Candidatos escolta

La que en un principio iba a ser una pugna de tres candidatos por el gobierno de Jalisco, tres candidatos con posibilidades reales de suceder en el cargo a Emilio González Márquez, finalmente quedó diluida en cinco aspirantes. Y ello por la suma de dos personas que, de última hora, se inscribieron nominalmente en la contienda. Vale decir que el verdadero objetivo de estos últimos candidatos no es el agenciarse el primer mando del estado –algo que en realidad está fuera de su alcance– sino mantener el registro de los partidos que, al cuarto para las doce, decidieron postularlos ante la imposibilidad de ir en alianza con los dos partidos mayoritarios de la entidad.

Ese fue el caso del PRD. Luego de ver cómo fracasaba su coalición con los otros partidos políticos y demás organizaciones de las autoproclamadas “izquierdas”, los cuales habían postulado como su candidato a la gubernatura al alcalde con licencia de Tlajomulco, Enrique Alfaro Ramírez, la dirigencia perredista se decidió por el expanista Fernando Garza Martínez, quien previamente se había registrado ya, por el mismo partido del Sol Azteca, para contender por la alcaldía de Guadalajara, cargo en el que buscaba repetir, luego de que, entre 2001 y 2003, encabezara esa misma administración municipal.

Por otro lado, como no fue posible que el Partido Nueva Alianza restableciera su alianza primigenia con el PRI –ni a nivel nacional ni a escala local– y como el PAN tampoco mostró ningún interés por llevar de chalán al partido del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), a los dirigentes del Panal no les quedó otra salida que rascarse con sus propias uñas y registrar, ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco, como su abanderada al gobierno de la entidad a una persona prácticamente desconocida en el mundillo político del estado: la profesora María de los Ángeles Martínez Valdivia, integrante del SNTE, en cuya sección 47 fungía como secretaria de Desarrollo Tecnológico.

Se ve muy difícil la misión para ambos candidatos escolta, casi comparsas, en su misión de ayudar a mantener el registro oficial de los partidos que los postulan. Las cosas van a estar particularmente cuesta arriba para la profesora Martínez Valdivia, contra quien pesa no sólo el hecho de que es completamente desconocida fuera del sindicalismo magisterial de la comarca, sino que lleva también en su contra la marca registrada del Panal, un partido cuya carta de presumir es la inefable Maestra Elba Esther Gordillo, un partido que tiene un nulo rebote social y que ideológicamente bien podría ser definido con la letra de un viejo son cubano: “Ese coco se rompió/ y dentro no tenía na’./ No tenía ni yerbabuena/ ni chicha ni limoná’”. Por ello mismo, son casi nulas las posibilidades de la candidata neoaliancista para colocar su nombre al lado del de un antiguo colega y paisano suyo: el profesor Juan Gil Preciado, quien gobernó Jalisco entre 1959 y1964, justo antes de irse a encabezar la Secretaría de Agricultura y Ganadería durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Por su parte, tanto los perredistas de Jalisco como los de la esfera nacional, que de último momento y para sorpresa de medio mundo decidieron postular al derechista Fernando Garza Martínez como su candidato al gobierno estatal, se darían por bien servidos con que el exalcalde tapatío lograra pepenar el número suficiente de votos para que el partido del Sol Azteca consiguiera mantener el registro en la entidad y, en la misma función de remolque, ayudara también al PRD a lograr mantener por lo menos una curul en el Congreso de Jalisco.

De no ser así, la cúpula perredista local no sólo perdería el dinero y demás asignaciones oficiales que hasta ahora recibe, sino que padecería también una humillación mayúscula al ver cómo el “principal partido de la izquierda” pasaría a formar parte de los partidos patito o de la chiquillada política en el estado. Esa eventual humillación y ese alto costo en las esferas del poder público tendrían que ser pagados, en partes iguales, por la cúpula nacional perredista (encabezada por los Chuchos) y por las personas que, desde hace 15 años, han venido regenteando a ese partido en la entidad: el núcleo duro del mal llamado “Grupo UdeG”, cuyo jeque de jeques es el exrector Raúl Padilla.

Este último no sólo ha manejado al PRD Jalisco a su antojo, como si de una franquicia de su propiedad se tratara, sino que se ha esmerado en que muchos otros de sus adictos y aliados consigan entrar a la estructura de otros partidos políticos, específicamente del PRI, en el que desde hace poco milita su hermano menor, José Trinidad Padilla, quien ahora es diputado federal con licencia y se apresta para disputar una diputación local.

Pero la cúpula padillista también ha buscado mantener una relación clientelar con integrantes del PAN y del Verde Ecologista. Abundan los ejemplos en ese sentido. Uno de ellos fue cuando en 2007 la administración municipal de Guadalajara, que encabezaba el panista Alfonso Petersen Farah, no sólo le renovó el comodato del estacionamiento del estadio Jalisco a favor de la UdeG, ¡por 66 años!, sino que autorizó que en esa misma explanada la dirigencia de la casa de estudios pudiera construir un centro comercial y de espectáculos. Vale decir que meses después el mismo alcalde panista entregó al perredista Raúl Padilla la presea “Guadalajara” por sus presuntos méritos como promotor de la cultura.

Otro caso de esta misma relación clientelar entre el dueño de la franquicia local del PRD e integrantes de otras fuerzas partidistas ocurrió a principios de la presente legislatura local, se dio cuando el panista José María Martínez (ahora también candidato del PAN al Senado) promoviera el homenaje que el Congreso de Jalisco le hizo al propio exrector Padilla, al que la mayoría de diputados declaró algo así como benemérito de las musas. Un ejemplo más sería el caso del diputado del PVEM, Enrique Aubry, invitado frecuente a los espectáculos dudosamente culturales organizados por el mayor de los Padilla a costa del erario de la UdeG, así como a fiestas privadas del propio exrector, luego de las cuales el legislador ecologista no resiste la tentación de subir a las redes sociales fotos suyas, donde aparece al lado de figuras de la farándula internacional como Eva Longoria o Charly García.

Antes esta anfibología ideológica 
–por no decir promiscuidad política– de quien desde hace 23 años funge como el cacique de la Universidad de Guadalajara (¿eres tú, Raúl?) no ha dicho nada hasta ahora la dirigencia nacional del PRD. Ni siquiera cuando Ricardo Monreal y Dante Delgado Rannauro, dos de los mariscales del movimiento político que promueve la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, sorprendieron a los hermanos Padilla y a otros integrantes del llamado Grupo UdeG en el bar de un hotel de Guadalajara, en negociaciones con el dirigente estatal del PRI, Rafael González Pimienta, lo que llevó a Delgado Rannauro a decirle, en burlas veras, a un cariacontecido Raúl Padilla: “¡Así te quería agarrar!”.

A resultas de lo anterior, ahora hay dos presuntos candidatos de izquierda al gobierno de Jalisco, lo que de entrada limita las posibilidades de triunfo del favorito de esta postura (Enrique Alfaro) y lo que, a quererlo o no, les viene a dar cierta tranquilidad a los abanderados del PAN (Fernando Guzmán Pérez Peláez) y del PRI (Aristóteles Sandoval Díaz). Porque en el peor de los casos, el ahora “perredista” Fernando Garza Martínez sería un factor de división y no de alianza entre “las izquierdas”. Y en el mejor, no pasaría de ser un anodino candidato escolta, lo mismo que la abanderada del Panal, María de los Ángeles Martínez Valdivia.