Arte: Diego Rivera en la ‘bancarrota’ de Detroit

La guía sobre los murales de Rivera.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- ¿Qué haría María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), si se ofreciera en venta el conjunto muralístico que realizó Diego Rivera en el Instituto de Artes de Detroit (DIA, por sus siglas en ingés), Estados Unidos? ¿Cómo protegería y, si lo estimara conveniente, cómo exigiría el “derecho de tanto” que señala el decreto que declara toda la obra de Diego Rivera como Monumento Histórico y que fue publicado en el Diario Oficial del 15 de diciembre de 1959?

La posible declaratoria de “bancarrota” del estado de Detroit anunciada en la prensa internacional la semana pasada ha provocado, en el contexto del periodismo cultural estadunidense, la reflexión sobre la posibilidad, pertinencia e impertinencia de vender el acervo del DIA para solventar las deudas de la ciudad y evitar la reducción en las pensiones de sus habitantes.

Constituido con obras de artistas de notable prestigio y alta cotización, como Van Gogh, De Kooning, Bacon, Rembrandt y Rubens, entre otros, el acervo se enriquece con la espléndida intervención que hizo Diego Rivera, entre 1932 y 1933, en los muros que rodean el patio interior del edificio.

Considerado por el DIA como el mejor ejemplo del muralismo mexicano que existe en suelo estadunidense, el ciclo de 27 paneles –dos de ellos monumentales– pintados al fresco, sobresale no sólo por su contenido pictórico sino, también, por su equilibrada fusión cromática con la arquitectura neoclásica que los enmarca. Dinámicas en su emplazamiento, las narrativas pictóricas plantean la dualidad positiva y negativa del desarrollo tecnológico.

Patrocinado por el hijo del fundador de la Compañía Ford Motor, Edsel Ford, la obra se efectuó durante los años de la Gran Depresión con un costo que, según la especialista Jennifer Jolly, rebasó más de la mitad del presupuesto anual que tenía en ese entonces el DIA. Carente de críticas al capitalismo industrial y contradictoria respecto de la identidad revolucionaria de Rivera, la narrativa plantea la dualidad positiva y negativa del conocimiento tecnológico. Diseñada como una secuencia que se inicia en el origen de la vida y evoluciona a partir del vínculo con la naturaleza, la narración aborda el conocimiento y desarrollo agrícola, aeronáutico, farmacéutico y automotriz.

Interesante por la discusión que ha generado sobre la problemática de la sustentabilidad mueseística y el uso del valor de cambio comercial, turístico y moral de los acervos artísticos de propiedad pública (New York Times, 24 de mayo, 19 y 23 de julio), la declaración de “bancarrota” de la ciudad de Detroit provoca la reflexión sobre si es obsolescente el marco legal y arbitrario el modelo de gestión de la administración gubernamental del patrimonio artístico en México. Opaca y sin regulación en lo que corresponde al vínculo entre presupuesto, mercado y políticas museísticas, la administración cultural de nuestro país se sustenta en la ambivalencia entre un discurso que sacraliza el patrimonio y una serie de actividades que lo desprecian, ignoran o colocan al servicio de intereses privados.

Conscientes de la misión educativa y divulgativa de un museo gubernamental, el DIA cuenta con una guía virtual de los murales: https://www.acoustiguidetours.com/rivera/RIVERA_TOUR11-7.swf

Para recorrerlos, vea: https://riveracourtdetroitinstituteofarts.synthescape.com