De odres y ensueños


Oviedo, España (Proceso).- Xuacu es su nombre de pila, Amieva su apellido y quienes lo conocen saben que es el representante más conspicuo de la música para gaitas de Asturias, pero también de Galicia y, si queremos ser exactos, tampoco le es ajena la ejecución de gaitas escocesas, o irlandesas, ni de otras 30 clases entre las que se enumeran las de Europa del Este y las mediterráneas. Es, en suma, un hombre que ha ofrendado su vida al renacimiento y divulgación de un instrumento milenario cuya evanescente literatura estuvo amenazada por los vientos de la incuria. Para sorpresa nuestra, Xuacu soñó desde niño con viajar a México para dejarse cautivar por los vestigios de la civilización maya y se aprestó con exquisita bonhomía para charlar con Proceso.

SM. Maestro Amieva, su amor por la gaita podría parangonarse al que tuvo Piazzolla por el bandoneón o Gheorghe Zamfir por la zampoña y, siendo honestos, usted podría superarlos en cuanto a sus aportaciones concretas; háblenos de ellas sin reparos…

XA. Rechazo por principio los autoelogios, pero ya que me lo solicita debo decir que la labor era impostergable, sin importar quien la emprendiera. Era evidente que el extenso, casi infinito, patrimonio cultural que engloba la gaita tenía que plasmarse por escrito y que su estudio debía sistematizarse para que las nuevas generaciones no dependieran de la tradición oral únicamente. Piense usted que ya desde el siglo XIII comenzaron a proliferar las misas de gaita, junto a las romerías profanas. Por una serie de afortunadas circunstancias me he visto envuelto en una cruzada para hacer que la gaita deje de considerarse como objeto de un folklore caduco. Después de años de lucha hemos logrado que se estudie en el conservatorio y que acceda a las salas de concierto.

SM. ¿Qué obstáculos ha encontrado en el camino?

XA. Los más tenaces siguen siendo los prejuicios y la ignorancia de los funcionarios que están a cargo de la cultura. En su gran mayoría desconocen que las raíces de la gaita asturiana se remontan al medioevo y que en sus sonoridades palpita nuestra historia. Por no hablar de las políticas de las televisoras regionales, que decretan que lo que hacemos no es apto para el gran público.

SM. Escuchándolo pareciera que el Atlántico se evapora y que está usted hablando de lo que se padece en la otrora Nueva España, donde los responsables de la cultura, además de su ineptitud, viven escindidos entre una devoción enfermiza por lo extranjero o una admiración ciega por lo autóctono, sin vías comunicantes; pero volviendo a los orígenes de su instrumento, tengo entendido que ya se conocía en la Roma Imperial y que Nerón solía tocarla, ¿qué tan veraz es esto?…

XA. La leyenda cuenta que, efectivamente, Nerón tocaba la tibia utricularis, que es una suerte de gaita construida con los mismos principios de la actual. La diferencia estriba en que el puntero se hacía con el hueso humano al que se le practicaban los orificios y que el odre o fuelle estaba hecho de una vejiga animal. Hoy se emplea una piel de cabrito. Qué tanto hay de cierto en que hayan sido los romanos quienes la trajeron a España… no lo sé; es muy probable, mas no subsisten constancias documentales. Lo que sí sabemos es que la gaita como tal ha estado presente en muchas civilizaciones, desde la sumeria, hasta la de los antiguos astures.

SA. Ilústrenos, por favor, sobre su funcionamiento y construcción.

XA. Su característica fundamental es el sonido, o nota pedal, que se emite inalterado a través del roncón, al que se le suman las notas que se producen con el puntero, que es el tubo sobre el que se configuran las melodías. Existen tres tipos clásicos de gaitas, cuyas diferencias radican en la altura de sus notas: La grillera es la aguda, la redonda es la intermedia y la tumbal produce los sonidos más graves, aunque la variación de frecuencias es mínima; contamos, nada más, con dos tonos de diferencia, del si bemol índice 4 hasta el re índice 5. En cuanto a su fabricación, es un asunto donde interviene la destreza del artesano, que debe trabajar siguiendo las directrices del ejecutante.

SA. Lo primero que me viene en mente al evocar una gaita es su sonido pungente, sería interesante saber qué tipo de reacciones encuentra usted entre los escuchas…

XA. Se cree, por ejemplo, que los sonidos de flautas y cuerdas se dirigen al corazón, en cambio, las gaitas repercuten primero en el plexo solar y los intestinos. Lo que nunca falla, al grado de decir que es una norma, es que a la gente se le humedecen los ojos, llegando a extremos de llanto incontenible.

SM. Discurriendo por su amplia discografía resalta el hecho de que además de sus ejecuciones sobre diversas gaitas, toca usted el rabel, canta en asturianu, compone y hace arreglos de mucha música medieval. ¿Hay algo más que se me escape?

XA. Todo parte de una misma premisa: difundir los tesoros de una tradición que no puede extraviarse. Acaso mencionaría yo la labor de etnógrafo, que me ha llevado a recorrer los rincones más apartados de Asturias y la actividad docente. Al cabo del tiempo puedo decir con orgullo que he formado a cientos de discípulos y que de cinco años para acá la Fundación Príncipe de Asturias me ha invitado a participar en los cursos de la Escuela Internacional, a la que acuden alumnos de todo el mundo. El año pasado instruí a un joven de Veracruz y en este verano estoy trabajando con una niña mexicana, hija del maestro Alejandro Reyes, percusionista de la Orquesta Sinfónica Nacional, quien deslumbra por sus dotes musicales.

SM. En 1996 obtuvo un grammy por su disco Santiago, ¿quisiera abundar en ello y hacerle alguna recomendación a los visitantes de la audioteca de Proceso?

XA. Con mucho gusto. Por ahí de 1994 fui convocado por el eminente grupo irlandés The Chieftains para grabar con ellos. Escogimos como eje temático las músicas que escuchaban los peregrinos del camino a Santiago de Compostela, de ahí su nombre. Una de las obras que más gustó fue El besu, así, escrito en bable o asturianu. (1)     

SA. Le pediría, para concluir, que nos explicara el porqué de sus ensoñaciones con México…

XA. Es algo que aún no alcanzo a explicarme, sólo recuerdo que siendo pequeño vi unas fotos de la pirámide de Kukulcan  y el castillo de Tulum y sentí una emoción muy intensa, como si la fuerza cósmica que encierran sus piedras me privara de la voluntad, jalándome hacia ellas… Lo que sí puedo compartirle es una de las experiencias más trascendentales que conservo en la memoria: Me sucedió en mi único viaje a su país, en el verano de 2000, cuando visité Teotihuacan. Ante el portento arquitectónico mi reacción espontánea fue ascender a la pirámide del Sol para tocar desde su cima una danza ceremonial de mi tierra, el Pericote, que es previa al cristianismo… fue mágico.

SM. Es extraño, porque eso no está permitido…

XA. En ese momento no me cruzó por la mente que hubiera alguna prohibición, y tampoco capté  el profundo simbolismo que encerraba mi impulso interior. Lo relevante del caso es que cuando los guardias intentaron detenerme, la gente reunida a mi derredor, apelando a sus derechos de consanguineidad con los toltecas, se los impidió con una enjundia indescriptible…

 

(1)    Degústela, junto a otras sorpresas aportadas por el maestro asturiano en la página: proceso.com.mx