Mecánica nacional… en Guadalajara

Como si fuera una muestra del desorden administrativo y la corrupción que reina en el país, el Taller Patria, donde se arreglan los vehículos del ayuntamiento de Guadalajara, a los funcionarios y sus cómplices no les importa hacer bien el trabajo sino sacar más dinero del presupuesto. Un grupo de trabajadores inconformes denuncia que hay corrupción, favoritismo y hasta robos.

En la Unidad Departamental de Valuación y Control Vehicular, mejor conocido como Taller Patria, que depende del ayuntamiento de Guadalajara, se practica el robo hormiga, laboran muchos jefes que elevan el gasto mensual a 313 mil pesos, y campea la corrupción.

Trabajadores de dicho taller que se muestran inconformes con la situación comentan que los jefes piden a los proveedores una “comisión” del 4% al 7% del monto de las facturas que presentan a cambio de facilitarles los trámites para el pago.

Entre los funcionarios señalados de recibir dinero de esta forma se cuentan Roberto Garibay Pérez, a quien las fuentes identifican como el jefe del taller pero en la nómina aparece como jefe de piso, y su segundo en el mando, Roberto Camacho Ávila, jefe de departamento: “Ellos deciden si se arreglan los vehículos oficiales en las instalaciones o si se los envían a los proveedores; si hacen esto último la condición es que tienen que darles comisión del total de la reparación que hacen al vehículo”.

Indican también que, si bien los mecánicos reciben un sueldo fijo por quincena, el municipio les da una comisión de 14 pesos. “Por ejemplo, si hacen la afinación de un vocho en tres horas, les dan 42 pesos más, aparte de su sueldo, es decir, un pago de horas extras. Nuestro horario es de seis horas y eso es lo que recibimos de sueldo. Creo que no es muy correcto ni justo, no trabajamos en una empresa, sino en el ayuntamiento, y como estamos en crisis deberían reconsiderar eso de la horas extras”, comenta uno de los entrevistados.

En la nómina de la Unidad Departamental de Valuación y Control Vehicular hay 106 trabajadores. Su titular es Juan José García Menaut, quien comparte la responsabilidad del Taller Patria con ocho jefes de piso, cuatro jefes de departamento y nueve supervisores de control de calidad.

El grupo de denunciantes, que trabajan ahí desde hace más de una década, recuerdan que en la pasada y en la actual administración de Guadalajara, encabezadas por los priistas Jorge Aristóteles Sandoval –ahora gobernador del estado– y Ramiro Hernández, comenzó el fenómeno de colocar más y más jefes.

Antes, indican, sólo “teníamos un director, un jefe de taller, cuatro de piso, así como el de almacén, un encargado de recepción y uno administrativo, pero ahora estamos al doble”.

Los jefes de piso, que le cuestan al municipio 106 mil 870 pesos, son Roberto Garibay –señalado de recibir “comisión”–, Raúl García, José Luis Garnica, Rubén Cayo, Ricardo Rocha, José Alejandro Camacho Fonseca, Hortensia Salazar y “De Jesús Mena” (sic).

Aunque durante muchos años en el establecimiento municipal “no existía la figura del jefe de departamento y sólo había dos supervisores de calidad”, ahora la nómina incluye cuatro jefes de departamento y nueve supervisores de control de calidad.

Los jefes de departamento son Pedro Alejandro Gastón Monraz Ibarra –hermano del actual presidente del PAN en Jalisco, Miguel Ángel Monraz–, Héctor Manlio Martell Gámez, Roberto Camacho Ávila y Gustavo Ortega Medina, cuyos salarios suman casi 98 mil pesos al mes.

Y los supervisores de control de calidad son Salvador Carrillo Cruz, Juan Gabriel Ortiz, Raúl Preciado, Gustavo Sahagún, José de Jesús Corona, José Ángel Castillón, Sergio Alberto González, Carlos Monterde y Leonardo Pérez, que en conjunto se llevan 107 mil 514 pesos mensuales.

Esto, pese a que el Ayuntamiento de Guadalajara es uno de los más endeudados del país y no obstante que el presidente municipal, Ramiro Hernández García, al tener pasivos por arriba de los 4 mil millones de pesos, prometió reducir la nómina y aplicar medidas de austeridad.

Ojo de hormiga…

Otra de las anomalías en el Taller Patria es el llamado robo hormiga de refacciones, gasolina y aceite. Los responsables ocultan el botín en recipientes de alimentos.

El colmo es que incluso perforaron un muro que da al estacionamiento para empleados; por la abertura introducían mangueras hasta los tanques de los vehículos oficiales y extraían el combustible, que se llevaban en bidones.

El pasado 8 de marzo el sindicato Nuevo Jalisco envió el oficio SNJ/RGL/0021/2013, dirigido al secretario de Administración municipal, Hugo de León Meza, para informarle de la sustracción del combustible.

En el documento se relata que un empleado del Taller Patria se percató del hecho el 14 de febrero. Se incluye su testimonio: “…Al llegar al estacionamiento que se encuentra a espaldas de la puerta principal del taller se encontraba (el mecánico) José Gallardo Acosta estacionando su vehículo; todo normal, pero después de que salí de la tienda, vi que él, junto con Guadalupe Escoto Tostado (también mecánico) se dirigían al vehículo del jefe de piso, Alejandro Camacho, que venía a toda prisa de la entrada del taller.

“Lo seguí con la mirada (a Camacho) para ver adónde se dirigía tan de prisa y vi que tenía unos bidones con manguera transparente, delgada, que salía de la pared que divide el taller. Fui hacia donde se encontraba un tambo o bidón como de 50 litros aproximadamente, tapado con unos cartones, mismo que se encontraba junto a la puerta abierta del locker que tiene bajo su resguardo el compañero Antonio Magallanes Martínez para disimular o para cubrir el bidón.”

Al comprobar la irregularidad, Gallardo Acosta quitó la manguera. El denunciante continúa: “Antonio Magallanes se hizo el disimulado y se retiró del lugar, acercándose hacia el escritorio del jefe de piso, Alejandro Camacho Fonseca”.

A los 30 minutos Gallardo Acosta se acercó al denunciante para preguntarle “quién más sabía o se había dado cuenta de que había quitado la manguera”. Él respondió con otra interrogante: “¿Quién te dijo a ti que la había quitado?”

Gallardo, declara el denunciante, “me mencionó que le informó a Antonio Magallanes (de los hechos). Entonces le dije: ‘No te preocupes, no va a pasar nada’”.

Una hora después, alrededor de las 10 de la mañana, Guadalupe Escoto fue a exigir que le devolviera la manguera, pero el inconforme le respondió “que para qué se involucraba en el problema, que el responsable de este departamento era Alejandro Camacho”. Escoto  se retiró enojado.

El testigo acudió con el delegado del Sindicato Nuevo Jalisco, Eusebio Martín Gutiérrez Rodríguez, y “le dio a guardar la manguera que era la prueba con la que contaba el compañero inconforme, después de haberle platicado todo lo ocurrido por la mañana”, se lee en el oficio.

Sin embargo, prosigue, “violaron el candado del locker que tiene bajo su resguardo el delegado y sustrajeron la manguera, la que se tenía como prueba fehaciente de dicho delito para presentarse al director del taller, a fin de que se procediera conforme a la Ley”.

En el escrito enviado a Hugo de León Meza, el Sindicato Nuevo Jalisco pide que se investiguen los hechos “anómalos e ilícitos que se están suscitando en el Taller Patria”.

Lo extraño es que en el Taller Patria existe doble vigilancia: por parte de la policía municipal y de la empresa Seguridad Privada y Administración Patrimonial (SPAP).

El guardia de Guadalajara, de edad madura, porta chaleco antibalas y pistola. Se coloca junto a la entrada, bajo la luz artificial que ilumina un viejo escritorio y una computadora. Desde ahí mira pasar a los transeúntes. Si alguien se detiene para preguntarle algo, contesta sin levantarse.

Al cruzar un pequeño pasillo entre dos alas de oficinas, los visitantes se topan con un barandal amarillo de aproximadamente un metro de altura, donde se recargan los proveedores que esperan autorización para entrar, una vez registrados en el cuaderno que está en el marco de una ventana, junto al recado: “Favor de no fumar”.

Al registrarse es necesario entregar una identificación y responder varias preguntas al guardia privado que viste pantalón negro y camisa blanca.

Con todo, y pese a que se conoce del robo hormiga, a los empleados del ayuntamiento no los revisan al salir.