Cine: “Gloria de las prostitutas” en el foro

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El austriaco Michael Glawogger opina que la prostitución es como la guerra, siempre ha habido y siempre habrá; si no lo prueba del todo con el tercer documental de su trilogía sobre la globalización La gloria de las prostitutas (Whore’s Glory; Alemania-Austria, 2011), sí que expone una realidad muy cruda donde el escándalo y la moralización quedan a cargo del espectador, tarea difícil porque las trabajadoras ni se presentan como víctimas ni el documental se vende como denuncia de un crimen. Glawogger se atrevió a mostrar el lado humano del oficio más antiguo del mundo. La finura es que aquí lo humano se ve de lo más lúgubre.

Con los dos documentales anteriores, Megacities y La muerte del trabajador, sobre la explotación y la lucha por sobrevivir en condiciones extremas, resultaba sencillo enfadarse. Cualquier juicio moral en relación a La gloria de las prostitutas, aunque respetable, es reductivo; no es exagerado decir que la mezcla de voyerismo, ternura y admiración que provocan las imágenes de la personalidad y actividades de estas mujeres en tres guetos de diferentes partes del planeta trasforme la percepción del asunto.

Tríptico inspirado en la pintura del Bosco, La gloria de las prostitutas consta de tres capítulos. El primero, con mucho neón, ocurre en Bangkok, en el Fishtank donde las chicas, con un número pegado, se exhiben tras una vidriera, los clientes eligen desde afuera; el ambiente es relajado, las trabajadoras son relativamente independientes y reciben la mayor parte de sus ganancias. El segundo sucede en Bangladesh, un sórdido prostíbulo nombrado La ciudad de la alegría; ahí son vendidas muchas de las mujeres desde que comienzan a menstruar y no pueden salir a la calle; el laberinto y complejo matriarcado está bajo el control de unas cuantas matronas.

Por lo visto, México no podía faltar: la tercera parte ocurre en La Zona de Reynosa, Tamaulipas. El tratamiento de este tercer volante es más abierto y explícito, Glawogger muestra lo que ocurre y cómo ocurre dentro del cuarto de una de las trabajadoras sexuales; estas mujeres parecen más dueñas de sí mismas, pero el crack es rey y los padrotes controlan a través de celulares. En los tres capítulos la mafia, la corrupción de la policía y la dominación machista quedan, por así decirlo, fuera de cuadro; Glawogger construye un espacio, socialmente artificial, que permite que las mujeres manifiesten su propio vigor y sabiduría de vida.

Si el tema del tríptico es la prostitución, la fuerza que lo anima es la económica; las tarifas y los contextos sociales quedan tan claros como la lucha de poder y la jerarquía entre las mujeres. Pero hay una fuerza literalmente insondable que manifiesta este documental: las diferentes actitudes religiosas. En Tailandia, es el budismo en su versión más relajada; el Islam, en La ciudad de la alegría codifica hasta la actitud hacia el sexo oral; en México, el culto a la Santa Muerte y la brujería que se comenta que usan mujeres y gigolós, condensa sexo y muerte; fascinante.