Música: “Hänsel y Gretel”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La Ópera de Bellas Artes presentó una nueva producción de Hänsel und Grettel (1892) del compositor alemán Engelbert Humperdink (1854-1921). Primera vez que se hace en México en alemán; se había presentado anteriormente en italiano y sobre todo en español. Esta deliciosa obra tiene un libreto de Adelheide Wette, hermana del compositor, y se basa en el cuento homónimo de los hermanos Grimm.

Hace más de 20 años que no se montaba en Bellas Artes y resultó todo un éxito gracias a lo atinado del reparto: Guadalupe Paz y Lourdes Ambriz en los papeles protagónicos; María Luisa Tamez: La Bruja, Amelia Sierra: La Madre, Arturo Rodríguez: El Padre, Elisa Ávalos y Angélica Alejandre: el hada del rocío y el hombre de las arenas. Además un nutrido grupo de acróbatas y bailarines comandados por el muy talentoso César Romero, el Coro Schola Cantorum de México (de niños) que siempre son una garantía de eficiencia musical y escénica.

Equilibrio perfecto entre canto y actuación: ¡Había tanta verdad escénica en la pareja protagónica! Bailaban, cantaban, actuaban con tal maestría que concretaron unas funciones memorables. Aplauso merecidísimo a María Morett, quien diseñó vestuario y escenografía además de dirigir la escena. Hubo modernidad en su propuesta, sí, pero sin estorbar el libreto original ni el discurso escénico. Brujas que volaban, pizarrón de arena, dibujos animados, actores, bailarines, acróbatas…

María Luisa Tamez representó una bruja simpatiquísima, cantada de maravilla. Lupita Paz: una voz estupenda de mezzosoprano que muchos elogios se llevó hace tres años con motivo de su exitosa Cenicienta rossiniana en el Centro Nacional de las Artes, ahora nos vuelve a sorprender con su Hänsel muy bien actuado y mejor cantado. Lourdes Ambriz ya es garantía de calidad, y su Gretel, mejor que hace 24 años, tiene una soltura escénica admirable y al igual que a Lupita Paz se le cree todo lo que actúa.

La dirección orquestal de Niksa Bareza (otra vez) muy atinada y equilibrada; no es mal director, todo lo contrario, sólo que últimamente hasta en la sopa nos lo encontramos. Nos comenta un miembro de la orquesta: “Es muy buen músico, pero no sabe ensayar, no deja tocar: Puede pasar un ensayo de tres horas sólo con unos compases. Además, después de invitarlo a hacer todo durante los últimos años, la luna de miel se acaba y ya estamos cansados. Siento que ya no tiene mucha paciencia y como su formación es alemana hay choque de culturas. Necesitamos descanso mutuo”.

Frecuentemente en la ópera hay un conflicto de intereses entre el director teatral y todos los demás, incluyendo los autores; esta vez todo el equipo “remó” hacia el mismo puerto y el resultado final no pudo ser más gozoso.