La “niña olímpica”

Carolina Mendoza, clavadista.
Foto: AP

A Carolina Mendoza, el agua y los saltos de altura siempre le provocaron una especie de embrujo. Hábil, hiperactiva a los cinco años, el reto de su maestro le marcó el destino. Saltó sin titubear de la plataforma de la alberca en la Unidad Morelos del IMSS. Casi 10 años después, la menor compitió en la Copa del Mundo de Clavados y obtuvo un boleto para Los Juegos Olímpicos de Londres. La niña Mendoza no batalla con sus facultades pero sí con la burocracia. Le quitaron a su entrenador Jorge Carreón y se tuvo que ir del Cnar. El cambio de autoridades posibilitó que recontrataran a su instructor y que la regresaran a la casa asignada a los talentos deportivos.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- A los dos días de nacida, Carolina Mendoza Hernández se rodaba en la cama, empezó a caminar a los nueve meses, y un mes después hablaba con claridad.

Desde pequeña mostró atracción por el agua. Ante el menor descuido de la familia la niña se introducía al inodoro, daba pequeños brincos y no paraba hasta quedar empapada.

La precoz Carolina apenas rebasaba el año de edad cuando bajaba las escaleras de la casa, abría la puerta principal, y ya en la calle se subía a los toldos de los automóviles y desde ahí se aventaba.

Su madre, Nadia Hernández, cuenta que cuando iba a visitar a sus amistades éstas casi le rogaban que no llevara a Carolina, pues de tan traviesa “era una niña insoportable”, reconoce.

Para canalizar la energía de la pequeña Caro, sus padres la inscribieron en el Centro de Actividades Acuáticas de Alto Nivel (CAAAN), en la Unidad Morelos del IMSS. Su madre, que desde entonces la acompaña a todas partes, solía meterse con ella en la piscina para cuidarla.

Cuando pasaban cerca de la fosa de clavados, Carolina se detenía y observaba con atención las evoluciones de los clavadistas. “Yo también quiero lanzarme”, le decía a su madre.

Siete años después Carolina Mendoza Hernández acaparó las portadas de los medios de comunicación por su gran logro en la recién celebrada Copa del Mundo de Clavados que se realizó en febrero pasado: A los 14 años y a fuerza de tenacidad se ganó un lugar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, luego de finalizar la prueba en quinto lugar con 346.85 puntos.

Carolina quiso ser gimnasta y terminó en la fosa de clavados. Sin embargo, sus sueños estuvieron a punto de frustrarse por un conflicto entre su entrenador Jorge Carreón y la entonces directora del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (Cnar), Montserrat Hernández Rovira, a quien le tocó el escándalo de los pastelitos de mariguana que consumieron cuatro atletas menores de edad en las instalaciones del centro (Proceso 1776). La funcionaria despidió a Carreón del equipo de clavados.

“En cada verano y Semana Santa, la señora quería a todos los atletas fuera de la instalaciones porque los hijos del presidente Calderón iban con sus amigos al curso de verano del Cnar. Por eso se peleó con Jorge Carreón, quien ya había formado escuela con un equipo de 120 niños”, acusa la madre de Carolina.

El deporte en la sangre

 

En la Unidad Morelos del IMSS, Carolina Mendoza encontró a su primer entrenador, Fernando Retamosa, quien decidió su destino. Fue durante un entrenamiento cuando la retó a lanzarse desde la plataforma. Y Carolina no lo dudó. A los cinco años no lo hizo una, sino dos veces hasta que el propio Retamosa la contuvo: “Calma. No te puedes seguir aventando cuando tus huesos apenas se están fortaleciendo”.

Un año después las diferencias entre los entrenadores del CAAAN fueron insalvables, lo que motivó la retirada de la familia Mendoza Hernández.

Entonces los padres de Carolina la llevaron el Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM), antes que el entrenador Iván Bautista se marchara a Guadalajara, lo que ocurrió en 2004.

Al comienzo el mismo Bautista la rechazó, pues consideró que era demasiado joven para dedicarse a los clavados. Dijo que el resto de sus compañeros eran niños cuyas edades oscilaban entre los 12 y 13 años. Incluso sugirió a sus padres que la inscribieran en gimnasia con el propósito de fortalecer sus músculos.

Durante dos años Carolina se dedicó a la gimnasia con un notable rendimiento, ya que consiguió el primero y segundo lugares en competencias a nivel distrital. A los dos años de practicar esta disciplina la abandonó por las constantes presiones ejercidas por su papá, quien no soportaba que la pequeña, su consentida, llegara diariamente a casa después de las nueve de la noche. La decisión no fue discutida.

La adolescente, quien tiene dos hermanos, practicó por algún tiempo escalada y futbol. Pero a los padres les inquietaba que una niña con demasiado talento para el deporte no realizara una disciplina con la debida seriedad.

A Carolina el deporte le viene de familia: su padre fue un atleta esforzado, aunque no llegó a grandes niveles. Sus tíos paternos fueron seleccionados nacionales; uno de ellos, Guillermo Mendoza, representó a México en ciclismo durante los Juegos Olímpicos de México 68; su tío Jesús Mendoza fue campeón nacional de ciclismo. Otro de sus tíos por el lado materno, Gonzalo Hernández, se coronó monarca nacional de gimnasia, mientras que su tío Ricardo fue quarterback de los Borregos Salvajes del Tec de Monterrey.

Su madre, Nadia, fue discípula de Raúl Barreda y conquistó el título nacional de 100 metros con vallas, e impuso récord nacional juvenil en salto de longitud en 1984. Su hermana Natalia también fue entrenada por Barreda.

La pequeña Caro, quien en su infancia se disfrazaba de Merlina Adams y se acostaba en la cama de Raúl Barreda mientras el cubano naturalizado mexicano entrenaba a sus corredores, supo de la existencia del Cnar por unos conocidos. A sus padres les hablaron de un entrenador “muy bueno”. De esa manera se presentaron un sábado con el profesor Jorge Carreón, responsable del equipo de clavados.

Carolina iba a cumplir 11 años y Carreón no quería integrarla a su equipo. Dijo que ya era una “niña grande” para iniciarse en los clavados. “Le insistimos que le realizara una prueba, y le gustó tanto el trabajo de Caro, quien en un año alcanzó el nivel de todas las niñas que ya llevaban cuatro años entrenando”, relata la madre. Desde entonces abandonó el hogar; su nueva morada eran las instalaciones del Cnar, donde entrena y estudia el tercer año de secundaria.

“Al año siguiente ganó oro en la olimpiada nacional en tres metros; venció a la favorita Dolores Hernández, quien también ganó una plaza olímpica para el país en el pasado Campeonato del Mundo.”

Ahora, dice, Dolores deberá disputar el boleto olímpico en un selectivo. “Y no sé qué opine el entrenador de Caro, pero vamos a ver si mi hija también busca ese lugar en tres metros”.

En 2009, previo al selectivo nacional, Carolina sufrió una fractura expuesta de nariz al impactarse contra el trampolín durante el entrenamiento. El resultado: 15 puntadas en la frente.

“Cuando su padre y yo llegamos al hospital a Caro se le escurrían las lágrimas. Le preguntamos si le dolía la fractura porque ya habían transcurrido dos horas del accidente y no le habían aplicado ningún sedante. Nos dijo que lloraba de impotencia, porque el 28 de abril iba a tener el selectivo nacional y se perdería la competencia”, relata Nadia.

A Carolina la operaron un jueves. Al día siguiente, en plena convalecencia, se colocó las polainas para realizar ejercicios, al tercer día fue dada de alta y una semana después de su intervención quirúrgica ya se ejercitaba en el gimnasio.

Tres semanas después del accidente tomó parte en el selectivo nacional y el 10 de mayo ganó la medalla de oro de la olimpiada nacional en trampolín de un metro. “Le robaron la presea dorada en tres metros, donde quedó en segundo lugar. Como la competencia se realizó en Jalisco, le dieron la medalla de oro a Alejandra Orozco”, cuenta Nadia.

De vuelta al Cnar

 

En 2010 Carolina se mudó a Guadalajara, donde permaneció año y medio en compañía de su madre. Lo hizo para no truncar su incipiente carrera, luego de que el equipo de Carreón había sido desarticulado. En cambio, a Carolina la esperaba el grupo encabezado por el entrenador Iván Bautista. “Gracias a él tiro plataforma, él me subió por primera vez en 10 metros”.

Mientras vivía en la perla tapatía, su mejor amiga y compañera en sincronizados, Diana Díaz, falleció en un accidente automovilístico junto a sus padres, el 21 de marzo pasado. Un tráiler de tiendas Coppel que se quedó sin frenos chocó contra varios vehículos en una caseta de cobros de la autopista Guadalajara-Tepic. En el accidente perecieron seis personas, entre ellas Diana, de 15 años y gran prospecto en los clavados.

Esta deportista, quien conquistó cuatro medallas de oro y una de plata en la olimpiada nacional de 2010, era considerada por los entrenadores de la especialidad como la gran favorita del evento en su edición de 2011.

La tragedia afectó profundamente a Carolina, quien tiempo después recibió el traje de la fallecida atleta juvenil de manos de Néstor, su hermano. “Su muerte ha sido algo difícil que apenas empezamos a superar”, dice la clavadista.

“Siempre utilizo ese traje durante mis competencias, como fueron el selectivo y el preliminar para la Copa del Mundo, así como en la olimpiada nacional de 2011. Desde que falleció, su traje me acompaña a cada uno de mis eventos en honor a la amiga. Es una memoria eterna. Y aunque no compita con esa prenda siempre la cargo en mi mochila. Así sucedió en la semifinal y la final de la Copa del Mundo”, dice.

La joven Carolina, quien tras su demostración en la Copa del Mundo de Clavados de Londres superó a la medallista olímpica de Beijing Tatiana Ortiz, eligió esta disciplina “porque siempre me llamó la atención quedarme a vivir en el Cnar, hasta la fecha”.

La clavadista regresó a principios de enero pasado al Cnar, luego de que Jorge Carreón fue reinstalado en sus labores tras el cambio de administración en el centro.

Carolina cumplirá 15 años el próximo 25 de abril, pero no sueña con bailar el vals, “no me gusta. En ocasiones me invitan a las fiestas, pero prefiero entrenar y asistir a la escuela. Mis padres me preguntan que si quiero fiesta de XV años, y les digo que no. Mi mejor regalo será asistir a mis primeros Juegos Olímpicos”.