Residentes extranjeros, hartos de los despojos

Recientemente la delincuencia organizada se ha cebado en la colonia de extranjeros más numerosa del país, asentada en las riberas de la laguna de Chapala. Aprovechando que muchos de ellos aprecian más que nada la tranquilidad y no hablan bien el español, un grupo de invasores de predios y abogados están despojando de sus propiedades a estos pacíficos residentes, ante la impasibilidad y a veces con la cooperación de funcionarios y empleados del Poder Judicial.

La más grande comunidad extranjera en el país, radicada en la ribera de Chapala, vive acosada por la inseguridad, particularmente por el robo de propiedades y terrenos.
Algunos advierten que miles de residentes de origen foráneo podrían abandonar el estado, inconformes por el aumento de la delincuencia, la tibia actuación de las autoridades y la debilidad de las instituciones jaliscienses que ha dado al traste con la tranquilidad que por décadas disfrutaron en las orillas de la laguna de Chapala.
Paul East Raza, abogado y médico de origen hindú-británico, se dice preocupado por la descomposición de la calidad de vida que antaño construyeron sus vecinos, a los que llama “despatriados”, tanto en Chapala como en Jocotepec y Poncitlán.
Según el Consulado de Estados Unidos en Guadalajara, tan sólo sus ciudadanos residentes en Chapala son más de 8 mil. Se les suman canadienses, italianos, holandeses, alemanes y ciudadanos de otras naciones.
“Sería muy triste que un día los extranjeros que han escogido a México y Jalisco para pasar sus últimos años de vida decidan emprender su retirada de estas tierras. No me puedo imaginar una caravana de gringos o canadienses con rumbo al aeropuerto de Guadalajara y que anuncien que ya se van”, dice en buen español, con su correspondiente acento East Raza.
El residente extranjero, que durante varias décadas brindó asistencia humanitaria a la población marginada en otros países, advierte que el funcionamiento de las instituciones se ha relajado, lo que puede tener pésimas consecuencias.
Teme que esta situación sea apenas el inicio. Lo malo es que la mayoría de los “despatriados” es muy susceptible a la inseguridad, ya que la mayoría procede de naciones con instituciones fuertes y capaces de someter a la delincuencia apegándose al marco legal; además, entre ellos hay muchos jubilados cuyo único deseo es vivir en paz. “Muchos no hablan español y tienen serias dificultades para entablar un juicio de orden civil o penal” y con tal de no pasar por el martirio burocrático se resisten a entablar procesos judiciales.
Explica que en Chapala los extranjeros corren el riesgo de ser atacados por delincuentes y menores de edad manejados por aquellos “profesionales” que cuentan con la corrupción de las instituciones para “obrar con impunidad”.
Y alude a la famosa novela del escritor inglés Charles Dickens: “¡Esto es Oliver Twist en México! Tú denuncias a delincuentes por diferentes delitos, pero no pasa nada y en realidad vas contra un sistema que manejan mafiosos y gente muy poderosa que usa al Poder Judicial o al Ministerio Público a su favor”.
Señala que por parte de las autoridades “no se quiere entender que tenemos muchas décadas radicados en la ribera de la laguna; que unos ya tenemos hijos mexicanos y que otros buscan la nacionalidad mexicana porque viven plenamente identificados con esta parte del mundo. No nos sentimos extranjeros y quizá no se ha valorado en toda su magnitud el aporte que hacemos para el sostenimiento de varios municipios en lo económico, social y cultural. Somos gente de bien que hacemos nuestro mejor esfuerzo y aún creemos en el futuro de este país, pero igual nos podemos ir”.
Desde diciembre pasado Proceso Jalisco reportó el aumento de las quejas de los residentes extranjeros por la inseguridad. A muchos de ellos no les sorprende la inseguridad, sino la corrupción que impide combatir eficazmente ese flagelo social.
Lo que renovó las protestas de los inmigrantes en Chapala fue el asesinato de Stephen Christopher Kahr, oriundo de Nueva York, quien fue acribillado a las afueras de su domicilio en Ajijic el pasado 29 de noviembre, en un aparente intento de robo.
Más de 200 extranjeros protestaron por este crimen frente a la presidencia municipal de Chapala (Proceso Jalisco 371). Exigieron más seguridad, pero los resultados hasta ahora son insatisfactorios, indica East Raza.
Despojo de propiedades

Entre los inmigrantes radicados en la ribera de Chapala hay boinas verdes del ejército de Estados Unidos en retiro, productores de cine, profesores de educación superior jubilados, artistas que tuvieron sus glorias en Broadway y agentes federales, quienes parecen igual de inermes que cualquiera ante los delincuentes, abogados y seudolitigantes que encabezan grupos de choque para invadir, robar propiedades en horas y defender con artimañas el botín.
El jueves 5, Daniel Maurice Russel, ciudadano estadunidense de la tercera edad, recuperó por la vía judicial dos lotes en el fraccionamiento Rancho del Oro, a menos de nueve kilómetros de la cabecera municipal de Chapala, cerca del poblado de Ajijic. Los predios, valuados en más de un millón 500 mil pesos, fueron ocupados ilegalmente por sujetos que, al ser vencidos en tribunales, amenazaron de muerte a Russel y trataron de intimidar a su abogada, Alma Chávez Tentori.
En entrevista, el estadunidense relata que el 10 de septiembre de 2008, poco antes de las 11 de la mañana, un grupo de supuestos paracaidistas encabezados por Alfonso Ceja Chávez, un vendedor de plantas de ornato, invadió sus propiedades en las calles Río Amazonas y Río Madeira del citado fraccionamiento:
“Ese señor (Alfonso Ceja) ingresó a mis terrenos, tumbó la malla ciclónica y empezó a meter ladrillos, pero sin ningún derecho. Abrió la puerta de atrás, sobre Río Madeira, ingresó con varios niños y se instaló en el predio”.
Asegura que luego de ver esa acción personalmente fue a reclamarle su proceder pero el sujeto lo amenazó con un machete y le dijo que se fuera de ese lugar. Ante el peligro, Russel pensó resignarse a perder sus terrenos que sumaban más de 900 metros cuadrados, pero conocidos suyos lo convencieron de denunciar el despojo. Lo hizo: en 2009 interpuso una demanda contra Ceja Chávez y Ronald Siebert que originó el expediente 268/2009, radicado en el Juzgado Segundo Civil.
Después de tres años de litigio y cerca de cuatro desde que sus propiedades le fueron arrebatadas, hace dos semanas el juzgado dictó el jueves 5 una resolución para que se le devolvieran las propiedades a Russel. Sin embargo, se trata sólo de un capítulo del pleito.
El colono, que varias décadas fue agente de una dependencia federal de Estados Unidos, narra que con base en la resolución del juzgado obtuvo una orden judicial para que los “paracaidistas” sacaran todas sus pertenencias de los predios, entre ellas una casa rodante, y que tras el desalojo se descubrieron matas de mariguana. No obstante, después se presentaron ahí dos jovencitas (posibles hijas de Alfonso Ceja, comenta) y una anciana para amenazarlo:
“Sin pedir ningún permiso llegaron y se metieron –cuenta Russel–; desde el interior del terreno nos gritaban que nos retiráramos, que no éramos nadie allí. Yo estaba acompañado de mi abogada, la licenciada Alma Chávez Tentori, y una de las jovencitas me gritó que esa propiedad era de su daddy Siebert y que él nos iba a mandar a la chingada, que iban a llamar a su abogada Armida de la Parra Chávez para que nos corriera”.
En efecto, minutos después llegó al domicilio del desalojo una mujer en una camioneta Hummer azul oscuro, acompañada de un sujeto canoso que se dijo abogado. Ellos “de nuevo nos insultaron y amenazaron a la licenciada Alma Chávez, a pesar de que en el lugar permanecía una patrulla del municipio de Chapala”. La mujer resultó ser la susodicha licenciada Armida de la Parra.
El hombre canoso, por su parte, decía que “la señora Alma que no era abogada, le gritaba que ella de abogada no tenía nada. Exigía que le diéramos la orden de la autoridad judicial y nos retaba para que le informáramos de qué película habíamos sacado la acción para sacar a la gente que tenía ocupado el predio… Incluso querían agredirnos, pero uno de los policías municipales solicitó refuerzos y llegó una patrulla con mujeres policías para impedir la violencia; entonces las agresiones se dirigieron contra las representantes del orden”.
Ante la agresividad de quienes alegaron ser la parte despojada, la policía los detuvo y se los trasladó a la Dirección de Seguridad Pública de Chapala. Pero sólo permanecieron ahí unas horas, bajo cargos menores, dice la licenciada Alma Chávez: “Los policías aseguraron que la retención de esas personas fue por su actitud agresiva, pero en verdad lo que nosotros estábamos denunciando era un nuevo intento de despojo por parte de los mismos paracaidistas, cosa que no se asienta en ningún acta”.
La abogada de Russel dice que por eso tuvieron que levantar otra denuncia, esta en materia penal, por las amenazas de muerte que les hicieron los representantes de Ceja y sus allegados.
Según la licenciada Chávez, en la misma zona de Rancho de Oro hay otras denuncias contra el mismo grupo de invasores porque se han apoderado de otros terrenos y han simulado compraventas. Aclara que Russel no tiene quejas sobe la actuación del Poder Judicial, pero admite que sí le han comentado que se dan en víctimas de otros casos.
Reconocidos

Este semanario consultó a otros residentes extranjeros del fraccionamiento Rancho de Oro y encontró a más afectados por el mismo grupo de invasores de predios. Coinciden en que entran en los predios con violencia y casi de inmediato obtienen amparos con escrituras suplantadas; después amenazan a quienes se atreven a denunciarlos para que se desistan de las acusaciones.
El abogado Nieves Acosta, a quien le ha tocado enfrentar a Armida de la Parra en juicios similares al de Russel, asegura que esa litigante tiene en su contra decenas de denuncias penales y civiles, pero que es reconocida su influencia en el Supremo Tribunal de Justicia.
Afirma que ella y otras personas se apoderaron de varios predios en la zona sur poniente del área metropolitana, y que el Colegio de Pediatras de Jalisco entabló diversos juicios contra ellos porque invadieron un lote de más de 11 mil metros cuadrados en Mariano Otero y Periférico Sur, en Guadalajara. Acosta señala que varios de esos negocios fraudulentos aparecen registrados en la Notaría 60, encabezada por Conrado Cevallos Ponce.
Explica que el caso de Maurice Russel sigue el patrón delictivo del grupo de Armida de la Parra: ubican el terreno, se meten por la fuerza, llevan acabo un estudio topográfico, introducen maquinaria para limpiar el predio y de inmediato fingen un negocio de compraventa donde se involucra a otras personas para concluir con el despojo.
En el marco de la denuncia del Colegio de Pediatría de Jalisco, el 30 de marzo de 2009 diversos medios de comunicación publicaron que Armida de la Parra es responsable de una serie de despojos en Ajijic, Chapala, Zapopan, Guadalajara y otros municipios. Se mencionó que la litigante utiliza para ese fin a un grupo de invasores conocidos como Los Güizapoles, pero que además “tiene comprados” a jueces, actuarios y algunos policías.