El letal testimonio de “El Técnico”

En el juicio contra El Chapo, la fiscalía presentó a un testigo que parece haberlo hundido: Christian Rodríguez. Éste, contratado por el sinaloense para instalar un programa de espionaje en los celulares y computadoras de sus allegados, trabajaba ya para el FBI, que así pudo escuchar las conversaciones del jefe del Cártel de Sinaloa. Como se le mostró al jurado, sus pláticas y mensajes no dejaron lugar a dudas de que Guzmán Loera traficaba drogas a Estados Unidos y lavaba dinero. Y la defensa del capo ya se ve incapaz de mostrar evidencias que contradigan los cargos.

NUEVA YORK.- En 2008, a sus 21 años, el colombiano Christian Rodríguez, experto en ciberseguridad, fue contratado por Joaquín El Chapo Guzmán Loera para que le instalara una red de comunicaciones encriptadas, sin saber que eventualmente ese sistema acabaría volviéndose contra él.

Gracias a esa red de comunicaciones presuntamente impenetrable, el FBI rastreó y ubicó al capo en la sierra sinaloense y grabó conversaciones telefónicas, datos e información que, como evidencia en la Corte, podrían ser el último clavo en el ataúd del narcotraficante.

De acuerdo con las evidencias presentadas por el gobierno de Estados Unidos, El Técnico, como llamaba El Chapo a Rodríguez, era un personaje prácticamente desconocido hasta antes de rendir su testimonio en Brooklyn. En la audiencia del martes 8, su nombre fue mencionado por primera vez en el juicio por Stephen Marston, agente especial del FBI.

“¿Quién es Christian Rodríguez?”, preguntó el fiscal Michael Robotti al agente del FBI, y con eso, en la sala del juez Brian Cogan comenzó a desgranarse la trama más relevante de traiciones y espionaje en torno a la figura del Chapo Guzmán, quien por las pruebas recolectadas por El Técnico, podría muy pronto ser sentenciado a cadena perpetua.

Marston relató que Christian Rodríguez era sujeto de una de las investigaciones a su cargo sobre narcotráfico. Lo indagaban por su colaboración con los hermanos Cifuentes Villa, jefes de una de las organizaciones de narcotráfico más importantes de Colombia y asociada con el Cártel de Sinaloa, y en particular con la fracción dirigida por El Chapo.

El agente del FBI explicó que el 3 de febrero de 2010 uno de sus agentes encubiertos, haciéndose pasar por un mafioso ruso, citó a Rodríguez en un hotel en Manhattan para proponerle un negocio similar a los que tenía con los Cifuentes y el Cártel de Sinaloa. “En ese momento Christian vivía en Colombia”, explicó Marston a Robotti.

Un año después, cuando El Técnico llegaba a Bogotá en un vuelo procedente de Medellín, el FBI lo interceptó y le leyeron los cargos con los que el gobierno de Estados Unidos lo pretendía solicitar en extradición. Rodríguez se asustó y decidió cooperar para que el gobierno estadunidense capturara a Alex Cifuentes Villa, primero, y luego a Guzmán Loera.

“Christian Rodríguez cooperó con la investigación sobre El Chapo Guzmán de 2011 a 2013”, subrayó Marston.

Programa de espionaje

La relación de Rodríguez con Guzmán fue calificada por la fiscalía y por el agente del FBI como una asociación de prestación de servicios profesionales. El colombiano le instaló al Chapo un sistema encriptado de telecomunicaciones.

A grandes rasgos Marston detalló que el sistema que instaló Rodríguez en la sierra era para hacer llamadas seguras con teléfonos inteligentes (Blackberry) en una red interna y encriptada entre los integrantes del Cártel de Sinaloa y para familiares de Guzmán, como su esposa, Emma Coronel. 

El colombiano le informó al FBI que El Chapo le pidió instalar también una aplicación de espionaje. El joven eligió el software Flexispy.

Al saber que El Chapo contaba también con un sistema de contraespionaje, el FBI le exigió a Rodríguez que optara por un programa que no pudiera ser detectado por el Cártel de Sinaloa.

El colombiano le propuso al FBI instalar en Canadá tres servidores de telecomunicaciones para grabar las llamadas del Chapo, sus familiares, lugartenientes y socios del Cártel de Sinaloa. 

Contar con este equipo tecnológico fuera de Estados Unidos era la mejor opción para evitar que El Chapo descubriera que el FBI tenía sus números telefónicos y los de sus lugartenientes y que ya lo estaban escuchando y grabando.

Para mayor seguridad, Rodríguez también propuso que se instalaran en Holanda otros tres servidores para captar y grabar llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto que se hicieran a través de unos 100 teléfonos que él mismo registró y encriptó en la red interna del Chapo.

“En abril de 2011 el gobierno holandés comenzó a entregarnos las grabaciones de las comunicaciones que hacían El Chapo y los demás sujetos bajo investigación en el Cártel de Sinaloa”, enfatizó Marston.

Así fue como el gobierno de Estados Unidos pudo obtener las grabaciones de más de 200 conversaciones entre El Chapo y su gente.

Ante la angustia e impotencia del Chapo y de sus abogados –Eduardo Balarezo, Jeffrey Lichtman y William Purpura–, el fiscal reprodujo grabaciones de conversaciones telefónicas entre Guzmán Loera y algunos de sus lugartenientes; entre ellos Orso Iván Gastélum Cruz, Cholo Iván. 

En una de esas conversaciones el jurado pudo escuchar cómo Guzmán Loera sobornaba a policías y autoridades federales mexicanas y también la manera tan sanguinaria con la que su sicario disfrutaba de asesinar.

Las transcripciones fatales

En la audiencia del martes 8, el FBI dio a conocer fragmentos de 28 conversaciones telefónicas. Pero lo devastador para la causa del Chapo y de sus abogados –quienes sostienen que Washington está inventando los cargos– ocurrió el miércoles 9. 

En la segunda jornada del interrogatorio a Marston, el fiscal presentó otras cuatro grabaciones y dijo que por sus servicios en la investigación, el FBI le dio a Rodríguez unos 460 mil dólares, pero que el colombiano no pagó los impuestos correspondientes, aun cuando estaba obligado a hacerlo.

La fiscalía dio a conocer el aspecto fundamental para exponer el involucramiento del Chapo en la venta de drogas en Estados Unidos: Robotti presentó la transcripción de decenas de mensajes de texto intercambiados entre Guzmán, su esposa y otros integrantes del Cártel de Sinaloa.

Línea por línea o párrafo por párrafo, guiado por los pedidos del fiscal, Marston leyó lo que a finales de 2011 y principios de 2012 se escribieron El Chapo y su esposa, entre otras personas.

Guzmán y su equipo defensor estaban atónitos. Nunca imaginaron que gracias a Rodríguez, en la audiencia número 26 del juicio, el jurado tendría frente a ellos las pruebas de que el acusado sí cometió deliberadamente y con conocimiento de causa los delitos que le imputa Washington.

En una gráfica preparada por la fiscalía, aparece en la parte superior la fotografía del Chapo; del lado derecho, la de Emma Coronel; en el izquierdo, Agustina Cabanillas Acosta; y abajo, Lucero Guadalupe Sánchez López, la diputada con quien Guzmán presuntamente procreó un hijo y que, temiendo por su vida, se entregó a las autoridades estadunidenses en junio de 2017.

La gráfica exponía la red de mensajes de texto que esos cuatro personajes intercambiaron con El Chapo entre diciembre de 2011 y abril de 2012.

El jurado escuchó de boca del agente del FBI cómo el padre de Coronel, usando el teléfono de su hija, arreglaba con su yerno el envío a Estados Unidos de algunos kilos de cocaína. Por los mensajes se estableció que Emma estaba al día de los movimientos de militares que buscaban a su esposo. Ella directamente le comunicaba esos datos.

Los mensajes destinados a Cabanillas Acosta revelan una relación amorosa entre ella y El Chapo, pero lo relevante para el jurado fue enterarse de que en colaboración con ella, Guzmán coordinó en 2012 el tráfico, distribución y venta de metanfetaminas y cocaína en Detroit y Phoenix. 

Y el jurado también supo que fue gracias a la labor de El Técnico que en febrero de 2012 el gobierno de Estados Unidos ubicó una casa de seguridad en Cabo San Lucas, en la que estaba El Chapo. 

El FBI y las autoridades mexicanas prepararon un operativo de captura del Chapo la tarde del 22 de febrero de 2012 en Cabo San Lucas; pero los militares y federales mexicanos no actuaron a tiempo y permitieron que Guzmán huyera.

Sin embargo, El Chapo dejó en esa casa una libreta con números telefónicos, nombres, coordenadas y otros datos que ayudaron al gobierno de Estados Unidos a seguir grabando y ubicando al narcotraficante. En esa casa fueron detenidas varias personas, Cabanillas Acosta entre ellas.

El experto colombiano

El golpe de la fiscalía fue contundente. El Chapo y sus abogados no podían ocultar su preocupación. Ese miércoles 9 Guzmán ni siquiera lanzó sus acostumbrados gestos de amor a su esposa.

“No fue un buen día”, comentó el reportero a Purpura cuando el juez decretó el receso del almuerzo. “Siempre es un buen día”, contestó muy serio.

Al reiniciarse la audiencia, la fiscal Andrea Goldbarg llamó al siguiente testigo: Christian Rodríguez.

El Técnico aseguró tener ahora 32 años, que trabajó para El Chapo y para el Cártel de Sinaloa de 2008 a 2012 y que actualmente colabora con el FBI, que lo protegen a él y su familia. Que mediante un acuerdo que firmó con el Departamento de Justicia vive en Estados Unidos libre de todo cargo relacionado con el tráfico de drogas e incluso se le perdonó el delito de evasión de impuestos.

Evitando mirar al Chapo –quien, por el contrario, no le quitó de encima una mirada que expresaba odio ­absoluto–, Rodríguez dio cuenta de cómo, usando las herramientas sofisticadas y encriptadas que al Chapo le costaron aproximadamente 1 millón de dólares, él ayudo al gobierno de Estados Unidos a ubicar al capo.

Relató varios de los encuentros que tuvo en la sierra con El Chapo, Alex Cifuentes y dos técnicos del Cártel de Sinaloa: El Gordo y Charlie. 

El colombiano dijo que a Guzmán se lo presentaron los hermanos Cifuentes, que por sus servicios El Chapo le pagó aproximadamente medio millón de dólares, que el capo estaba obsesionado con el uso de “sus juguetitos” para espiar a su propia gente, sin saber incluso que cuando los instruía para que le ayudara a espiar a alguien, él le pasaba esa información a Estados Unidos.

“En una ocasión, cuando lo fui a ver a la sierra, El Chapo estaba con una mujer… discretamente me preguntó qué cuánto me tardaría en instalar la aplicación de Flexispy en la computadora de ella. Le dije que como tres minutos… la entretuvo e instalé en la computadora de la mujer el software de espionaje”, contó.

Agregó que en otra ocasión Guzmán le solicitó la instalación de un sistema de espionaje en todos los cibercafés de Culiacán. Quería saber todo lo que por internet se decía en la capital sinaloense.

El sistema de Flexispy que Rodríguez instaló en teléfonos y computadoras de miembros del Cártel de Sinaloa, le permitían al Chapo saber que hablaban o escribían personas cercanas a él. 

La aplicación consistía en que El Chapo o la persona con acceso a las claves (la otra era Rodríguez) activara a distancia un micrófono con el que, por ejemplo, se podía escuchar todo lo que hablaran las personas cercanas al Blackberry o a la computara que tuviera instalada la aplicación.

El Técnico enfatizó que el sinaloense lo llamaba por teléfono constantemente a Colombia, desde donde monitoreaba el sistema de comunicaciones encriptadas del Cártel de Sinaloa, cuando no lo hacía ir a la sierra. El testimonio de Rodríguez contra Guzmán Loera se extendió hasta la audiencia del jueves 10. 

Cuando a la defensa le tocó el turno de interrogar al Técnico, Balarezo intentó infructuosamente determinar que el testigo era un mentiroso. No sólo no lo consiguió, sino que hasta el juez lo amonestó, pidiéndole que en el futuro se abstuviera de hacer preguntas con tono irónico.

Por la efectividad de la información y colaboración que Christian Rodríguez le ha dado al gobierno de Estados Unidos, el colombiano podría incluso ser compensado con los 5 millones de dólares que ­ofrecía el Departamento de Estado por datos que llevaran a la ubicación y arresto de los Cifuentes y del capo mexicano.

El juicio contra El Chapo Guzmán en Brooklyn está llegando a su fase final. El juez Cogan quiere que termine este mes. La defensa del sinaloense técnicamente está consciente de que el testimonio del Técnico fue terminante contra su cliente; se están quedando sin armas y hasta la fecha no han presentado evidencias que contradigan los cargos.