Arte: El espejismo de la Bienal de Venecia

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con más beneficios para la ciudad de Venecia que para los artistas y ciudadanos mexicanos, nuestro país participa, por cuarta vez, en la sección de pabellones nacionales de la Bienal de Arte de Venecia.

Sin evaluaciones profesionales que justifiquen el apoyo económico que dimos a Rafael Lozano-Hemmer (México 1967) en 2007, a Teresa Margolles (México, 1963) en 2009 y a Melanie Smith (Inglaterra, 1965) en 2011, la actual directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, aprobó la participación de Ariel Guzik Glantz (México, 1960) como representante de México en el evento global. Con un presupuesto inicial de 12 millones de pesos, Guzik estará presente del miércoles 29 de mayo al 24 de noviembre.

Seleccionado a través de un concurso por invitación en el cual se convocó a los comisarios Guillermo Santamarina, Paola Santoscoy, Osvaldo Sánchez, Tatiana Cuevas, Magali Arriola y Tania Ragasol, Ariel Guzik fue el artista propuesto por la curadora Itala Schmelz. Conocido por sus intervenciones sonoras que materializan atmósferas o circunstancias vinculadas con fenómenos naturales, Ariel Guzik emplazará en la fachada de la antigua iglesia de San Lorenzo una máquina que traduce en sonidos los campos magnéticos del interior del recinto.

Al margen del contenido de la propuesta, que puede percibirse como un procedimiento de transmutación sonora, la selección de Guzik –al igual que la de Smith– exige una aclaración sobre los criterios que sustentan una participación nacional. ¿Cuáles son las características que convierten a un creador en representante nacional: trayectoria, nacionalidad, resonancia artística, propuesta creativa?

Otro cuestionamiento que aún no se ha respondido es la pertinencia de participar en la Bienal de Venecia. ¿Cuáles son las metas, objetivos e intenciones políticas y culturales de García Cepeda? Actualmente, una bienal no es solamente un evento artístico, sino también un foro de exposición y posicionamiento político para los países participantes. Desde esta perspectiva, ¿cómo interpreta Cepeda la indiferencia del público ante el pabellón mexicano? Con una asistencia de sólo 19 mil visitantes en la participación de Margolles y 18 mil en la de Smith, la presencia de nuestro país atrajo únicamente a 5% de los 375 mil 702 visitantes que tuvo la Bienal en 2009 y a 4.3% de los 440 mil de 2011. Con estos resultados, ¿se justifica la erogación de 12 millones iniciales para la producción y honorarios de Guzik y Schmelz?

Convertida en un eficaz negocio turístico-cultural, con 88 pabellones nacionales, la Bienal de Venecia se beneficia de los funcionarios que, como García Cepeda, tienen el espejismo de que la Bienal es un foro para promover países en el ámbito internacional. Después de tres pabellones, el número de artistas mexicanos invitados a participar en la exposición principal sigue siendo muy reducido y acotado a creadores que tienen una presencia internacional: este año, sólo un mexicano, Damián Ortega, participa en la muestra principal que, con el título de El Palacio Enciclopédico, curó Massimiliano Gioni. Ante esta perspectiva, sólo queda exigirle a Cepeda una enumeración explícita de objetivos, metas e indicadores de evaluación sobre la participación nacional.