La escultórica urbana en la “visión de los vencedores”

La ciudad contemporánea, cualquiera sea su nivel de desarrollo económico, político y cultural, es resultado, como espacio construido, de un proceso histórico cuya determinación fundamental es de naturaleza económica. Por supuesto, en este proceso histórico de su urbanización inciden otras determinaciones como las de carácter político, ideológico, cultural, etcétera.

Pero la conformación histórica de una ciudad también deriva de una estructura social dinámica, contradictoria y conflictiva. Todo eso queda plasmado en una impronta de la propia estructura urbana, incluida la metropolitana, de naturaleza clasista y su conflictualidad social.

El hecho es que la cultura material de una sociedad, incluida aquella de carácter simbólico, también va dejando huella. En tal sentido, la escultórica urbana forma parte de esta cultura material que corresponde esencialmente, como percepción estética–formal, a las ideas dominantes de los grupos oligárquicos. La ciudad es hechura, a imagen y semejanza, de quienes detentan, especialmente, el poder económico, y el poder político.

No toda la cultura material tiene un valor patrimonial histórico, aunque la escultórica urbana y los monumentos tienden a constituir este acervo de los bienes culturales públicos. La Guadalajara tapatía y metropolitana dispone de un buen catálogo escultórico y monumentos patrimoniales. Por supuesto, no estamos considerando, por el momento, la destrucción sistemática de patrimonio arquitectónico a lo largo de décadas a partir de mediados del siglo pasado. La supuesta modernidad urbana exige un alto costo en pérdidas de bienes patrimoniales.

La ilusión de la modernidad sigue siendo una ilusión en una ciudad colapsada por una profunda crisis general, sin proyecto ni rumbo. Aunque formalmente no se ha inaugurado, con el triunfo del campeonato de Las Chivas se cortó el listón de la Minerva restaurada que prácticamente aconteció el 28 de mayo por la noche, escenario del festejo apoteótico.

Dicen que cerca de 150 mil personas asistieron al festejo en una Glorieta que se ha vuelto emblemática para los fanáticos, quienes dejaron cerca de 16 toneladas de basura. 150 mil personas podrían protestar por tantos problemas sociales pero el futbol también es el opio moderno de los pueblos. Estos desechos fueron recogidos de inmediato por el servicio de limpia. Aquí sí se preocupa el alcalde Enrique Alfaro Ramírez por mantener la pulcritud, mientras que casi todo el centro histórico es un verdadero muladar, haciendo visible la ausencia de una política municipal de limpieza y sanidad pública. Un alcalde promotor inmobiliario y no servidor público.

Pero ¿qué significa este monumento dedicado a una diosa de la mitología griega, en versión romana, en una ciudad latinoamericana tan alejada de Atenas o Roma por decenas de miles de kilómetros y de historia? Esta diosa representaba para los helenos y romanos la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, además de ser la protectora de Roma y la patrona de los artesanos. No cabe duda de que existen caprichos del poder como fue el caso de Agustín Yáñez siendo gobernador (1953-1959) para elegir una diosa romana para ser emblemática tapatía. Quizá quería convertir a esta ciudad en una Atenas de Occidente del país. La Minerva fue inaugurada en 1956. Dicen que la diosa tienes rasgos faciales indígenas, y de ser así haría más extraño y kitsch este monumento con un sincretismo étnico insólito, pues la escultórica indígena prácticamente está vetada por un racismo velado de las autoridades gubernamentales y la oligarquía local. En la plaza del templo del Expiatorio durante muchos años permaneció la efigie del Tlatoani Cuauhtémoc, la plaza era muy agradable hasta que algún día a alguien o a algunos se les ocurrió la brillante idea de hacer un estacionamiento subterráneo y cambiar de lugar al héroe mexica al barrio de Analco; a ese mismo lugar trasladaron la estatua de Tenamaztli, valeroso guerrero que combatió a los españoles invasores de la región de la actual Guadalajara. Siendo Analco en su origen histórico un barrio indígena, es de suponer que es el lugar indicado para ambas estatuas. Ahora la plaza del Expiatorio es una plancha horrible de cemento y con un remedo de la fuente de la Plaza Guadalajara, frente a Catedral.

La historia verdadera de Guadalajara no tiene por qué presentar como héroes a Nuño de Guzmán, a Cristóbal de Oñate o a Beatriz Hernández. Eran conquistadores como cualesquiera otros que intentaron y lograron someter a sus enemigos indígenas. La ideología urbanística del poder, antiguo y moderno está a flor de piel con la fisonomía urbana que tiene la oligarquía como imagen de sí misma. La ciudad manifiesta históricamente a cada sociedad, y Guadalajara dejó de ser, desde hace mucho tiempo, la ciudad colonial para convertirse en una metrópolis semicolonial bajo la hegemonía de un imperio vecino cuyos dominios territoriales harían palidecer de envidia a Carlos V o a Felipe II, pero que a sus actuales dueños se les hacen pequeños todavía.

En la Guadalajara actual hay monumentos en honor de los conquistadores en la Plaza Tapatía –en la Plaza de los Fundadores se adosó un alto relieve al Teatro Degollado que representa a las huestes conquistadoras militares y religiosas en el acto fundacional; en otras partes de la plaza vemos alegorías de los vencedores, pero éste es el único lugar donde aparecen los vencidos: están sumisos, arrodillados al poder. Visión idílica del imaginario dominante que intenta desaparecer de la memoria histórica las luchas de resistencia aborigen como la guerra del Mixtón, una de las primeras grandes rebeliones indígenas durante la conquista, en 1541, y determinante para el cuarto y definitivo sitio de la fundación de Guadalajara al año siguiente. La ideología dominante actual hace patente su conservadurismo político y su racismo encubierto no sólo en los discursos conmemorativos apologéticos de cada aniversario, con sus “guardias de honor” a los fundadores, sino también en los motivos escultóricos citadinos. ¿Dónde está la visión de los vencidos? Únicamente hay dos o tres monumentos en memoria de los indígenas, casi escondidos en alguna parte de la ciudad: la historia local no registra en la memoria colectiva quienes fueron sus primeros pobladores que resistieron la conquista a sangre y fuego.

¿Por qué trasladaron la extraordinaria escultura La Estampida de la plaza adosada al edificio Cabañas a la Glorieta de Niños Héroes y Av. López Mateos? Las autoridades locales, cuáles sean, piensan que la gente sencilla y humilde que camina por esos lares populares es incapaz de tener una sensibilidad estética para apreciar esta escultura. ¿Será cierto que la chusma que vive del lado oriente de la Calzada Independencia no sabe gozar del arte escultórico?