Por amor al arbitraje

La árbitro internacional certificada por la FIFA Lucila Venegas relata a este semanario cómo llegó al futbol, cuándo sancionó su primer partido como amateur y cuáles fueron sus mejores experiencias profesionales. Pero también describe las presiones a las que está sometida una silbante y las expectativas en su vida profesional.

Lucila Venegas Montes, de 36 años y originaria de Guadalajara, es árbitro profesional desde hace 12 años y está acreditada por la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA).

Debutó en la liga de Ascenso MX en el partido de Cimarrones de Sonora FC contra Lobos BUAP, el 26 de agosto de 2016. Cuenta con experiencia nacional e internacional, ya que participó en 150 partidos en Tercera División, 50 en la Segunda, 25 y 20 en las categorías Sub-20 y 17, respectivamente, así como en la liga MX Clausura 2017.

Asimismo arbitró en la Copa del Mundo Femenil Sub-20 en Japón, 2012; en las copas mundiales femeniles Sub-17, en Costa Rica 2014, Canadá 2015, y en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Venegas admite que no ha sido fácil ser árbitro. “Hablar de futbol es hablar de la cultura del mexicano, de ir a mentar madres, de gritarle al árbitro, entonces es una parte difícil. Pero es un reto ir, que te acepten, vender tus decisiones… y al decir ‘vender’ es que sean convincentes y tengan todos los elementos para que te crean, prepararte”.

Su carrera comenzó en 1999, cuando ingresó a la licenciatura en Cultura Física y Deportes. En septiembre de ese año, una amiga de la facultad empezó a laborar para la liga Cordica de estudiantes y la invitó a ser árbitro. “Me dijo: ‘Tú nada más te paras ahí y dices que has arbitrado’. Yo jugaba en el equipo de futbol de la universidad (…) pero es diferente jugar que arbitrar”.

Antes de entrar al campo de futbol leyó a vuelo de pájaro las reglas de arbitraje. En tono jocoso relata:

“Fue un desastre el partido. Era una categoría 99, tenían seis años los niños. Anulé un gol que no debía, di uno que no era, marqué un penal que no era… Los papás me gritaron hasta de lo que me iba a morir. Dije ‘esto está bien difícil’ (…) Recuerdo que me pagaron 80 pesos por el partido. Son los 80 pesos más difíciles que me he ganado en la vida.”

Se ríe al acordarse, pero esa vez el entrenador tuvo que sacarla del colegio en su moto para evitar que la agredieran los padres de familia.

A partir de ese partido se enganchó a la profesión. Le tocó ser la silbante en muchos juegos llaneros, incluso en colonias peligrosas como Arroyo Hondo. En aquellos partidos “en tierra de nadie” vivió de todo: cierta vez una camioneta pasó “a mitad de la cancha en pleno partido”; otra, el balón se voló y se perdió, por lo que el juego terminó, ya que no había otro. En varias ocasiones los jugadores pelearon y “salieron sangrando”.

En 2003 la misma amiga que la puso en el camino del arbitraje le avisó a Venegas que se iba a impartir un curso para formar silbantes profesionales. Luci, como le dicen sus amigos, se inscribió aunque en realidad pretendía ser maestra.

Después de una evaluación física y técnica a las cinco interesadas, Venegas fue la única que aprobó el curso, que duró año y medio. En abril de 2005 se convirtió en árbitro profesional.

El despegue internacional

En 2007 se realizó un campamento para reclutar mujeres que quisieran ser silbantes. En ese año renunció a su acreditación Virginia Tovar, la primera árbitro central en un partido de futbol de Primera División.

En ese tiempo, comenta Venegas, “había bastantes espacios a nivel internacional que no se estaban llenando y no tenían prospectos. Éramos como 16 mujeres árbitro en todo México, ahora son cerca de 40”. Ella estuvo entre las propuestas para cubrir esos espacios y en 2008 recibió su gafete de la FIFA.

Cuando se hizo público que estaba acreditada, varias instituciones estatales le propusieron recibir un reconocimiento por ser una mujer jalisciense destacada. “Me llamaron y me preguntaron que si me podían entregar un premio. Y yo dije ‘¡Pero si no he hecho nada!’ Me dieron un premio porque me dieron un gafete de FIFA. Yo, feliz, y mi familia también”.

Se lo entregaron el 8 de marzo de 2008, con motivo del Día Internacional de los Derechos de la Mujer.

No obstante, la acreditación permaneció guardada durante dos años. En ese periodo Venegas arbitró partidos en Tercera División. Estaba frustrada. Incluso, relata, en 2010 pensó regresar el gafete puesto que no la llamaban para ningún partido, pero el 8 de marzo de ese año estuvo en el torneo eliminatorio premundial de la Sub17, en Costa Rica.

Al año siguiente la invitaron a ser juez en la Universiada Mundial en China. Con su boleto recorrió la ruta más larga, puesto que fueron 36 horas de vuelo desde Guadalajara a Shenzhen. Iba sola.

“Cuando llegué no sabía si llorar o vomitar (…) Cuando me bajé en Hong Kong dije ‘todo está en chino’, literal. Estaba esperando a que aparecieran los letreros en inglés, pero nada (…) Yo nunca había viajado más que a Costa Rica (…), fue una experiencia muy bonita.”

En 2012 tomó un curso en Vancouver, Canadá, con el fin de capacitarse y competir por la oportunidad de arbitrar en la copa Algarve, un torneo internacional de futbol femenil en Portugal. Fue seleccionada.

En Portugal fue asistida por su compañera de equipo Enedina Caudillo. Ese mismo año fue llamada para arbitrar el mundial de menores en Japón y el trato fue mejor: “Ahora no me dieron la ruta de vuelo más larga y fui en business class”.

En el país oriental las recibieron como si fueran “estrellas de rock o como si fuéramos las jugadoras. Son muy amables, respetuosos”.

Considera que la decisión más polémica que ha tomado en su vida profesional fue un penal durante el Mundial Femenil de 2015 en Canadá.

“Mi primer partido fue Japón-Suiza –rememora–. En ese tiempo cambiaron los procedimientos del arbitraje, tenías que estar en el área (…) Si eres un ser humano consciente, sabes que eso es imposible, pero tienes que hacer tu mejor esfuerzo e intuir cuando va a regresar el balón.

“En el segundo tiempo hubo un robo de balón. Yo ya iba para atrás, la portera (de Suiza) despeja mal y las japonesas, rapidísimas, se dejan ir (…). Pensé que no iba a llegar. Empecé a correr y ya estaba cerca de media cancha, luego cerca del área de penal (…) cuando veo que empieza a correr la portera, (…) alcanza a tocar el balón la chica de Japón y llega la portera con todo.

“Después de que le pega, (la portera) toca la pelota, pero ya la había tocado la chava de Japón. Marqué penal y saqué la tarjeta amarilla. Se levantó toda la banca. Con ese único gol Japón ganó el juego.”

A raíz de esa decisión Venegas recibió insultos y amenazas, incluso en Facebook, y tuvo que cerrar su cuenta. “La gente de otros países te busca y te manda mensajes, te dicen que estás mal, que te vendiste”, dice. Sin embargo, aclara que la entrenadora de Suiza acabó por aceptar que se trató de una decisión acertada.

Menciona que una vez fue agredida físicamente, cuando todavía no era árbitro profesional: “Un jugador me agredió, me golpeó y me dejó la mandíbula hinchada. Después me daba miedo sancionar, duré como tres meses sin arbitrar”. Detalla que el hecho ocurrió en la liga Providencia, de maestros que jugaban en el rumbo del aeropuerto.

Bienvenida la tecnología

Todos los árbitros se equivocan, hasta el más certero, señala Lucila Venegas: “Te vas a equivocar siempre. Somos humanos, no máquinas”.

–¿Qué opina de la incorporación de la tecnología para apoyar al arbitraje?

–Gracias a Dios que está. Mejor para el futbol y para nosotros. Es que hay cosas que no puedes ver a veces. Está a prueba estos dos años (goal line y video assistant referee), pero hay cosas que, como dice mi jefe Massico Busacca –titular del departamento de arbitraje de la FIFA–, a veces todo el estadio sabe, incluso la gente que está viendo el partido por televisión tomándose una cerveza, menos el árbitro.

“El futbol ha cambiado, los jugadores y las jugadoras son muy rápidos. Antes hasta podías caminar (…). Yo creo la tecnología nos va ayudar y a beneficiar al juego con decisiones justas.”

Para ella, las cuatro horas diarias que dedica al ejercicio no representan un sacrificio, sabe que debe mantener su condición física a la par de las jugadoras. Cuando no está en la cancha o preparándose, imparte clases de educación física en el DIF Guadalajara y en escuelas de la Secretaría de Educación.

Entre sus proyectos está participar en un curso para la Concacaf en octubre. En 2018 estaría en Portugal, con miras a los  mundiales, en Francia en 2019 y Tokio 2020. “Cuando empecé dije que yo nada más quería ir a un Mundial de mayores y quiero unos Juegos Olímpicos (ambas metas cumplidas), pero no fue gratis”.

–¿Con el tiempo se borran los nervios antes de arbitrar un partido, en especial cuando se trata de una justa internacional? –se le cuestiona.

–Nunca se borran. Siempre que sales a la cancha, lo haces con el nervio. Creo que es la parte que te mantiene alerta.

–¿Es más difícil arbitrar para hombres que para mujeres?

–A veces es casi igual. Depende a quien le estés arbitrando (…), debes cuidar los detalles, poner distancia. Es difícil arbitrar sobre todo cuando son estrellas, hay jugadores muy disciplinados que sí respetan tu decisión, pero otros no.

–Para las mujeres que piensen convertirse en árbitro, ¿ahora es más fácil el camino?

–Ya es más fácil. Hay muchas chavas que ya están involucradas en esto del futbol, y sobre todo hay más apertura. La Comisión (de Árbitros) nunca les puso un freno, más bien a ellas no les interesaba mucho y preferían jugar.

–¿Hay una edad para retirarse como árbitro?

–Hasta que te alcancen las piernas. Antes eran 45 años, pero ya se quitó. Creo que lo ideal serían cinco años más.

Refiere que el estilo de arbitraje de México es muy diferente al de otros países. Por ejemplo, dice que se debe estar pendiente de que los jugadores no sean tramposos. El mexicano “es muy marrullero: eso que se dejen caer (…) en otros países no se hace o no se hacía.

“Creo que ahora se está haciendo muy homogéneo el arbitraje, porque había mucha diferencia entre un país y otro, sobre todo en México, donde estamos bien rankeados, por lo menos en el arbitraje.”