El sistema ya se pudrió

Desencantado de la partidocracia, Jorge Alonso Sánchez dice que el sistema de representación política –partidos e instituciones electorales– simplemente ya caducó. Con más de 40 años dedicados al análisis del poder, este singular investigador al que sus conocidos llaman El Doc, dice que ahora le apuesta al cambio que vendrá desde abajo. En entrevista con Proceso Jalisco dice que a la ciudadanía ya no le interesan las ideologías, ni las plataformas de los partidos.

La democracia en Jalisco es un aborto; ni siquiera nació porque la asesinaron antes de nacer, sostiene el investigador Jorge Alonso Sánchez, quien durante 41 años ha publicado decenas de artículos de análisis político, lo que le ha ganado el mote de El Doc en el estado.

Para el experto en antropología y ciencia política, el sistema político está agotado; está podrido, no tiene remedio: “Viene una nueva era en la que la gente resuelve sus necesidades cotidianas al margen del poder político. La gente –dice– ya ni necesita a los políticos, pues ellos nunca voltearon hacia abajo para ver a los ciudadanos. Entonces, que sigan con su farsa, con sus elecciones manipuladas; el pueblo seguirá adelante, como siempre, por sí solo”.

En insiste: En el estado el sistema político “se colapsó. El ejemplo está en el IEPC (Instituto Electoral y de Participación Ciudadana) de Jalisco, pervertido contaminado, supuestamente ciudadano pero lacayo de los partidos”.

En entrevista, El Doc Alonso sostiene que la esperanza está en la expresión espontánea de esos grupos, barrios, comunidades, que al margen de los poderes fácticos se organizan, sin jerarquías, sin credenciales, sin estatutos, sin dar órdenes y sin obedecer. “Es un parteaguas, viene poco a poco, no de golpe. Lo otro, lo que ya conocemos, lo electoral, sólo es simulación”, resume.

Académico emérito e investigador en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Alonso también ha incursionado en los organismos públicos, donde se desempeñó con profesionalismo y congruencia. Fue consejero electoral honorífico de 1994 a 1995, incluso renunció cuando se enteró de que le iban a pagar.

Y el 29 de septiembre último, cuando recibió el premio Jalisco, frente al gobernador Emilio González Márquez levantó la voz a favor de los comuneros de Mezcala, en Poncitlán, quienes resisten los embates de los poderosos, como Guillermo Ibarra, quien pretende arrebatarles sus tierras.

“Señor gobernador –dijo–, con apoyos políticos cómplices y corruptos, el invasor ha escalado la agresión, ha armado a un grupo paramilitar que no sólo pone en riesgo la vida de los comuneros, sino que constituye una situación sumamente peligrosa para la seguridad regional”.

Los asistentes al evento, realizado en el Palacio de Gobierno se quedaron perplejos. Su asombro aumentó cuando el galardonado entregó el cheque por 80 mil pesos a los comuneros para que lo usen en su defensa legal contra el despojo.

Desde hace años Alonso repite cada que puede que se siente más cercano al pueblo, pues ha trabajado con las comunidades eclesiales de base, con pepenadores, con los chavos de los barrios populares.

La congruencia del “Doc”

 

Nacido en 1943 en Aguascalientes, estudió filosofía y letras en el Instituto Libre de Filosofía en 1966; nueve años después obtuvo la maestría en antropología social por la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México; y en 1983 se doctoró en la misma disciplina pero esta vez en el CIESAS.

Hoy por hoy, Alonso es ampliamente reconocido, pues ha recibido varias distinciones en las últimas semanas. En agosto pasado, por ejemplo, lo reconocieron en el 20 aniversario del doctorado en ciencias sociales por ser su principal impulsor; al mes siguiente fue nombraron maestro emérito en El Colegio de Jalisco, estatus que comparte con un selecto grupo de  intelectuales como Jean Meyer y José María Muriá.

Y luego, el 29 de septiembre, El Doc recibió de manos del gobernador Emilio González el Premio Jalisco por su aportación a las ciencias sociales.

Sus líneas principales de investigación han sido sobre todo la antropología y los estudios políticos, en los que durante lustros ha documentado tanto los ultrajes a la voluntad popular como los movimientos ciudadanos en defensa del voto.

Es autor de 20 libros, uno en coautoría con Alberto Aziz Nassif; ha coordinado 10 volúmenes compilatorios y ha participado como coordinador conjunto en varios proyectos.

Su producción intelectual incluye 87 artículos incluidos en otros tantos libros colectivos; 19 prólogos; 219 textos publicados en revistas especializadas de México, Venezuela, Nicaragua, Chile, Bélgica, Francia, Corea del Sur; así como sus innumerables textos periodísticos en diarios tapatíos y en La Opinión de Los Ángeles

Alonso también ha participado como ponente en 302 seminarios y mesas redondas. Por lo que respecta a la cátedra, ha sido profesor de doctorado en la Universidad de Guadalajara, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, y las universidades Autónoma de México, Autónoma Metropolitana e Iberoamericana, de la Ciudad de México; además, ha dirigido innumerables tesis de maestría y doctorado.

Entre sus premios, está el Premio Jalisco 2011; el Premio Casa Chata 2003, el Premio Aguascalientes 2000; en Argentina fue distinguido por su participación en el ciclo Nuevas Prácticas Políticas Insumisas y desde 2010 un aula de juntas de la UdeG lleva el nombre de Alonso.

Vestido con su modesto chaleco y su inseparable boina española, Alonso recibe al reportero en las instalaciones del CIESAS, donde es profesor. “Hoy no tenemos café, faltó la gente que lo hace. Discúlpame”, se excusa, mientras se acomoda en uno de los viejos sillones de la sala de recepción. Los rayos del sol de mediodía aclaran aún más su barba encanecida.

“Tengo 41 años en estas lides”, dice a Proceso Jalisco. Su primer artículo data de 1971 y fue publicado en la revista francesa Project, bajo el título “La Revolución Mexicana 60 años después”. “Fue escrito por varios autores, pero aparecí yo primero porque mi apellido empieza con A”, dice carcajeándose.

Rememora: “Era una época clave. Habían pasado tres años del movimiento del 68, que evidenció que el partido de Estado había llegado al límite del autoritarismo”.

Luego trabajo seis meses en Monterrey, con los pepenadores y en 1974 publicó los resultados de su investigación en la revista Comunidad. El artículo, dice, se tituló “Algo por esconder”. En él “retraté las condiciones opresivas y precarias de estos sectores. La basura da dinero, pero sólo a los líderes… pues hasta entre los que se decían marxistas-leninistas había caciques”.

Contra la partidocracia

 

El interés de Jorge Alonso Sánchez por los asuntos político electorales datan de la década de los setenta, en particular por las experiencias que vivió en Nuevo León y Chihuahua.

Dice que en 1971 observó de cerca una situación electoral ficticia en el sur de Nuevo León en la que se pisoteó el sentir popular: “En el pueblo de Mier y Noriega se impuso a los alcaldes desde Monterrey”, relata. Y aun cuando eso sucedía en todo el país, esos casos le llamaron la atención. Desde entonces, comenta, sintió que se necesitaban reformas de fondo.

Al año siguiente, en Janos, Chihuahua, la historia se repitió: “El Ejército reprimió a los ciudadanos que protestaban porque su voluntad electoral había sido vulnerada. En ese tiempo no había credencial de elector, sino una especie de cartulina, por lo que los pobladores hicieron una gran fogata para quemarlas y tomar la presidencia”.

Y sigue: “Me angustié mucho. Fui a México para que (ese caso) saliera en la prensa. Y aun cuando me escucharon, me respondieron: ‘Lo que pasa en un municipio lejano de la capital no es noticia’”.

Alonso asegura que a partir de entonces comenzó a observar los procesos electorales con otra óptica, e inició sus análisis sobre las manifestaciones de descontento popular. Lo primero que hizo fue reconstruir la historia de las protestas sociales en Jalisco.

En 1994, ante las voces que reclamaban cambios cívicos, El Doc fue invitado como consejero ciudadano de forma honoraria, al lado de personajes como el empresario Julio García Briseño:

“No había sueldo –recuerda–. Lo único que teníamos era nuestro prestigio y no lo íbamos a poner en peligro en componendas. Puse empeño en que hubiera reglas claras, impulsar cambios en la ley y desde entonces pugnaba yo y otros ciudadanos por el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular”.

Aquella elección fue histórica, indica, pues se dio la alternancia con el triunfo del panista Alberto Cárdenas y la limpieza con la que los consejeros se condujeron fue ejemplar:

“Con la alternancia en Jalisco, como muchos ilusos, creí que por fin venía el tiempo que la ciudadanía influyera. Pero me di cuenta que ni con la alternancia había resultados. Los partidos, al llegar al poder, se mimetizan a las formas antiguas del partido de Estado”, sostiene el entrevistado.

En 1997, cuando se anunció que los consejeros recibirían sueldo, Alonso renunció a su encomienda electoral. “Hoy el modelo está pervertido. Los consejeros tienen prestaciones excesivas, vehículos, gasolina, secretarias, celulares, buenos restaurantes, viajes, y todo por tres años, aunque sólo trabajan seis o siete meses que duran las elecciones”, resume.

Alonso asegura que ese modelo sólo fortaleció la partidocracia, pues se adulteraron los logros impulsados por los ciudadanos; se cayó en “simulaciones ramplonas”, insiste.

“Esa partidocracia ni siquiera es dueña de los poderes fácticos –como los medios electrónicos, la Iglesia y los conglomerados económicos–, sino su esclava, pues son ellos los que dictan a los partidos políticos las pautas”.

Renacer desde abajo

 

El Doc Alonso está convencido de que el rito electoral es mera ficción, de ahí su fascinación por el silencioso renacer político que se gesta desde abajo. Ese es el objeto de sus nuevas investigaciones, dice.

“De un tiempo para acá vi que en la base hay movimientos al margen de los partidos, del Estado y del capital. No se trata de asociaciones fundadas por algún político, sino de auténticas expresiones populares que generan soluciones cotidianas, sin jerarquías, sin líderes, sin credenciales, sin folletos ni estatutos. Todo de forma espontánea y sin que los políticos intervengan”, comenta.

–¿Se puede decir que es la vanguardia o el regreso a las sociedades primitivas en cada barrio o comunidad?

–No quieren vanguardia, ni siquiera piensan en el concepto. Rompen con la perspectiva vieja, pues a los que llegan a la cúpula no les conviene hacer cambios, siguen el esquema de convertirse en amos. Pero en las calles, en los barrios, los indefensos no ven ningún apoyo. Al estar abandonados, simplemente se organizan. Renuncian a las jerarquías y avanzan sin necesidad de partidos o del gobierno; no piden ayuda a nadie. Sin saber nada de ciencia política, ellos actúan de forma efectiva.

Explica que ni siquiera se les puede denominar “movimientos”; simplemente son expresiones que vienen de lejos. “Lo que sucede es que quienes nos dedicamos a las ciencias sociales a veces estamos atrasados con la categorización de lo que va surgiendo”, expone.

Y abunda: “Son expresiones horizontales. No les importa para nada lo político, ni lo electoral, ni quién gane, ni quién pierda, ni quien llegue. Lo mismo sucede en la isla de Mezcala que en Ixcatán con los comuneros de, con jóvenes de los barrios que suelen juntarse en círculos culturales para pintar, leer, tocar su música; no me refiero a pandillas, sino a chavos limpios que crean sus propios escaparates.

–¿Los gobiernos siguen siendo autoritarios como cuándo empezó usted sus investigaciones hace 40 años?

–Es diferente. Hoy el brazo operador del poder político es la partidocracia. Los políticos son servidumbre, con sus trajes elegantes y corbatas; el autoritarismo se ejerce de forma distinta.

–Cuando usted dice que las elecciones son una farsa, ¿quiere decir que aún hay imposición de autoridades y votaciones manipuladas?

–Sí. Cada partido tiene sus mecanismos propios para garantizarse sus posiciones; ya lo vemos en el reparto de candidaturas y plurinominales. Lo que llega a la boleta es deprimente, por eso hay candidatos de pésima ralea. Y uno se pregunta: “¿Cómo llegó ahí esta persona sin ninguna capacidad o talento?

–Usted habla frecuentemente de los partidos ricos y el pueblo pobre.

–El financiamiento a los partidos es una trampa. Ellos mismos hacen las leyes y ellos mismos se ponen cuánto dinero quieren. Aunque el país o Jalisco se desmoronen, ellos siempre serán ricos. Ya hemos planteado en innumerables ocasiones recortar el financiamiento público. Es obvio que ningún partido ha aceptado. En todo lo demás ni se ponen de acuerdo, pero para repartirse el botín público siempre salen de acuerdo.

–¿Y cómo ve al Instituto Electoral de Jalisco?

–El organismo electoral en Jalisco no es garantía de independencia. Obedece claramente a esas redes de intereses partidistas, no vale la pena ya ni discutirlo. La aspiración ciudadana del voto libre fue destruida por la partidocracia. Decir que el IEPC debe despartidizarse es algo improbable. Si bien es lo que conviene, no creo que prospere ante la impudicia de la partidocracia.

–¿Y se podría arreglar quitándole el sueldo a los consejeros electorales?

–Aunque el pueblo ahorraría mucho, ni así se arregla. Ya se pudrió; este sistema electoral no tiene remedio. Yo fui consejero sin sueldo y llegué a pensar ilusamente que si les quitaran el sueldo a los consejeros las cosas mejorarían, pero no es así.

“Lo vemos también en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde los consejeros no reciben un centavo y de todos modos obedecen a los lazos e intereses de los partidos políticos que los ponen. Este sistema no tiene remedió. Se necesitan cosas nuevas. Ya no tiene caso ni discutirlo: el sistema electoral es una farsa.

–Usted me pinta un panorama es desolador…

–¡No! Al contrario, la esperanza está más viva que nunca con la aparición de estas nuevas formas sociales que te comenté. La gente en la base seguirá buscando soluciones cotidianas y mientras tanto que los partidos políticos sigan allá con su farsa. Ellos no tienen remedio. Más vale no voltear a verlos.

“El cambio vendrá, desde abajo. La gente va por su camino; ya no les interesan ni las ideologías, las plataformas o el plan de trabajo (de los partidos). Los ciudadanos son prácticos. Hoy ni siquiera les interesa ser visibles. El cambio viene de poco a poquito, no de golpe. Me quedo con la esperanza que de esta maravilla existe.