Desencuentro eterno

“Miren: a López Obrador hay que ponerle atención. Este cuate va a llegar lejos porque tiene carisma… Hay que ponerle atención”. De acuerdo con testigos, esto lo dijo en 1996 el subcomandante Marcos, cuando ambos líderes se entrevistaron en San Cristóbal de Las Casas. El primer encuentro se efectuó en 1994, en tiempos en que AMLO buscaba el apoyo del EZLN contra el fraude electoral que preparaba el PRI. Sin embargo, en 2001 la insurgencia rompió con la clase política y desde entonces manifestó sus diferencias con López Obrador. Los desencuentros desembocaron en una confrontación que hoy ya huele a guerra…

Los desencuentros entre el actual presidente de la República y la comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que ahora se manifiesta con el rechazo a la construcción del Tren Maya en tierras chiapanecas, tiene una historia de más de dos décadas, en las cuales Andrés Manuel López Obrador y el subcomandante Marcos se han reunido al menos en dos ocasiones.

La primera fue el 13 de noviembre de 1994, en el pueblo tojolabal de Guadalupe Tepeyac, cercano a la frontera con Guatemala y que ha sido emblemático en la historia del EZLN; también acudieron Cuauhtémoc Cárdenas, su hijo del mismo nombre y Rosario Ibarra de Piedra. 

“Ese día viajamos mi padre, Andrés Manuel, un colaborador de mi padre –Ventura Pacheco– y yo a Tuxtla, y de ahí nos fuimos en coche a Comitán, donde encontramos a Rosario Ibarra con una colaboradora también, y de ahí ya nos fuimos a Guadalupe Tepeyac en coche”, dijo Cárdenas Batel el pasado 25 de junio, cuando María del Rosario Piedra publicó una foto del encuentro.

“Nos reunimos todos con el subcomandante Marcos, con el comandante Tacho y con el entonces mayor Moisés, y luego se quedó mi padre solo con ellos. Después de que platicaron un rato comimos un caldito de pollo y salimos de ahí de nuevo rumbo a Tuxtla. Debieron ser tres horas que estuvimos ahí con ellos”, recordó Cárdenas Batel. 

En ese momento López Obrador era candidato al gobierno de Tabasco por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y buscaba apoyos en el movimiento zapatista contra un fraude que estaba fraguando el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Roberto Madrazo. 

En su libro Entre la historia y la esperanza, que publicó en 1995, López Obrador escribió que Marcos le ofreció apoyo en su lucha y le dijo a propósito del fraude: “Aquí venían a contarnos desde Tabasco que tú eras un ‘venado muy linterneado’ y mira lo que te hicieron”.

El segundo encuentro se realizó en julio de1996, en el Museo del Carmen, en San Cristóbal de las Casas, en el marco de la mesa política que organizaron los zapatistas con organizaciones sociales para la reforma del Estado, antes de que iniciaran los Diálogos de Paz sobre Derechos y Cultura Indígenas, que se efectuaron en octubre de ese año en San Andrés Larráinzar.

El doctor Gerardo González recuerda que momentos antes de recibir al tabasqueño en las puertas del centro de convenciones del museo, Marcos dijo: “Miren: a López Obrador hay que ponerle atención. Este cuate va a llegar lejos porque tiene carisma y mucho activismo. Hay que ponerle atención”. 

El doctor González, que participó en el equipo de logística y organización del foro, dice en entrevista que los dos líderes se saludaron con un apretón de manos y dialogaron a puerta cerrada en uno de los salones del complejo cultural.

El abogado Amado Avendaño, que contendía entonces por la gubernatura de Chiapas con el aval del EZLN y se recuperaba de un atentado, fue uno de los testigos del encuentro, de apenas unos minutos. 

“Andrés Manuel en ese momento, guardando distancias, después del zapatismo era el movimiento que tenía más presencia y activismo –recuerda el doctor González–. Por eso recuerdo que Marcos nos dijo: Hay que ponerle atención a Andrés Manuel porque este cuate va a llegar lejos.”

El entrevistado, que sigue trabajando en las comunidades indígenas de Chiapas, relata que Marcos recibió a López Obrador con una de sus bromas y que éste permaneció serio, en contraste con la sonrisa que muestra en la fotografía del encuentro en Guadalupe Tepeyac en noviembre de 1994.

“Andrés Manuel llegó al centro de convenciones con mucho respeto, muy diferente a la prepotencia de Graco Ramírez y de varios perredistas que llegaron al foro con esa actitud. Nunca se abrazaron Marcos y López Obrador; fueron saludos cordiales de mano. Los acompañamos al interior del centro de convenciones y entraron solos a un salón. Ahí hablaron sin más compañía.”

–¿Duró mucho tiempo el encuentro?

–Fue breve; no duró más de cinco minutos. En esa época las reuniones de Marcos con la gente eran de día y duraban poco. En la noche era diferente, eran reuniones muy largas. Con Andrés Manuel se reunió en la mañana y fue muy breve.

En aquel tiempo López Obrador encabezaba en Tabasco las protestas para exigir indemnizaciones a más de 40 mil campesinos y pescadores afectados por las actividades de Pemex. Corrió información de que posteriormente los zapatistas enviaron un mensaje de apoyo a López Obrador, que vivía en Villahermosa, por si decidía realizar nuevos bloqueos a los pozos petroleros, pero eso ya no ocurrió. 

Este sería el segundo y último acuerdo de apoyo de los rebeldes zapatistas al tabasqueño. 

De las diferencias
a la confrontación

La madrugada del martes 1 de enero, ante miles de integrantes del EZLN que desfilaron en el poblado de Guadalupe Tepeyac, uno de sus enclaves emblemáticos, el comandante Moisés anunció que impedirán la construcción del Tren Maya que el gobierno de López Obrador planea construir a través del norte de Chiapas, así como Campeche, Yucatán y Quintana Roo. 

En su largo discurso, Moisés también rechazó la formación de la Guardia Nacional y anunció que, igual que lo hicieron hace 25 años, se enfrentarán a las fuerzas federales si es necesario: “Vienen por nosotros, especialmente por el EZLN –señaló Moisés–. Vamos a pelear y lo vamos a enfrentar”.

A gritos, el comandante reconocido en el EZLN por su postura dura e intransigente calificó a López Obrador de “loco”, “mañoso” y “tramposo” por realizar una ceremonia a fin de pedir permiso a la Madre Tierra para construir el Tren Maya. 

“Nosotros como pueblos originarios no le creemos que pidió permiso para que le vaya bien a México, pidió permiso para destruir a los pueblos originarios (…) Vamos a enfrentar, no vamos a permitir que pase aquí sus proyectos de destrucción”, dijo levantando la voz, y miles de integrantes de las bases de apoyo que exclamaron en coro: “¡No!”

Por su parte, el miércoles 2 el presidente López Obrador contestó en tono mesurado que no caería en provocaciones y reconocía el derecho de los zapatistas a expresarse: 

“Nosotros queremos la paz y la reconciliación. Puede haber diferencias, las hay, pero eso no significa que se vaya a caer en una confrontación o en un pleito”, dijo en su conferencia matutina diaria en el Palacio Nacional.

Este nuevo episodio forma parte de un largo camino de confrontaciones entre el subcomandante Marcos, hoy Galeano, y la izquierda representada por Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador, lo que se hizo evidente a partir de 1995, cuando Cárdenas declinó la invitación que le hizo Marcos, en su Tercera Declaración de la Selva Lacandona, de que encabezara el Movimiento de Liberación Nacional como un frente amplio opositor, señala el doctor Gerardo González, quien ha seguido el desarrollo del zapatismo desde hace 25 años.

Este distanciamiento se profundizó a partir de 2001, cuando el PRD avaló el paquete de reformas constitucionales enviadas por el entonces presidente Vicente Fox para reconocer los derechos y cultura de los pueblos indígenas, pero que no incluyó el reconocimiento de su derecho a la autonomía y al autogobierno, que figuraban en los Acuerdos de San Andrés.

En julio de 2005, en el comunicado “Un pingüino en la Selva Lacandona”, Marcos fechó el punto de ruptura del EZLN con la clase política, no sólo con el PRD, en abril de 2001, tras la aprobación de aquella “ley indígena”.

Marcos también se refirió a la promesa de López Obrador de cumplir los Acuerdos de San Andrés en su Proyecto Alternativo de Nación, que presentó ante las Redes Ciudadanas, antecedente de Morena, como parte de su campaña presidencial.

“Nosotros desconfiamos y no vemos más que un maquillaje plástico (y que cambia según el respetable) y una lista de promesas olvidables. Como quiera tal vez alguien pueda decirle a AMLO que no puede prometer ‘el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés’, porque eso significa, entre otras cosas, reformar la Constitución y, si mal no recuerdo, ese es trabajo del Congreso”, afirmó Marcos en el comunicado.

Para 2006, cuando López Obrador realizaba su primera campaña por la presidencia, el subcomandante Marcos realizó una gira nacional llamada “La Otra Campaña”, en la cual rechazó el proceso electoral. 

Cinco años más tarde, en septiembre de 2011, de gira por Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, nuevamente como precandidato presidencial López Obrador pidió a los zapatistas “rectificar” una declaración de 2006, cuando lo tildaron de “fascista” en plena campaña, lo cual, dijo, influyó en la votación.

Los zapatistas no cambiaron su posición, sino al contrario. En una de las cartas que envió a Luis Villoro, Marcos dijo: “Uno de los tres bribones que habrán de disputarse el trono sobre los escombros de México ha venido a nuestras tierras a demandarnos silencio”.

El dirigente zapatista enfatizó su distancia con López Obrador, de quien aseguró que no acaba de madurar y reconocer sus errores. Lo acusó de formar parte de “un grupo ávido de poder, pleno de intolerancia… con un discurso más cercano a Gaby Vargas que a Alfonso Reyes, (que) ahora predica y fundamenta sus ambiciones en el amor a la derecha”.

Desde entonces el subcomandante advirtió que López Obrador tenía el apoyo de algunos empresarios que podían traicionarlo junto con los dirigentes del PRD, a quienes había acusado de deslealtad por haber firmado en 2001 las reformas constitucionales que dieron lugar a la foxista ley de derechos y cultura indígenas.

Otros miembros del partido de López Obrador, como Ricardo Monreal, y de su gabinete, como Esteban Moctezuma, se han confrontado con el EZLN. 

En 1998 Monreal comparó a los zapatistas con los paramilitares que asesinaron a 45 indígenas en Acteal, “porque paramilitar es todo aquel que actúa como ejército sin serlo y se arma siendo civil”. A Marcos lo caracterizó como “el líder blanco de los indígenas de piel oscura”.

A mediados de julio pasado, cuando el equipo de López Obrador pretendió en vano contactar a la dirigencia del EZLN, el comandante Moisés mencionó en un comunicado que en febrero de 1995 Esteban Moctezuma era secretario de Gobernación y acordó reunirse con Marcos, pero en vez de eso se giró una orden de aprehensión contra el líder zapatista:

“El EZLN ya tiene la amarga experiencia de aceptar el contacto con un señor que después sería declarado presidente electo (…) Quien operó esa traición, el señor Esteban Moctezuma Barragán, es ahora uno de los propuestos para formar parte del gobierno.”

Una “nueva religión”

El mes posterior a la victoria electoral de López Obrador en la elección presidencial, los líderes zapatistas Marcos y Moisés se presentaron en el caracol del ejido de Morelia, que es la entrada de una de las cañadas de la Selva Lacandona.

Ante casi un centenar de comandantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena y unos 300 integrantes de las Redes de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno, el subcomandante Marcos o Galeano rechazó haber tenido contacto alguno con el equipo de López Obrador, como lo había informado el padre Alejandro Solalinde

Galeano ratificó su oposición al nuevo gobierno, el cual, auguró, vendrá con un “nuevo pensamiento único” y una “especie de nueva religión” encabezada por López Obrador.

“Una especie de nueva religión que se está gestando –explicó–. Ya las luchas no son por una demanda, sino que hay luchas buenas y hay luchas malas. Para ponerlo en un lenguaje que entiendan: están las luchas buenas y están las luchas que sirven a la mafia del poder; el arte ‘bueno’ y el que sirva a la mafia del poder: el quehacer científico ‘correcto’ y el que sirva a la mafia del poder. Todo lo que no se guíe por el nuevo pensamiento único que se está normando, es parte del enemigo. Y la fe, o la nueva fe que se está gestando ahora, necesita de un individuo excepcional, por un lado, y una masa que lo siga.”

Indicó que el gobierno de López Obrador empieza a reescribir la historia oficial: “En ella, todos los movimientos sociales y políticos del pasado en realidad apuntaban a llevar a la Presidencia a López Obrador. Ya leímos que el movimiento del 68 no fue sino el antecedente del ‘fin de los tiempos, 50 años después’ o que quienes ayer eran del PRI, del PAN, del PRD, del Verde Ecologista, o que se foguearon como militantes en la farándula, ahora son preclaros líderes de la Cuarta Transformación”.

Galeano también dio a conocer que se realizó una consulta a las bases zapatistas para definir su postura ante el gobierno lopezobradorista:

“Consultamos, y dijimos: ‘bueno, si nosotros decimos esto, ¿qué va a pasar? Nos vamos a quedar solos, nos van a decir que somos marginales, que estamos quedándonos fuera de la gran revolución… de la Cuarta Transformación o de la nueva religión (o como quieran llamarla), y vamos a tener que remar contra corriente otra vez’. Pero no es nada nuevo para nosotros y nosotras eso de quedarnos solos. No tenemos miedo de ser zapatistas y lo vamos a seguir siendo.”

De igual forma, previó que la llegada de López Obrador al poder sería como “un alud, un tsunami, de análisis frívolos y chabacanos, de nuevas religiones laicas, de profetas menores –muy menores–, porque tienen la plataforma para hacer eso”.

Y sentenció: “Habrá muchos sapos para quien quiera tragarlos. Y puesto que hablamos de neo religión, las ruedas de molino se democratizarán para que todos puedan comulgar”.