Exilios


MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para Luis Pérez Ixoneztli (Ciudad de México, 1951), la existencia no puede escindirse de su misión como forjador de paisajes sonoros. Sus pulsiones vitales están contenidas dentro de su quehacer y éste, como el de todo artista verdadero, se sitúa por encima de reconocimientos transitorios y de fama perecedera. Vive para crear y crea para sentirse vivo. Es, en suma, un predestinado que al moldear la materia sonora atraviesa las corrientes de la historia, al tiempo que resquebraja sus enigmas o ratifica sus misterios.

Para saber más de su persona y de sus aportaciones en el inusitado campo de la arqueo-musicología, Proceso solicitó una entrevista que dilató varias semanas en concretarse. Una inmersión total en dos proyectos de largo aliento, junto a la lejanía geográfica -reside desde hace 25 años en Los Ángeles, California- fueron factores determinantes, mas no decisivos: el entusiasmo manifestado desde el primer momento era verídico y las ganas de compartir sus experiencias también…

SMCH: Tu nombre aparece en bandas sonoras, programas de mano en varias lenguas, discos compactos y documentales, e incluso, tus creaciones se exhiben en museos y galerías de arte y son citadas en congresos internacionales, sin embargo, es muy poco lo que se conoce de ti en México. (1) ¿Lo atribuyes a una conjura en tu contra o es parte de ese desapego que nos aqueja desde que nos erigimos como una raza con características supuestamente propias?

LPI: Digamos que nunca me he preocupado por difundir eficientemente los frutos de mi trabajo, y a eso se añade que rara vez viajo a México. Tendría que dedicarle mucho tiempo a la auto promoción, tiempo que habría de robarle a lo que en realidad me importa; lo digo de otra manera: prefiero las delicias de un anonimato fructífero que los manoseos de una prominencia estéril. Es contraproducente publicitarse si lo que uno vende es humo.

         Es paradójico que no te asumas como expendedor de humo, cuando gran parte de tu labor es, precisamente, poner a vibrar el aire y vendérselo a quienes se interesan por aquel que circulaba en el México Antiguo… ¿Quisieras explicarnos cuáles fueron las etapas evolutivas de lo que haces?

Para explicarlo bien tendría que estar seguro de haberlas asimilado, y aún no lo estoy. Es demasiado complejo ponerse a recrear la cosmoacústica que imperaba en tiempos previos a la Conquista, aunque sí puedo decirte que las partículas de aire que respiraban los pobladores de Mesoamérica siguen siendo las mismas; ahora contienen más bióxidos de carbono pero, no han cambiado en su esencia. Además, hemos de considerar que el sonido, como entidad originaria, tampoco se ha extinguido. Desde la explosión primigenia, el universo sigue reverberando, y sus ecos aún se expanden a distancias que ni siquiera alcanzamos a imaginar; de ahí la trascendencia del sonido y el porqué de su sacralidad en las culturas de la antigüedad. Antes que el pensamiento y la palabra, el sonido es inherente a la vida; es algo tan sencillo como saber que el cosmos es un resonador infinito, donde los planetas emiten frecuencias sonoras que, obviamente, no entran nunca en colisión; si lo hicieran no tendríamos sistemas solares y no estaríamos aquí platicando.

         ¿Debemos aducir que las únicas emisiones acústicas que chocan entre sí, desintegrándose en el proceso, son la que emite la ruidosa criatura humana?

Yo creo que sí, porque el homo sapiens es el único animal que produce cacofonías y que se regodea en amplificarlas, es más, ha hallado que puede negociar con ellas… Los pájaros cantan para aparearse y los felinos rugen para afirmarse, jamás lo hacen para sacar ventaja de sus semejantes, mucho menos para denigrarlos o ensordecerlos. Pero volviendo a la pregunta, debo agregar que el detonador que me condujo hacia el estudio de los instrumentos musicales precolombinos fue el encuentro, en condiciones casi virginales, con las ruinas de Palenque. Presentí, contra toda evidencia, que la grandeza arquitectónica mesoamericana forzosamente debía tener una correspondencia con la música que le fue consustancial. Era imposible separar las atribuciones y los logros de ambas. Heredamos las construcciones en piedra, pero las configuraciones invisibles se sumieron en el silencio. Después de eso, comencé a analizar los vestigios arqueológicos y a interesarme por sus ramificaciones en las culturas indígenas sobrevivientes. Capté que el nexo, pese a la violenta imposición europea, seguía presente, en un sincretismo inacabable. Aunque, para entender a fondo las particularidades de los instrumentos, no tuve otra opción más que rehacerlos, copiando sus técnicas constructivas. Es impresionante constatar su refinamiento y complejidad. La fase que hoy me ocupa es la de incorporarlos en recreaciones mentadas “posmodernistas” que se valen de los recursos electrónicos de nuestra era y la de escribir un libro que ilustra su hechura y características principales.

         ¿El libro está ya publicado?

Aún no, pues se pretende lanzarlo al mercado en una edición bilingüe, cuya parte inglesa todavía no está terminada. Pero si puedo adelantarte que en él están contenidos y desmenuzados alrededor de 125 instrumentos. Su título será: “Manual de técnicas constructivas de instrumentos nativos mexicanos de aliento y percusión”

         En cuanto a los proyectos “posmodernistas”, ¿a cuáles aludes?

Estoy pensando en el disco Santuario de Mariposas (2) que, como se volvió costumbre, me engulló por completo, llevándome inclusive a la inanición. Desde el primero llamado Ipan in xictli metztli (En el ombligo de la luna) que concebí en 1981, hube de relegarlo todo para darles vida; y con eso quiero decir, familia, amigos, etc.

No era para menos dada la magnitud de lo emprendido. Confrontaste los prejuicios que gravitan desde hace cinco siglos sobre el arte sonoro autóctono. Baste recordar que el propio Clavijero, considerado como el primer historiador mexicano que refutó lo enunciado por europeos, fue incapaz de superar los suyos y escribió sin conocimiento de causa que: “más imperfecta aún que su poesía era su música. Su canto era duro y fastidioso… fue el arte en que menos sobresalieron los mexicanos.” En cambio aseveró, y aquí demuestra su apego a los cánones del Viejo Mundo, que sí tenían “hermosísimos bailes”, (3) cuando para ellos el binomio danza/música era indivisible. Por no hablar de los cronistas españoles, Sahagún incluido, que no se molestaron en transcribir a las pautas los cantos nativos por considerarlos idolátricos. ¿Qué podía esperarse entonces?

Pues más desconciertos y ulteriores oscuridades. Es lamentable cómo la gran lección que Europa pudo aprender de los pobladores de América fue cancelada de tajo por su codicia y fanatismo, esto es, que el hombre debe utilizar su inteligencia para armonizar sus necesidades con el mundo que lo alimenta. Acostumbrado a depredar, el europeo implantó la creencia de que la tierra está a su servicio sin que deba dársele nada a cambio. Curiosamente, las deidades a doblegar eran las regidoras de los elementos de la naturaleza y ahí tenemos los resultados: lluvias ácidas, tierras yermas y aires envenenados. Sin lugar a dudas, en los instrumentos musicales se transparenta el respeto que sí tenían los hijos del maíz por ese hábitat circundante al que imitaban para reverenciarlo. Las percusiones simbolizaban la tierra, los aerófonos representaban el cielo y en el medio surgían los seres vivos cuya sobrevivencia dependía de ese frágil equilibrio entre las fuerzas cósmicas, también reflejado en sonidos.

Para concluir no puedo evitar una pregunta obligada: ¿por qué con ese amor por la cultura de los pueblos originarios escogiste emigrar al norte?

Las circunstancias eligieron por mí, obligándome a echar raíces en el vacío. En los Estados Unidos tuve acceso, por ejemplo, a una de las colecciones de instrumentos prehispánicos más completas y se abrieron innumerables oportunidades de trabajo. En nuestro país fui víctima de robos intelectuales y reiterados menosprecios. Cuando se inauguró el Walt Disney Hall en 2003, me solicitaron una composición, ¿crees que eso hubiera sucedido con la fatídica reinauguración del teatro de Bellas Artes?… El inevitable destierro me ha dado la posibilidad de concentrarme en mi obra y, observa la ironía, al hacerlo destapo conciencias en el estadunidense típico que es maestro en exiliarse de sí mismo…

(1)       Mayor información sobre la actividad del maestro en el sitio web: ixoneztli.com

(2)   Se recomienda la audición de un par de fragmentos: Audio 1: La lengua de las serpientes. Audio 2: Mariposas de fuego. (CD Santuario de mariposas. IXONEZTLI MUSIC BMI, 2012)

(3)   F. J. Clavijero. Historia Antigua de México. Libro séptimo Tomo II,  pp. 68 y 69. Editorial Delfín. México D. F., 1944.