“In Memoriam” Jorge Medina

El miércoles 26 falleció en la Ciudad de México, a los 82 años, el más grande director coral que ha habido en este país: Jorge Medina Leal (1936-2018).

Víctima de una serie de afecciones respiratorias, llevaba varios días internado en el hospital, estaba inconsciente y se fue apagando poco a poco. Su legado artístico es inmenso.

Nació en Mérida, Yucatán, se trasladó a la ciudad de México y aquí realizó estudios en la Escuela Nacional de Música de la UNAM (hoy Facultad de Música), donde se graduó como maestro de solfeo y director coral. Casi de inmediato comenzó a dar clases de esas asignaturas en dicha institución. Pronto sucedió al maestro Juan D. Tercero como director del Coro Universitario, y a partir de entonces y gracias a su enorme talento, capacidad organizativa y gusto por la pedagogía comenzó la leyenda.

Por aquel entonces a otro gigante de la música, Eduardo Mata (1942-1995) le fue encomendado reestructurar y dirigir la Orquesta Sinfónica de la UNAM. Comenzó entonces una fructífera colaboración musical entre ambos amigos e hicieron funciones legendarias con la OFUNAM y el Coro de la Nacional de Música, como en la ópera Fidelio de Beethoven, cuyo reparto encabezaba un jovencísimo Ignacio Clapés.

Esa ópera marcó el debut absoluto como solista de otro joven de su coro: Francisco Araiza, en el papel del Prisionero primero. También en aquellos años sesenta preparó Medina una espectacular versión de La Pasión Según San Mateo de Bach, donde el evangelista lo hacía, hablado, Enrique Rambal.

Mencionar a los grandes músicos mexicanos que fueron forjados por Medina sería una labor muy larga, pues se dedicó a la docencia por más de 60 años, no sólo en la UNAM sino también en el Conservatorio Nacional, en el de Las Rosas de Morelia, en La Universidad Veracruzana; en Mérida fundó la Escuela de Canto Coral Jorge Medina y el Festival Internacional de Coros que también lleva su nombre.

Realizó muy fructíferas colaboraciones musicales con prácticamente todos los directores: Enrique Bátiz, Fernando Lozano, Luis Herrera de La Fuente, José Guadalupe Flores, Enrique Diemecke y un largo etcétera. Tan sólo la Novena Sinfonía de Beethoven la dirigió más de mil veces.

Con Lozano al frente de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México realizó un buen número de grabaciones, dirigiendo su coro, entre las que destacan la mencionada Novena con Irma González y Oralia Domínguez, la cantata Alexander Nevsky de Prokofiev, Fábula de Héctor Quintanar, Cantos Mexicanos en arreglo de Manuel Enríquez, y varios más.

A principios de los ochenta tuve el gusto de cantar bajo su dirección en el Coro de la OFCM y en el Octeto Vocal Juan D. Tercero. Con este último realizamos más de mil conciertos en todo México, en Sudamérica, Cuba, Estados Unidos y Europa. Hay grabaciones en vivo de esa época. Cuando el maestro Medina salió del Coro de la OFCM al producirse el fin del sexenio de López Portillo, lo llamaron a dirigir el Coro de la Ópera de Bellas Artes.

El rigor musical del maestro, su afinación, su musicalidad, eran tan grandes y tan impecables que, sin duda, fue la influencia musical más grande e importante en la vida de cuantos estuvieron en sus salones de clase o en sus coros.

Se nos fue el más grande, pero dejó cientos de alumnos que siguen fielmente el camino marcado por él.