Egipto: las claves de la masacre

Desalojo de campamento en Egipto deja 278 muertos.
Foto: AP

Mientras que las potencias occidentales condenan la represión desatada en Siria por el régimen de ­Bashar al Assad e incluso han tomado algunas acciones, en Egipto el ejército ha disparado contra multitudes y asesinado a centenares de personas sin enfrentar las consecuencias. Ello se explica, sostienen expertos, en la función que Egipto cumple desde que se establecieron los acuerdos de Campo David: el policía que vigila la frontera sur de Israel. Washington se niega a reconocer que la caída del presidente Mohamed Morsi se debió a un golpe de Estado, pues ello implicaría la suspensión inmediata de la ayuda estadunidense a Egipto.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Las potencias occidentales no dudan en denunciar al régimen del presidente sirio Bashar al Assad y exigir su renuncia. Se trata, afirman, de un gobierno que además de reprimir manifestaciones pacíficas con violencia armada utiliza al ejército para masacrar a los ciudadanos.

Para condenar al régimen mencionan las numerosas matanzas de civiles perpetradas por los militares, entre éstas las que dejaron las mayores cifras de muertos durante estos dos años y medio de guerra: entre 320 y 500 en Darayya, en agosto de 2012; 250 en Jdaidet al Fadi, en abril de 2013, y entre 128 y 245 en Bayda y Baniyas, en mayo de 2013.

El miércoles 14 el ejército egipcio montó en El Cairo un operativo para forzar el levantamiento de dos campamentos de simpatizantes de Hermanos Musulmanes, establecidos en protesta por el golpe de Estado con el que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), apoyado por un abanico de grupos políticos, derrocó el 3 de julio último al presidente Mohamed Morsi, electo un año antes en los primeros comicios libres que hubo en el país, y lo puso bajo arresto e incomunicación.

Los videos muestran que las fuerzas armadas usaron vehículos blindados, bulldozers, fuego de francotiradores y ametralladoras contra multitudes desarmadas de hombres, mujeres y niños. En algunas imágenes se aprecian decenas de cadáveres quemados en posiciones de dolor, lo cual sugiere que estaban vivos mientras ardían. Las mezquitas y recintos utilizados como clínicas de campaña aparecen arrasados. En morgues improvisadas los cadáveres se amontonan.

En sólo 24 horas las cifras de muertos se iban elevando a grandes saltos. Entre la noche del miércoles y la del jueves, hora de Egipto, pasaron de 65 a 215, y al cierre de esta edición a 525. Estos son los números oficiales del Ministerio de Salud. Por su parte, los Hermanos Musulmanes afirmaban que había al menos 2 mil muertos.

Cada año Estados Unidos entrega mil 300 millones de dólares en ayuda militar al ejército egipcio. Esto es parte de los acuerdos de Camp David firmados por palestinos e israelíes en 1977 bajo los auspicios del entonces presidente James Carter. A cambio de este dinero, Egipto se asegura de que Israel no tenga problemas en su frontera sur.

Sin embargo, una ley del Congreso estadunidense estipula que las transferencias serán interrumpidas si en El Cairo hay un golpe de Estado. La administración del presidente Barack Obama ha evitado llamar por ese nombre al derrocamiento de Morsi. Incluso el secretario de Estado, John Kerry, dijo el viernes 2 que los militares luchaban para “reestablecer la democracia”.

La matanza del miércoles 14 no carece de antecedentes. Fue, de hecho, la tercera masacre cometida por el ejército contra los Hermanos Musulmanes. En las anteriores, del 8 y el 27 de julio, mataron al menos a 51 y 83 personas, respectivamente. La más reciente, sin embargo, fue una matanza anunciada. El general Abdel Fatah al Sisi, a quien Morsi nombró ministro de Defensa y jefe del CSFA, advirtió que los plantones de protesta en la plaza al Nahda y la mezquita Rabaa al Adawiya debían levantarse voluntariamente o por la fuerza.

Cumplió. Los ataques dejaron el mayor saldo de muertes provocadas en un solo hecho en la historia de Egipto. Los líderes de las grandes potencias se sintieron obligados a hacer algo. “Estoy muy preocupado, estoy decepcionado”, dijo el secretario de exteriores de Gran Bretaña, William Hague y añadió: “condeno el uso de la fuerza y llamo a las fuerzas de seguridad a actuar con contención”.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1920 de la revista Proceso, actualmente en circulación.