Orfandad política El morenovallismo, un proyecto sin futuro

La muerte de la gobernadora Martha Érika Alonso y de su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, deja huérfanos a los morenovallistas, sobre todo en el estado de Puebla, por lo que tendrán que rearticularse. Ellos saben que si no logran consensuar un liderazgo perderán los comicios extraordinarios, advierte a Proceso el politólogo Juan Luis Hernández Avendaño. 

PUEBLA, PUE.– La muerte del senador Rafael Moreno Valle y de su esposa, la gobernadora Martha Érika Alonso Hidalgo, pone en jaque al grupo político que se conformó a su sombra y que tenía como proyecto llegar a la Presidencia de la República en 2024.

Juan Luis Hernández Avendaño, director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla, advierte que si bien el morenovallismo no desparece, los liderazgos “controladores” que ejercieron el exgobernador y su esposa dejan a este grupo en la “orfandad” de figuras que puedan continuar ese proyecto nacional y con el riesgo de sucumbir si no logran acuerdos.

El también coordinador del Cuaderno de Investigación Rafael Moreno-Valle Rosas (2011-2017). La persistencia del autoritarismo subnacional, considera sin embargo que el poder económico y material, así como la captura de instituciones construida por el morenovallismo en los ocho años al frente del gobierno, moverá a ese grupo a rearticularse para buscar conservar la gubernatura.

Sus principales integrantes, entre los que se ubican el exalcalde de Puebla Luis Banck Serrato, el exgobernador Antonio Gali, los diputados locales Marcelo García Almaguer y Gerardo Islas, el exdiputado federal Eukid Castañón, el expanista Javier Lozano y el ahora senador Roberto Moya, están obligados a consensuar un liderazgo, pues la división los podría llevar a la derrota en los comicios extraordinarios. 

El exgobernador Gali, quien estaría constitucionalmente impedido para ser candidato, les hizo un llamado a la unidad: “el mejor homenaje que podemos hacer, aparte de esclarecer este accidente, es ganar nuevamente las elecciones”. 

Hernández Avendaño señala que, pese a que el morenovallismo no cuenta con liderazgos con presencia siquiera estatal en posibilidades de contender por la gubernatura, sí tienen intereses comunes que los llevarán a recomponerse, “aunque tener el enclave poblano para financiar proyectos políticos en otras entidades como lo hizo Moreno Valle, y que supusieron una suerte de plataforma para tener una posición nacional, eso ahora no existe.

“Este grupo se concentrará básicamente en conservar la gubernatura, y después valorará para qué les alcanza: si sólo para tener presencia regional o si alguno de ellos podría tener una proyección nacional, aunque creo que habrá personajes, como Javier Lozano, que alentarán a que no desistan de ese proyecto”, menciona. 

Incluso, agrega, a pocos días del accidente aéreo en el que fallecieron ambos políticos, ya es claro que el morenovallismo usará la tragedia de sus dos liderazgos como bandera para tratar de ganar las elecciones próximas. Y esto fue notorio desde el martes 25, al día siguiente de la aún inexplicada caída del helicóptero Agusta AW109 en el que viajaban la gobernadora y su esposo.

El discurso provocador

En la ceremonia luctuosa en la cual se honraron las cenizas de las cinco víctimas del percance, el único orador fue uno de los hombres más cercanos de Moreno Valle y Alonso Hidalgo: Luis Banck Serrato, quien ya se perfila como uno de los prospectos a la candidatura a gobernador.  

Con la presencia de Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, quien acudió en representación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el morenovallista pronunció un discurso provocador.

“¿Reclamamos justicia?”, preguntó Banck a una audiencia conformada mayoritariamente por panistas que de inmediato lanzaron gritos de “¡asesinos!”, “¡justicia!”, “¡fuera Morena!”. 

Y más: cuando las investigaciones sobre las causas de la caída del helicóptero apenas comienzan, Banck deslizó que este accidente “atentó” contra “la luz de esperanza” que tenía México de contar con un “contrapeso democrático efectivo”, en clara alusión a la muerte de Moreno Valle, líder de los panistas en el Senado. 

Unos minutos antes, a su llegada a este mismo acto, Lozano se había quejado de la polarización que prevalecía entre los poblanos, pero señaló como responsable al presidente López Obrador. 

Aseguró que las especulaciones surgidas a partir de la muerte de Moreno Valle y Alonso Hidalgo se alimentaron por el clima que generó el presidente al cuestionar el triunfo electoral de la panista y rehusarse a visitar Puebla, incluso para acudir a la toma de protesta de la ahora fallecida gobernadora. 

Los abucheos que acompañaron a Sánchez Cordero al encabezar una guardia de honor ante las cenizas de los caídos pusieron en evidencia la crispación y polarización que podría enmarcar los comicios extraordinarios, ya de por sí precedidos por las elecciones más violentas de la historia reciente de Puebla y por una confrontación postelectoral de más de cinco meses.

De acuerdo con la Constitución Política del Estado, luego de que el secretario general de Gobierno y encargado del despacho del gobierno estatal de Puebla, Jesús Rodríguez Almeida, notificó al Congreso local la “ausencia absoluta” de la titular del Ejecutivo por la muerte de Alonso Hidalgo, se nombrará un gobernador interino que convocará a elecciones extraordinarias. 

A partir del nombramiento, que según los diputados se efectuará la primera semana de enero, los comicios tendrán que llevarse a cabo en un plazo no menor de tres meses y no mayor de cinco meses. 

El otro PAN

La coyuntura que se presenta con la muerte de Moreno Valle también implica un posible reacomodo al interior del propio PAN. Así lo considera el exdirigente estatal de ese partido, Rafael Micalco, quien recientemente fue nombrado secretario de Promoción y Acción Social del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Acción Nacional y que forma parte del grupo tradicional de panistas que se confrontó con el exmandatario. 

En trevista, Micalco considera que este suceso podría dar paso a un periodo de reflexión en su partido y se manifestó a favor de que los morenovallistas se abran a un proceso de integración que incorpore a todo el panismo. 

“No se trata de que se quite un grupo y llegue otro. Creo que es un buen momento para la reconciliación, para que unos y otros reflexionemos cómo nos llevamos como panistas y la imagen que enviamos hacia afuera del partido”, expresa.  

Añade que la definición del candidato a la gubernatura no será un derecho de los morenovallistas, porque eso, de acuerdo con los estatutos, lo tendrá que decidir el CEN del PAN. 

De hecho entre los aspirantes a la postulación que se han mencionado están Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera Pérez, quienes son considerados panistas tradicionales y no forman parte del grupo del exmandatario y que, en distintos momentos, se confrontaron y hasta fueron catalogados como perseguidos políticos.

Los reporteros solicitaron una entrevista con Luis Banck Serrato o con un representante que fijara la postura del morenovallismo ante todo este entorno. No hubo respuesta. 

Excepcionalidad

El analista Hernández Avendaño refiere que la fuerza hegemónica construida por Moreno Valle y su esposa había logrado lo que ningún otro grupo político en el país: tener un tercer período gubernamental para sumar 14 años en el poder, lo que generó en Puebla una “excepcionalidad política”. 

El morenovallismo, precisa, es un grupo más allá del PAN y contra fracciones del PAN que en esta entidad lo mismo jugaba con el PRI, el Verde Ecologista, Antorcha Campesina, Nueva Alianza, PRD, Movimiento Ciudadano y los partidos locales Compromiso por Puebla y Pacto Social de Integración. 

“Esta fuerza política que construyó Moreno Valle, y que de alguna manera se sustentó en su ambición por ser presidente de la República, llevó a Puebla a dinámicas políticas muy poco sanas, evidentemente nada democráticas y que envolvieron a la entidad en una excepcionalidad política”, explica. 

No obstante, esta entidad fue considerada el único “foco rojo” en los comicios del pasado 1 de julio, no sólo por las sospechas de fraude, sino por la irrupción de grupos armados que dispararon armas largas en más de 70 casillas, sin que ninguna autoridad estatal o municipal atendiera los llamados de auxilio.  

Al violento proceso electoral registrado en Puebla, agrega, se sumó la “poco clara” determinación que tomó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de confirmar el triunfo de Alonso Hidalgo para generar un ambiente previo de polarización. 

A este entorno político, señala Hernández Avendaño, se suma asimismo el crecimiento exponencial que tuvo el crimen organizado, en especial en la modalidad del huachicoleo, así como la captura de instituciones que siguen a cargo de los alfiles del exmandatario. 

Además de las violaciones a los derechos humanos, el resentimiento social por los presos y perseguidos políticos, la deuda pública encubierta, altos índices de pobreza y la concentración de la riqueza, entre otros factores, hacen que Puebla viva una grave descomposición, apunta. 

“Este ambiente que prevalece en Puebla sí tendría que tomarlo muy en serio la Presidencia de la República, para que desde Gobernación se construya un consenso y por lo menos el gobernador interino esté lejano a las dos fuerzas políticas en pugna”, agrega el politólogo. 

 Señala que otro factor a considerar es la poca confiabilidad que hay en los árbitros electorales del Estado, tanto el Instituto como el Tribunal, luego de que a nivel nacional quedó exhibido el papel que jugaron en la pasada contienda al no garantizar la custodia de los paquetes electorales. Sería indispensable, expone, que el Instituto Nacional Electoral (INE) sea el encargado de llevar a cabo los comicios. 

Hernández Avendaño concluye que si bien el morenovallismo en sí mismo supuso una tragedia política para Puebla hasta en la manera como murieron sus protagonistas, también podría representar una oportunidad para recomponer el clima político de la entidad. 

Puntualiza: “Yo esperaría que esta coyuntura política derivada de una tragedia sirviera a los actores políticos para remediar el contexto en el que nos encontramos”.