Para la editora Taschen, su ADN es el papel

El editor de Diseño y Cultura Pop de la afamada casa de libros de arte germana Taschen habló para Proceso de la manera cómo ésta, ante la opción digital, se ha mantenido en la del impreso con gran solvencia. Su fórmula, dice, ha sido la permanencia en la calidad. Para él no hay competencia entre ambas: son dos versiones y negocios distintos.

En medio de la vorágine digital de la cual no escapan los medios de comunicación, hay pocos que se mantienen. Es el caso de la editora Taschen, cuyas publicaciones han conseguido trascender al internet.

Contrario a lo que parece dictar el futuro y las métricas, para sus directivos la versión digital simplemente no funciona. El papel es su opción, si bien ambas son versiones y negocios distintos. 

“El ADN es el papel”, así lo explicó el editor de Diseño y Cultura Pop de esa publicación, Julius Wiedemann, diseñador de origen brasileño, al encarar la eterna discusión del papel frente al mundo electrónico y la inmediatez de la información.

Durante el pasado Congreso Internacional de Diseño (CID) 2018 realizado en Xalapa, Veracruz –para participar en el evento paralelo de la 15ª Bienal del Cartel en México–, dijo a Proceso que la prioridad del trabajo en Taschen siempre es la calidad, incluso frente a un deathline (término de cierre de una edición, sea diario, revista o cualquiera otra publicación):

“Mantener el papel siempre es un desafío para todos los que estamos en medios de comunicación, para los que nacimos con el papel y gradualmente hemos migrado a lo digital. Creo que  estamos entrando en una era donde el desperdicio no es tolerado, por eso en Taschen, al hacer un volumen impreso nos vemos forzados a realizar cosas que buscan perdurar frente al tiempo, traspasarlo, simplemente tiene que existir una calidad que justifique la impresión.

“Puede ser que en quince o veinte años haya menos papel en el mundo, menos publicaciones, sí, claro, pero los que perduren tendrán la mayor calidad en todos sentidos, informativo, de imagen de impresión, por todo lo que implica el proceso de publicar y distribuir algo para hacerlo llegar a un tercero. El resultado siempre debe de ser algo de valor.”

–Taschen tendrá que volcarse eventualmente a lo digital, ¿no?

–No necesariamente. El ADN de Taschen es el papel. Fui el editor de publicaciones digitales en 2010 y le puedo decir que así como logramos abrir cerramos tres años después. Y eso que pienso –modestia aparte– que hicimos publicaciones de muy buena calidad informativa, pero nadie las compraba. Experimentamos con todo, desde promociones especiales a promociones con terceros, pero nos dimos cuenta de que nadie entendía a Taschen en un celular o computadora. Los lectores ya tienen una percepción de lo que somos, y les era complicado entendernos.

“Por eso creo que el libro sigue ofreciendo la mejor pantalla, que es el libro. Quizá no es una pantalla muy interactiva, pero pantalla al fin. Cerramos ese departamento digital, pero de eso también aprendimos.”

Wiedemann, diseñador autodidacta radicado entre Sao Paulo, Brasil (donde nació) y Cambridge, Inglaterra (sede de Taschen), explica que como editor de Diseño Gráfico y Cultura Pop se desenvuelve con otras áreas como ilustración, música, cultura visual y fotografía.

–Hablando de una generación que cada vez se despega más del consumo del impreso, ¿cuál cree que es la relación de los niños y adolescentes con el papel?

–Puedo hablar desde mi experiencia como padre. Tengo niños de 13 y 15 años cuya relación con los libros es distinta, pero siguen consumiéndolos, siguen leyendo. Lo que pasa es que hay diversas maneras por las cuales pueden obtener información. Actualmente la gente vive más tiempo, según las estadísticas, y por cuestión generacional pasarán unos cuarenta años más en los cuales la gente consumirá papel. Después de esos años los desafíos seguramente serán otros, pero es el momento en que vivimos, y lo que debemos hacer es un buen producto, tan bueno que la gente se vea obligada a dedicarle su tiempo.

A juicio del coeditor de Food &Drinks. Infographics, guía visual de los placeres culinarios, su más reciente publicación en Taschen, leer un libro o una revista impresa “es un ejercicio activo, lejos de ser pasivo”, pues implica parar un tiempo para ver y leer.

–¿Qué es la calidad para Taschen?

–Es innovación, información y vigencia frente al paso del tiempo. Esos tres puntos, cuando se hacen bien, son calidad. Como en todos los medios, tenemos un deathline y tenemos que ajustarnos, pero para nosotros es más importante la calidad. Tenemos que sacar libros seguido, cierto, pero muchas veces esperamos hasta dos o tres meses más buscando lo más cercano al ideal de perfección.

–El poeta José Emilio Pacheco era un obsesionado de la auto-corrección, corregía sus textos constantemente. ¿Qué tan importante es la perfección?

–Tengo un amigo que dice que la perfección es imposible, pero la excelencia es parte del camino. Cometemos errores, pero Benedikt Taschen, que es un genio que cambió toda la industria de los libros de arte, pensaba que los errores son resultado del pensamiento, es decir que cualquier decisión se debe tomar con base en información suficiente, y que si aun así desemboca en un error, al menos ya se sabe por qué no resultó y se puede intentar de otra manera.

–¿Cuáles son los retos de los diseñadores hoy en día?

–Los grandes desafíos no son problemas regionales, sino globales, como pobreza, violencia, migración, inteligencia artificial, medio ambiente, son problemas sin fronteras, y el diseñador tiene una función de mirar desde otro punto de vista y tratar de resolver, pero acompañado de otras disciplinas, de otros especialistas.

–¿El diseñador tiene una responsabilidad social?

–Claro, pero todos la tenemos, no se puede ser un ingeniero o un psicólogo sin una responsabilidad social. No es cosa de una persona o un gremio, todos la tenemos, el periodismo por ejemplo tiene una función fundamental, pero no lo hace uno, lo hace un equipo, todo conlleva un trabajo en equipo.

–En su experiencia, ¿qué desafío tienen las nuevas generaciones?

–Las escuelas se dividen en dos: las de capacidad técnica y las que empujan a pensar. Ambas tienen perspectivas diferentes, y países como Brasil, México, Perú, Bolivia se concentran más en la parte técnica porque el mercado demanda también una mayor capacidad técnica en su mano de obra. La diferencia con otros países como Alemania o Inglaterra es que estos últimos destacan por hacer pensar, y eso es una gran diferencia.

“Antes si no ibas a la universidad o no hacías un doctorado no eras nadie, hoy en día eso ya no existe, muchas de las grandes mentes en el diseño, Neville Brody, por ejemplo, quien hasta hace dos meses era director de diseño de la escuela más increíble en Reino Unido, no terminó una carrera. Es decir, se puede aprender de muchas maneras sólo falta el factor obsesión.

“No existe genialidad sin obsesión, hay que ser obsesivo con algo para crear diferencia, y eso significa leer mucho, escribir mucho, hacer cálculos o bien diseñar mucho. De hecho gran parte de los profesionales que tienen éxito son los que llevan una carrera profesional y otra personal.”

–¿Hace esto último?

–Quiero creer que sí. Además del diseño escribo poesía y me gusta leer filosofía, leo a Bertrand Russel, Sam Harris, me gustan mucho porque hablan del diálogo del siglo XXI. La filosofía me ha ayudado tanto como la psicología, es fundamental conocer otros terrenos.

“Los países cristianos tienen un problema con la ambición de querer pero no poder. Creo que tener una ambición intelectual es la ambición más noble que existe, y se hace con mucho trabajo. Ese es mi principal enfoque, no hay como hacer el trabajo diario, hacer tu parte y buscar cambiar el mundo cada día. Creo que hemos perdido la capacidad de pensar a largo plazo.

“Soy una persona que no cree en la religión, y si me preguntan por qué, tengo que decir por qué de una manera muy informada, y eso conlleva conocer de otras disciplinas.”

Para el editor, quien es la segunda ocasión en que visita nuestro país, está a cargo de un nuevo proyecto, a través de la plataforma Domestika, donde será jefe de contenidos con miras a una revista de corte cultural para Latinoamérica, con periodicidad semestral. México será sede de la publicación:

“México es el corazón cultural de Latinoamérica, por ahora puedo adelantar que el equipo se está conformando y crece todos los días. Tenemos un departamento donde grabamos de todo. Es un área fascinante, porque yo no terminé la universidad, pero Domestika ofrece el concepto de aprendizaje del siglo XXI con áreas que, si bien no son formales, son conocimientos de mucho valor e interés en la actualidad. Y ese es el tipo de información que se requiere hoy en día.