiembre, pocos días antes de entregar el cargo. El problema fue que ni la obra estaba concluida y los sótanos del inmueble, destinados para el área de estacionamiento, literalmente nadaban en el agua.

Pero quien en 2015 siguió sacándole dinero al gobierno estatal, a varios gobiernos municipales y a otras dependencias e instituciones públicas, así como a su alma mater, es la misma persona que funge como mandamás de la Universidad de Guadalajara (¿eres tú, Raúl?). Un año sí y otro también, él solicita –y en la mayoría ocasiones obtiene– dinero del erario para sus empresas culturales pero sobre todo pseudoculturales, en detrimento de la verdadera razón de ser de una universidad pública.

Y para 2016, que apenas comienza, más vale no hacer pronósticos, pues siempre será preferible –sobre todo menos riesgoso– ser historiador que profeta.