25 años del EZLN: El zapatismo está vigente y puede reaccionar ante los megaproyectos

Pese a sus avatares, el Ejército Zapatista, que irrumpió en Chiapas el 1 de enero de 1994, es ya un referente obligado en los análisis sociales, comenta a Proceso el historiador Antonio García de León. Quien también fuera asesor de los zapatistas, considera que frente a los silencios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador sobre los acuerdos de San Andrés e iniciativas suyas como los megaproyectos del Tren Maya y del Istmo de Tehuantepec, el EZLN puede cobrar más importancia ante el eventual crecimiento de la resistencia indígena en ese contexto.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) podría convertirse en una “caja de resonancia” de los movimientos indígenas contestatarios a los proyectos del gobierno federal, sostiene el historiador Antonio García de León Griego, antiguo asesor del grupo armado que hace 25 años irrumpió en Chiapas para reivindicar a las comunidades indígenas marginadas.

García de León, quien en 1996 participó en los diálogos de paz con el gobierno de Ernesto Zedillo en el pueblo de San Andrés Larráinzar, puntualiza que, a fin de cuentas, la herencia de los zapatistas es positiva, pues dieron preponderancia a las comunidades indígenas marginadas y pusieron a Chiapas en el horizonte del apoyo federal.

Frente a los proyectos ferroviarios y de infraestructura carretera del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, es factible que la influencia del zapatismo en las comunidades indígenas se revitalice por los movimientos que actualmente hay en Chiapas, Yucatán, Quintana Roo y Oaxaca, dice el doctor en historia económica y social por la Universidad de la Sorbona al hacer un repaso de los 25 años del EZLN.

García de León, quien cursó su maestría en lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, es uno de los principales conocedores de la vida indígena chiapaneca, de lo cual ha dejado constancia en sus libros Resistencia y utopía. Memorial de agravios y crónica de revueltas y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas durante los últimos 500 años de historia, así como Fronteras interiores. Chiapas, una modernidad particular, en el que aborda la historia de esa entidad entre 1940 y el año 2000. 

El EZLN, dice, tiene presencia nacional e internacional, y si bien ésta ha menguado y sufrido cambios en su dirigencia –el 14 de febrero de 2013 el subcomandante Marcos fue relevado por el comandante Moisés–, su lucha por los derechos y la cultura de los pueblos indígenas sigue vigente, comenta el historiador. 

“En un sentido general, veo que el EZLN posicionó a las comunidades indígenas en el debate nacional; eso es evidente. Pero hay otros aspectos que también son importantes: las autonomías y la participación desde la base van a ser necesarias si el gobierno (de López Obrador) centraliza demasiado la construcción de megaproyectos como el Tren Maya y el proyecto del Istmo de Tehuantepec, que puedan ser ofensivos para el medio ambiente o para las comunidades indígenas.

“Todo eso va a reactivar una resistencia de las comunidades y la única resistencia posible es una participación más activa (de los indígenas) en sus propios destinos.”

–Parafraseando un poco uno de sus libros, ¿cuáles serían las utopías y las resistencias del EZLN a 25 años del alzamiento? ¿Qué significado ha tenido? 

–Por un lado, ha propiciado movimientos muy diversos que poco tienen que ver con el EZLN, pero que han representado el empoderamiento de ciertas élites que se autodenominan indígenas y tratan de sustituir la representación indígena. Esto es muy importante porque el nuevo régimen está utilizando de manera patética la cultura indígena, reinterpretada de una manera muy parecida a como lo hacía el viejo PRI.

Un proyecto vigente

García de León destaca que el levantamiento del EZLN el 1 de enero de 1994 fue precisamente contra ese indigenismo oficial que está retornando con el gobierno de López Obrador. 

“Esto es muy importante –insiste–, pues se está regresando al viejo indigenismo oficial creado por el nacionalismo revolucionario del PRI y del cardenismo, un tipo de asistencialismo del Estado en el cual éste tiene que proteger a las comunidades indígenas, y precisamente contra esa visión se levantó el Ejército Zapatista.”

En 2006 el EZLN hizo un “punto de inflexión” en la vida política del país al declarar que no daba su respaldo a la campaña electoral de López Obrador. En un comunicado titulado “La (imposible) ¿geometría? del poder en México”, expuso que no había diferencia entre los candidatos presidenciales del PRI, PAN y PRD.

Hoy, señala García de León, los zapatistas podrían jugar un papel importante en la vida política del país ante los proyectos y la política indigenista del presidente López Obrador, quien no ha hecho ninguna referencia a la aplicación de los acuerdos de San Andrés que incluyen el reconocimiento de los derechos y la cultura de los pueblos indígenas.

“Con la creación del INPI (Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas, que dirige Adelfo Regino Montes, otro antiguo asesor de los zapatistas) y que podríamos llamar de protección de los indígenas, a mi modo de ver es un retroceso muy grande porque significa sustituir la participación indígena por la participación del Estado.”

Ganador en 2016 del premio Clarence H. Haring que otorga la American Historical Association por su libro Tierra adentro, mar en fuera. El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821 –considerado el más importante de América Latina en los últimos cinco años–, García de León subraya que una de las grandes contribuciones del EZLN en estos 25 años ha sido enseñarles a los pueblos indígenas que eran capaces de organizarse por sí mismos. Y esto es lo que está en peligro hoy en día. 

–¿Sigue vigente la lucha indígena del EZLN? 

–Yo pienso que sí porque los acuerdos de San Andrés nunca se cumplieron; los gobiernos del PRI y del PAN los ignoraron, y el actual tampoco se ha referido a ellos. Por el contrario, está planteando una política indigenista muy parecida a la del siglo pasado. En ese sentido sigue teniendo vigencia.

A partir de 2006 el EZLN se circunscribió al territorio chiapaneco. En ese entonces las organizaciones ciudadanas nacionales y extranjeras dejaron de hacer trabajo de apoyo a las comunidades indígenas que venían realizando desde 1994. 

La dirigencia zapatista negó incluso el paso a los periodistas a su territorio durante varios años. Fue a finales de diciembre de 2012 cuando rompió su mutismo con una Marcha del Silencio en la que participaron miles de simpatizantes en San Cristóbal de Las Casas, donde los zapatistas leyeron un comunicado titulado “¿Nos escuchan?”.

Sobre ese periodo, García de León comenta: “Pienso que (el EZLN) se ha encerrado en sí mismo. Se encapsuló, pero esto ha sido benéfico porque ha propiciado una serie de movimientos fuera de Chiapas que se inspiran en el movimiento zapatista sin que éste tenga una presencia directa. Entonces, creo que al fin de cuentas sigue vigente y ha resultado en diferentes cuestiones”.

Según el entrevistado, la vigencia de la lucha social del EZLN se da en un contexto que lo exige. Y añade: 

“La naturaleza del poder político en Chiapas no se ha modificado a nivel de las élites; sigue siendo un estado caciquil. Lo que preocupa es que esta noción caciquil se recicle ahora con Morena a través del Partido Verde, que ahora es su aliado, y que está propiciando la destrucción del medio ambiente.”

El historiador recuerda que en 1997 los zapatistas organizaron una consulta pública sobre su participación en la vida política en la que participaron más de 1 millón de personas. “Fue mucho más representativa y mejor hecha que las de López Obrador, en las cuales ya tiene tomada una decisión”, dice.

Se le comenta también que el Ejército Zapatista ha tenido una transformación en el caso de María de Jesús Patricio Martínez, Marychuy, la indígena nahua que, apoyada por el Congreso Nacional Indígena y el EZLN, se lanzó como candidata a la Presidencia de la República en los comicios pasados.

“Sí, fue una participación –explica–. Y aun cuando sabíamos que las candidaturas independientes tenían muchas trabas, fue importante porque demostró una disposición a participar en la vida pública y esto fue un elemento positivo.”

Los peligros latentes

En estos 25 años el EZLN ha logrado mantenerse como un ejército que controla una parte del territorio nacional en el que ejerce el autogobierno.

Por eso, García de León advierte sobre el peligro que representa la nueva militarización que está proponiendo López Obrador con la formación de la Guardia Nacional para combatir el crimen organizado.

“Hasta cierto momento pudiera revertirse contra estos bastiones de autonomía que existen en Chiapas y en algunas otras partes del territorio nacional. Yo sí veo peligro de que al concederle al Ejército las labores judiciales y policiacas, como el Ministerio Público y otras funciones de seguridad, quieran intervenir en estas comunidades autónomas”, dice.

Otro peligro, añade, es que debido a la colindancia de Chiapas con Guatemala, la migración se convierta en un problema grave. El hecho de que la administración de Donald Trump intente que México se convierta en el patio trasero de los migrantes que buscan ingresar a Estados Unidos es peligroso, puntualiza.

–¿Qué futuro le ve al EZLN en estas nuevas circunstancias, frente al gobierno de López Obrador?

–Hasta hace poco no le veía mucho futuro –es un tipo de organización que funciona con sus propias reglas, con las cuales podemos o no estar de acuerdo–, pero si crece una resistencia en la Selva Lacandona, en Yucatán o en Quintana Roo en contra de los megaproyectos, el EZLN puede cobrar más importancia, si no de crecimiento, sí en influencia. Sería como una especie de caja de resonancia.

También habla del subcomandante Marcos, quien al principio de la rebelión tuvo un protagonismo excesivo, y de su relevo por un indígena: el comandante Moisés.

“La figura de Marcos –quien ahora se hace llamar Galeano– se ha diluido mucho. Creo que en cierto momento los zapatistas decidieron que esa figura se había excedido y tenían que limitarla. No conozco las condiciones actuales, pero el cambio en la dirigencia se dio para darle más importancia a las formas locales de organización que a los impactos mediáticos, porque las circunstancias cambiaron radicalmente en los últimos años.” 

Según el entrevistado, los últimos 25 años han sido muy complejos en la vida de México, de muchos cambios. Y ahora, con el nuevo gobierno, espera que las cosas vayan para bien y no se vuelva a pensar en limitar las iniciativas ciudadanas o populares que vienen desde la base, porque esto constituiría un peligro para movimientos como el del EZLN.