Venezuela, sin poder judicial autónomo: exprocurador Elechiguerra

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.
Foto: AP

CARACAS (apro).- “Una de las grandes fallas del gobierno es que no ha logrado la autonomía judicial. En Venezuela los partidos políticos siempre han tratado de intervenir en el poder judicial. Es una de las grandes fallas de la democracia venezolana desde el año 58 hasta acá. No concibo la democracia sin un poder judicial autónomo e independiente. Y Venezuela cojea de ello”.

Javier Elechiguerra mastica sereno pero sin pausa las ideas que hilvana. Sabe de lo que habla y lo expone sin temor, “porque siempre que uno llega a una determinada edad ya no tiene miedo a decir lo que piensa”.

Elechiguerra lideró al grupo de abogados que luchó por sacar a Hugo Chávez de la cárcel en 1992, tras el fallido golpe de Estado. Ya con Chávez en el poder, fue designado fiscal general de la República (1999-2000). Hoy abonado a la independencia política, acusa a los partidos de que “siempre han tratado de intervenir en el poder judicial”.

Cumplidos los primeros cien días del gobierno de Nicolás Maduro, el abogado constitucionalista ausculta la gestión del nuevo mandatario, al que exige mejoras económicas y en materia de seguridad, además de pedirle una lucha abierta contra “la corrupción administrativa de la que no ha logrado deslastrarse el chavismo”. Aboga por un pacto de estado en “determinadas materias” y se pronuncia por eliminar la reelección indefinida porque, dice, “no es sana y, lejos de constituir un fortalecimiento, es una debilidad”.

—Venezuela superó los tres primeros meses de su historia reciente sin Chávez en el poder, momento para realizar un primer balance de la gestión y las expectativas del actual Gobierno. ¿Qué va a hacer Nicolás Maduro con el chavismo?

—Maduro va a mejorar el chavismo. A pesar de su formación dentro del socialismo digamos radical, es un hombre inteligente para saber captar los momentos políticos. Y para mejorar el chavismo hay que romper con los monólogos. Creo que el presidente ya lo comenzó a hacer. Pero soy muy crítico con otros factores del Estado que tienen que cumplir una función, como la Contraloría General de la República, porque no puede ser que todo el mundo lea sobre corrupción y sin embargo no vemos a nadie que haya sido procesado a través de la Fiscalía y la Contraloría. Éstas deben adquirir una autonomía y luchar para que cumplan el rol que tienen asignado en la Constitución.

—¿Está Venezuela polarizada?

—Haciendo un análisis lo menos subjetivo posible, si eso es posible, no está polarizado. Se presenta como polarizado, pero todas las encuestas dicen que más o menos un tercio de la población no está ni con uno ni con el otro totalmente, sino que es capaz de mantener un criterio. Pero hay un buen sector de la sociedad que parece que apuesta al fracaso del gobierno. Esto ha existido siempre. Hay que separarse de los conceptos políticos partidistas y pensar en el Estado, porque cuando uno como ciudadano piensa en el Estado se eleva por encima de esa diferencia y debería ver cuáles son las cosas buenas de uno y cuáles son las cosas buenas del otro. Y sobre todo cumplir y buscar que se cumpla el proyecto que está en la normativa constitucional.

—¿Qué hubiera significado la opción que representa Henrique Capriles en este contexto?

—Hubiese intentado regresar a tiempos pre-chavistas y hubiese existido una conflictividad muy alta, porque realmente hay ciertos logros que ha alcanzado el ciudadano de a pie, sobre todo la gente humilde que antes estaba excluida; y ante cualquiera que pretenda quitárselos va a haber una reacción.

—La inseguridad y la violencia son algunos de los grandes problemas del país. ¿Cómo atajarlos?

—Han sido una gran falla. Se debe hablar de inseguridad, pero no utilizarla como un mecanismo para golpear al Estado. Ha faltado más mano fuerte por parte del gobierno. Desde el año 70 para acá no se ha diseñado ningún plan antidelictivo. Hace falta un gran diálogo entre los actores a los que efectivamente interese el país, habría que hacer una especie de pacto de Estado en algunas materias, como en el tema de la inseguridad, pero también de las petroleras y la economía, de manera que se aparten las diferencias políticas partidistas que puedan existir, para pensar en cuáles estamos de acuerdo. Para las grandes diferencias ya vendrán las elecciones en su momento.

—Junto a la corrupción y la violencia, la economía es la otra gran preocupación.

—En economía también tiene que haber un gran acuerdo nacional, para que se ponga al aparato productivo a cumplir su función de producir. Y en la medida en que produce vamos a tener una estabilidad laboral. Se trata de sincerar cuál es la situación y, si hay que sacrificarnos, nos sacrificaremos todos, quien más tiene se sacrificará más, quien menos tiene se sacrificará menos, pero al final todos obtendremos un beneficio. Aquí hay gente y capacidad, lo que se necesita son grandes acuerdos para separar las cosas que pueden interesarle “partidistamente” a algunos.

“Venezuela está en una situación un poco complicada, pero de la cual se puede salir, por ejemplo impulsando la productividad. El Estado tiene que lograr alianzas estratégicas, como unirse con los productores para que los industriales comiencen a producir dentro de una economía que dé cierta libertad, con control del Estado para la que no haya abuso por parte de sus productores”.

—El discurso económico va ligado al energético, muy especialmente en Venezuela, con el petróleo.

—Hay una cosa que a mí me angustia como venezolano y que nunca se me olvida, y es un día en que el presidente Chávez dio una rueda de prensa en la que decía que Venezuela va a tener petróleo para los próximos 200 años. Ese mismo día estaban entrevistando por la radio a un experto en materia petrolera que decía que, a la vuelta de 25 años, y esto fue hace cinco, la dependencia del petróleo no iba a ser la misma. Me preocupa que el presidente Maduro insista en ese planteamiento petrolero. Uno de los factores que hay que corregir es destinar el dinero que produce el petróleo al desarrollo de energías alternas. Nosotros tenemos sol los 365 días del año, tenemos viento, tenemos agua, tenemos todos los mecanismos para desarrollar esas energías. Tenemos todo en la mano y es la hora de ir sustituyendo poco a poco esa dependencia del petróleo. Es uno de los factores fundamentales para pensar en la gran Venezuela en poco tiempo.

—¿Ha sido la economía uno de los grandes fracasos del chavismo?

—Venezuela tiene grandes recursos, pero en lugar de tratar de desprenderse de la dependencia del petróleo terminó dependiendo cada vez más de él. Como consecuencia se trazó una línea y se dijo que todos los empresarios son enemigos. El presidente Chávez se negó a hablar con la cúpula empresarial. Creo en esa unión entre el Estado y empresarios serios y responsables para construir una economía sólida. Y eso no se dio. Todo ello sumado a una gran ineficiencia, que el mismo presidente Maduro ha dicho que hay que combatir.

—¿Existe separación de poderes en Venezuela?

—Una de las grandes fallas del gobierno es que no ha logrado la autonomía judicial. En Venezuela los partidos políticos siempre han tratado de intervenir en el poder judicial. Es una de las grandes fallas de la democracia venezolana desde el año 58 hasta acá. No concibo la democracia sin un Poder Judicial autónomo e independiente. Y Venezuela cojea de ello. Aunque es cierto que en todos los países del mundo parece que quien ocupa el poder ejecutivo quiere de alguna forma dominar el Tribunal Supremo y las Cortes Constitucionales.

—También usted se posicionó en contra de la reforma constitucional de 2007, que finalmente no salió adelante.

—Sí. La misma Constitución, una vez aprobada, adquirió una autonomía de tal magnitud que alguien pudiera pensar que es algo esotérico. No creo que sea así, pero justifica la solidez política del pueblo venezolano. Cuando el presidente Chávez presenta la reforma a mí no me gusta en absoluto, al igual que a 95% de la gente que hoy está con Capriles, que se opuso a ella. Esa misma gente, incluso en el golpe de Estado del año 2002, demostró que no quería la Constitución. Paradójicamente, gran cantidad de ellos ahora se ha arropado con esa misma Constitución que nunca aceptaron.

“Por otra parte, el presidente Chávez promovió una reforma constitucional y ni siquiera él pudo cambiarla. La Constitución ha sido sometida y ha aguantado y superado dos embates fuertes. Vamos a dejarla que fluya y después, como todo en la vida, el tiempo indicará cuándo debe ser cambiada.

 

“Diplomacia del micrófono”

—Venezuela es el único país de América Latina en el que la reelección del presidente es indefinida. ¿Un signo de fortalecimiento institucional y de confianza en el sistema democrático o una potenciación del caudillismo y del personalismo presidencial?

—Siempre me he opuesto por naturaleza a la reelección. En la primera oportunidad que se plantee, cuando se serenen las aguas, el país tendrá que entender que la reelección indefinida tiene que ser eliminada. Lo ideal es un período de cuatro años reelegible por una sola vez, como sucede en Estados Unidos. La reelección indefinida no es sana y, lejos de constituir un fortalecimiento, es una debilidad.

—La política de Venezuela de los últimos años, sobre todo su imagen exterior, ha estado marcada por la oratoria de Chávez. ¿Maduro debe cambiar las formas?

—Nunca he sido partidario de los extremos. Creo que hay que bajar un poco esa diplomacia de micrófono y lograr acuerdos. Por ejemplo, el presidente Maduro ha nombrado encargado de negocios en Estados Unidos a Calixto Ortega, quien se caracteriza porque tiene mano izquierda y sabe cómo llevar las cosas. Su nombramiento no fue casual, está mandando una imagen clara. Maduro tiene que rectificar algunas cosas que hizo el presidente Chávez sin que el pueblo considere que está traicionando sus postulados. Los resultados se van viendo: ya llamó a uno de los empresarios más fuertes en Venezuela y se reunieron sin problemas. También se reunió con los medios de comunicación. Hace un año no hubiera sido posible siquiera pensarlo.

—¿En el futuro podrían tener cabida más partidos o los 30 millones de venezolanos caben en dos únicas opciones políticas?

—En Venezuela va a surgir, no sé decir cuándo pero creo que más pronto que tarde, una opción que debe estar liderada por gente que mantenga los criterios equidistantes entre los extremos. Hacen falta más partidos pero que sean fundamentalmente democráticos. Cuando vengan las próximas elecciones, Venezuela va a sentir un gran oxígeno democrático, porque ya no está el gran elector que era el presidente Chávez. Los gobernadores ya saben que no tienen a nadie que les respalde, saben que si no cumplen una función como debe ser, serán sustituidos. Porque el pueblo ha madurado, es el gran contralor y el que va a impedir que Venezuela pueda dar pasos atrás.